
Anastasio I, Santo
XXXIX Papa, 19 de diciembre…
Hoy también se festeja a:
- • María Eva de la Providencia Noiszewska y María Marta de Jesús Wolowska, Beatas
- • Francisco Javier Ha Thong May y compañeros, Santos
- • Guillermo de Fenolis, Beato
- • Anastasio I, Santo
- • Darío, Santo
Lo único que tenemos que hacer es confiar
Santo Evangelio según San Lucas 1, 5-25. Martes III de Adviento.
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, no permitas que jamás dude de la grandeza de tu amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad. Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso; mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación. Se le apareció entonces el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos, y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo». Pero Zacarías replicó: «¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada». El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo». Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías, y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no podo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo. Al terminar los días de su ministerio, volvió a casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: «Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hay oraciones que nunca han salido más allá de nuestra boca; se han quedado en cuatro paredes, en nuestro pensamiento y en nuestro corazón.Son oraciones que muestran aquello que anhelamos, y aunque no las digamos, estamos seguros que Dios las conoce.
Ese tipo de oraciones, que también son deseos, podemos confiar que Dios los ha puesto en nuestro corazón pues los quiere cumplir; nosotros lo único que tenemos que hacer, es confiar.
Confiar en que si éstos vienen de Dios se cumplirán; confiar en que se realizarán, quizá no pensábamos, pero siempre de la mejor manera, pues Dios siempre da más de lo que uno puede esperar.
Confiar… Confiar…
Suena muy fácil; de hecho, es sencillo de escribir, pero no lo es tanto de vivir. Sin embargo, tenemos que recordar que Dios es un Dios que calla, que escucha y responde. Un Dios que muchas veces se nos ha acercado y nos dice «No teman pues su petición ha sido escuchada». Un Dios que nos conoce y sabe cuáles son nuestros profundos deseos…, nuestras más profundas ilusiones y que nos concederá aquello que no necesitamos y que incluso no hemos sabido pedir.
Confiar…confiar…
«El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de octubre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer un acto de confianza en mi prójimo, obedeciendo con prontitud y confianza, lo que hoy se me pida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Escucha a tu Ángel Gabriel
No basta con escuchar, tampoco basta con creer, pues es necesario responder
Por: Marlene Yañez Bittner | Fuente: Catholic.net

“Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38). Enorme ejemplo, divina entrega, eterna gratitud hacia una mujer que escuchó y creyó…
Escuchó la voz del Señor a través de un Ángel y creyó en sus palabras, pues su fe siempre firme, no la hizo titubear. Luego, lanza una respuesta de total entrega a pesar de que su camino sería difícil; su afirmativa respuesta, supondría atravesar muchos obstáculos y ella sin duda lo sabía.
No basta con escuchar, tampoco basta con creer, pues es necesario responder. Ahí está el abandono, la verdadera prueba de fe, ahí está la fe de Nuestra Madre María.
“… la respuesta de María es una frase corta, que no habla de gloria, no habla de privilegio, sino solo de disponibilidad y servicio.” (Papa Francisco)
Quizás pensemos que nunca se nos ha aparecido un Ángel diciéndonos algo. Ni en sueño, ni estando despiertos. Simplemente, no hemos tenido aquella experiencia que podríamos denominar “divina”. Sin embargo, el Señor nos habla permanentemente y de variadas formas. Quizás no nos envíe un Ángel visible que nos hable con palabras que podamos escuchar, pero si lo hace a través de una lectura, de una persona, de una situación o de cualquier otra manera.
Podríamos imaginar que todo lo que el Señor nos habla procede de un Ángel Gabriel. Aquel Ángel que pide una total entrega a la voluntad de Dios, así como lo hizo con María. No nos da la noticia de que concebiremos al hijo de Dios, pero nos pide el mismo abandono en los brazos amorosos del Padre, la misma confianza que se logra mediante la fe, la misma esperanza de que entraremos en el Santo Reino de Dios, la misma paz que nos da pensar que estamos cobijados bajo su sombra.
¿Escuchas a tu Ángel Gabriel y logras una entrega total a Dios? Nada de fácil, pues nos cuesta trabajo despojarnos de nuestras seguridades. Aquellos amuletos palpables con los que nos protegemos: el trabajo, la profesión, la casa, los afectos familiares, el dinero, etc. Parece más sencillo descansar sabiendo que tenemos un “buen pasar económico”, que descansar nuestra alma en aquello que sí nos garantiza una seguridad duradera, eterna.
“Sólo en Dios descansa mi alma, de Él me viene la salvación.” (Sal 62,2)
Qué mejor momento es éste, en tiempo de Adviento, para dejar en aquel Establo en donde nace nuestro salvador, todos aquellos elementos en los que depositamos nuestra seguridad y cambiarlos por los verdaderos tesoros que Dios nos regala junto con el nacimiento de su hijo. La paz que sólo se encuentra en Él, la seguridad de poder alcanzar el Reino de los Cielos y la capacidad de amar como Jesús lo hizo al venir al mundo, sin límites y entregándose a los demás. En eso consiste dar la misma respuesta de María a nuestro Padre. Un “sí” sin condiciones, sin dudas… una confianza absoluta.
Y ¿Cómo lograrlo? Dios se encargará de ello… sólo debemos disponer nuestros corazones para recibirlo mediante la oración y la meditación. Adorar a aquel que vino a salvarnos de nuestros pecados con un infinito amor, siguiendo el ejemplo de los Reyes Magos:
“Venid a adorarlo, hinquemos las rodillas delante del Señor, nuestro creador.” (Salmos 95,6)