José de Cupertino, Santo
Religioso Presbítero, 18 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • Carlos Eraña Guruceta, Beato
- • David Okelo y Gildo Irwa, beatos
- • Ricarda o Riquilda, Santa
- • Adriana de Prymnesso, Santa
- • José de Cupertino, Santo
No llores
Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, fuente de vida y de amor, haz que en cada momento de este día sea un auténtico testigo de tu amor y servicio a los demás. Que ese testimonio anime a otras personas a vivir el amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: «Joven, yo te lo mando: levántate». Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo».
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Señor nos da una muestra de su humanidad, nos demuestra que también Él se conmueve. Otras traducciones, más que lástima, dicen que Jesús se compadeció de la mujer, no se quedó indiferente al sufrimiento que tenía. Jesús sabía la situación de aquella mujer, sabía perfectamente que ése era el único hijo de su ya difunto esposo, conocía la desgracia a la que estaba atada esta pobre mujer; ya no tenía esperanza. Jesús es quien se acerca a darle la fuerza y a devolverle la alegría.
El texto en latín traduciría que se movió de compasión por ella, tuvo misericordia de ella, desde el interior de su corazón. Dios mismo sale a comprobar, a vivir, a sufrir, a padecer y a gozar con nosotros; no es un Dios extraño que está a la expectativa de cualquier error que cometamos para castigarnos.
Dios es un Padre, un padre que se hace hombre para entendernos, para acompañarnos, para ser nuestro hermano en las fatigas, en las luchas, en los fracasos. Dios conoce y sabe perfectamente por qué lloro, qué pérdida he tenido. Todos y cada uno deberíamos ver que Dios está con nosotros, Él es quien cada mañana nos dice con una sonrisa: no llores.
¿Qué cosas aquejan mi corazón? ¿Cómo es que Jesús me dice hoy que no llore?
Viéndola, el señor fue preso de una gran compasión por ella. La compasión es un sentimiento que fascina, es un sentimiento del corazón, de las vísceras, compromete todo. No es lo mismo que decir ¡qué pena, pobre gente! La compasión implica «ir con». Alguno podría objetar: Pero si tienes toda una multitud aquí, ¿por qué no hablas a la multitud? Déjalo… la vida es así… hay tragedias que suceden, ocurren… No. Para Jesús eran más importantes aquella viuda y aquel huérfano muerto que la multitud a la que estaba hablando y que lo seguía. El Señor, con su compasión, se había implicado en este caso. Tuvo compasión. Hay una segunda palabra a notar: Jesús se acercó. La compasión lo empujó a acercarse. Acercarse es una señal de compasión. Yo puedo ver tantas cosas pero no acercarme. Igual siento un dolor… pobre gente… Y sin embargo acercarse es otra cosa. El Evangelio añade un detalle: Jesús dijo no llores a la mujer. A mí me gusta pensar que el Señor, cuando decía esto a aquella mujer, la acariciaba; Él tocó a la mujer y tocó el ataúd. Es necesario acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos.
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré llevar a Jesús a aquellos que sufren por algún mal e intentaré confortarlos.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Acompañar al que sufre
Por: Padre Oscar Pezzarini | Fuente: www.feliceslosninos.org
Quizás una de las cosas que más cueste en el mundo actual, sea el de acompañar, dar un consuelo a quien sufre. Poder consolar a quien está padeciendo un gran sufrimiento, me parece que es lo más difícil que existe. Y quizás no sea para tanto. Me parece que por allí se nos hace muy dificultoso, porque estamos pendientes de qué palabra justa podemos decir, si con nuestra opinión somos capaces de “corregir” ese dolor. Y tal vez ese sea uno de los principales inconvenientes: pensar que nosotros vamos a darle solución a aquel que esté sufriendo.
Ante ciertos dolores, pruebas, cruces, ¿qué podemos decir? Generalmente nuestras palabras se vuelven inútiles, muchas veces hasta ridículas, y sin sentido.
Ante el dolor, creo que una de las actitudes más provechosas es “callar” y acompañar. Podemos decir una cantidad de palabras, que seguramente podrán ser las más justas, las mejores, pero no cambia la realidad de quien está pasando por un momento muy difícil, y es entonces allí donde debemos con total humildad, callar y estar compartiendo al lado de quien sufre.
Ante el dolor todo puede sonar distinto, todo lo que pueda decir, por válido que sea, en cambio es diferente el estar “al lado”, acompañando y quizás hasta sufriendo nosotros mismos interiormente.
Sólo Dios puede “consolar” plenamente, porque es el “Dios de todo consuelo”, y si bien es cierto que para comprender totalmente esto debo tener una gran fe, no es menos cierto que es en esos momentos en los cuales el mismo Dios obre en la vida de las personas que están pasando por momentos de mucha dificultad.
Tal vez con nuestro “acompañar” podamos ser de alguna forma trasmisores del consuelo de Dios, que seguramente siempre hará que lo doloroso se transforme en algo fructífero, positivo, pero que “mientras tanto” hará que quien está padeciendo pueda llegar incluso hasta a dudar.
Quizás por una especie de soberbia que tenemos tan incorporada, pensamos que siempre que estamos cerca de quien está pasando un mal momento, o cada vez que alguien se acerque con su problema, con su dolor, sea “yo” quien deba darle los argumentos justos, la palabra certera o la solución exacta a lo que le pasa, y, sabemos que la mayoría de las veces no lo logramos.
Y lo más probable es que también quien está pasando un momento doloroso, sepa que no soy yo quien pueda darle la solución o logre hacerle superar “mágicamente” ese momento, sino que en realidad lo que está buscando es sentirse acompañado por alguien que quizás no pueda hacer más que “estar allí”, pero en realidad, está haciendo “todo” lo que en ese momento necesita quien está sufriendo.
