
Perfecto de Córdoba, Santo
Presbítero y Mártir, 18 de abril…
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- • Ursmaro de Lobbes, Santo
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- • Antusa, Santa
Nacer de nuevo
Santo Evangelio según san Juan 3, 5. 7-15. Martes II de Pascua
Por: Camilo Palomino, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, en este día me pongo en tu presencia y te pido la gracia de experimentar una vez más tu gran amor por mí. Aumenta mi fe, Señor, para que pueda vivir y anunciar con alegría tu resurrección; fortalece mi esperanza para que, al contemplar tu triunfo sobre la muerte y el pecado, pueda corresponder a tu voluntad, y al experimentar tu amor, ayúdame a transmitirlo a los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 5. 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?». Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En su diálogo con Nicodemo, Jesús habla de la necesidad de nacer de nuevo, de nacer en el espíritu. Estas palabras sorprenden a Nicodemo que no entiende exactamente a lo que Jesús se refiere. Nicodemo, un gran conocedor de las tradiciones judías y de la ley, pensaba que podía entender con claridad las cosas de Dios. Sin embargo, al encontrarse con Cristo y al escuchar su palabra, un deseo de conocer más y de entender mejor brota en su corazón. Este deseo lo lleva a acercarse a Cristo y preguntarle; y al oír su respuesta, se da cuenta que, para seguirlo y para poder entender su mensaje, es necesaria una profunda conversión, una conversión que requiere nacer de nuevo. Este nacer de nuevo del que se habla no implica un nacimiento biológico como al inicio pensó Nicodemo, sino un nacimiento en el espíritu.
De la misma forma, Jesús nos invita a nosotros a nacer de nuevo para poder entrar en su reino. Este nacer implica dejar atrás todo lo que nos aleja de Dios, nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra vanidad. Ciertamente éste no es un proceso fácil, pero es posible, ya que por este motivo el Hijo del hombre fue elevado en la cruz para redimirnos y transformarnos con su gracia.
Jesús, con su vida muerte y resurrección, nos invita a nacer de nuevo, a nacer en el espíritu. Esto implica dejar atrás nuestras seguridades, nuestras ideas y nuestra forma de ver y hacer las cosas para acoger lo que Dios nos pide y nos presente, y así Él pueda ser nuestra única seguridad y nuestro modelo.
Aunque por el bautismo ya nacemos en el espíritu y nos hacemos hijos de Dios, es necesario renovar esa gracia bautismal para poder vivir en plenitud las gracias que Dios nos concede a diario. De esta forma, al renacer en el espíritu con nuestra renovación y constante transformación, podremos irradiar con mayor intensidad el amor de Dios por la humanidad y convertirnos, así, en instrumentos de su misericordia.
«El único, el único que nos justifica; el único que hace renacer de nuevo es Jesucristo. Nadie más. Y por esto no se debe pagar nada, porque la justificación —el hacerse justo— es gratuita. Y esta es la grandeza del amor de Jesús: da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. Y este es el núcleo propio de este Triduo pascual. En el Triduo pascual la memoria de este advenimiento fundamental se hace celebración llena de reconocimiento y, al mismo tiempo, renueva en los bautizados el sentimiento de su nueva condición, que el apóstol Pablo expresa siempre así: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba […] Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.” Mirar arriba, mirar el horizonte, ampliar los horizontes: esta es nuestra fe, esta es nuestra justificación, ¡este es el estado de gracia! Por el bautismo, de hecho, resucitamos con Jesús y morimos para las cosas y la lógica del mundo; renacemos como criaturas nuevas: una realidad que pide convertirse en existencia concreta día a día. Un cristiano, si verdaderamente se deja lavar por Cristo, si verdaderamente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una vida nueva, incluso permaneciendo pecador —porque todos lo somos— ya no puede ser corrupto, la justificación de Jesús nos salva de la corrupción, somos pecadores, pero no corruptos; ya no puede vivir con la muerte en el alma y tampoco ser causa de muerte».
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré estar muy atento a la voz del Espíritu Santo e invocaré su ayuda y su presencia con mayor intensidad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La familia es patrimonio de la humanidad
Discurso por TV de Juan Pablo II en el IV Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Manila del 22 al 26 de enero
Por: Juan Pablo ll, en el lV Encuentro Mundial de las Familias
| Fuente: Catholic.net

Discurso por TV de Juan Pablo II en el IV Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Manila del 22 al 26 de enero.
1. Estoy con vosotros con el pensamiento y la oraci?queridas familias de Filipinas y de tantas regiones de la tierra, reunidas en Manila con motivo de vuestro IV Encuentro Mundial: ¡os saludo con afecto en el nombre del Se?
En esta ocasi?me es grato dirigir un cordial saludo y la bendici? todas las familias del mundo, que represent?: a todos «gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jes?Se?nuestro» (1 Tm 1,2).
Agradezco al se?cardenal Alfonso L? Trujillo, Legado Pontificio, las amables palabras que me ha dirigido, tambi?en nombre vuestro. A ?y a sus colaboradores en el Consejo Pontificio para la Familia deseo expresar mi satisfacci?or el cuidadoso y esmerado empe?ue han puesto en la preparaci?e este Encuentro. Mi viva gratitud tambi?al se?cardenal Jaime Sin, Arzobispo de Manila, que os acoge con generosidad en estos d?.
2. S?ue en la sesi?eol?o-pastoral que acab? de celebrar hab? profundizado en el tema: «La familia cristiana, buena noticia para el tercer milenio». He elegido estas palabras, para vuestro Encuentro Mundial, con el fin de subrayar la sublime misi?e la familia que, acogiendo el Evangelio y dej?ose iluminar por su mensaje, asume el necesario compromiso de dar testimonio del mismo.
Queridas familias cristianas: ¡anunciad con alegr?al mundo entero el maravilloso tesoro que, como iglesias dom?icas, llev? con vosotros! Esposos cristianos, en vuestra comuni?e vida y amor, en vuestra entrega rec?oca y en la acogida generosa de los hijos, ¡sed en Cristo luz del mundo! El Se?os pide que se? cada d?como la l?ara que no se oculta, sino que es puesta «sobre el candelero para que alumbre a todos los que est?en la casa» (Mateo 5,15).
3. Sed, ante todo, «buena noticia para el tercer milenio» viviendo con empe?uestra vocaci?El matrimonio que hab? celebrado un d? m?o menos lejano, es vuestro modo espec?co de ser disc?los de Jes?de contribuir a la edificaci?el Reino de Dios, de caminar hacia la santidad a la que todo cristiano est?lamado. Los esposos cristianos, como afirma el Concilio Vaticano II, cumpliendo su deber conyugal y familiar, «se acercan cada vez m?a su propia perfecci? a su santificaci?utua» (Gaudium et spes, n. 48).
Acoged plenamente, sin reservas, el amor que primero os da Dios en el sacramento del matrimonio y con el que os hace capaces de amar (cfr. 1 Jn 4,19). Permaneced siempre aferrados a esta certeza, la ?a que puede dar sentido, fuerza y alegr?a vuestra vida: el amor de Cristo no se apartar?unca de vosotros, su alianza de paz con vosotros no disminuir?cfr. Isa? 54,10). Los dones y la llamada de Dios son irrevocables (cfr. Romanos 11,29). ? ha grabado vuestro nombre en las palmas de sus manos (cfr. Isa? 49,16).
4. La gracia que hab? recibido en el matrimonio y que permanece en el tiempo proviene del coraz?raspasado del Redentor, que se ha inmolado en el altar de la cruz por la Iglesia, su esposa, venciendo la muerte para la salvaci?e todos.
Por tanto, esta gracia lleva consigo la peculiaridad de su origen: es la gracia del amor que se ofrece, del amor que se consagra y perdona; del amor altruista que olvida el propio dolor; del amor fiel hasta la muerte; del amor fecundo de vida. Es la gracia del amor ben?lo, que todo cree, todo soporta, todo espera, todo tolera, que no tiene fin y sin el cual todo lo dem?no es nada (cfr. 1 Corintios 13,7-8).
Ciertamente, esto no siempre es f?l, y en la vida cotidiana no faltan las insidias, las tensiones, el sufrimiento y tambi?el cansancio. Pero no est? solos en vuestro camino. Con vosotros act? est?iempre presente Jes?como lo estuvo en Can?e Galilea, en un momento de dificultad para aquellos nuevos esposos. En efecto, el Concilio recuerda tambi?que el Salvador sale al encuentro de los esposos cristianos y permanece con ellos para que, del mismo modo que ? am?la Iglesia y se entreg?r ella, tambi?ellos puedan amarse fielmente el uno al otro, para siempre, con mutua entrega (cfr. Gaudium et spes, n. 48).
5. Esposos cristianos, sed «buena noticia para el tercer milenio» testimoniando con convicci? coherencia la verdad sobre la familia.
La familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad, es un bien grande y sumamente apreciable, necesario para la vida, el desarrollo y el futuro de los pueblos. Seg?l plan de la creaci?stablecido desde el principio (cfr. Mateo 19,4.8), es el ?ito en el que la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios (cfr. G?sis 1,26), es concebida, nace, crece y se desarrolla. La familia, como educadora por excelencia de personas (cfr. «Familiaris consortio», 19-27), es indispensable para una verdadera «ecolog?humana» (Centesimus annus, n. 39).
Os agradezco los testimonios que hab? presentado esta tarde y que he seguido con atenci?Me hacen pensar en la experiencia adquirida como sacerdote, arzobispo en Cracovia y a lo largo de estos casi 25 a?de pontificado: como he afirmado otras veces, el futuro de la humanidad se fragua en la familia (cfr. Familiaris consortio, n. 86).
Queridas familias cristianas, os encomiendo dar testimonio en la vida cotidiana de que, incluso entre tantas dificultades y obst?los, es posible vivir en plenitud el matrimonio como experiencia llena de sentido y como «buena noticia» para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sed protagonistas en la Iglesia y en el mundo: es una necesidad que surge del mismo matrimonio que hab? celebrado, de vuestro ser iglesia dom?ica, de la misi?onyugal que os caracteriza como c?las originarias de la sociedad (cfr. Apostolicam actuositatem, n. 11).
6.En fin, para ser «buena noticia para el tercer milenio», no olvid?, queridos esposos cristianos, que la oraci?n familia es garant?de unidad en un estilo de vida coherente con la voluntad de Dios.
Proclamando recientemente el a?el Rosario, he recomendado esta devoci?ariana como oraci?e la familia y para la familia: rezando el Rosario, en efecto, «Jes?st?n el centro, se comparten con ?alegr? y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de ? la esperanza y la fuerza para el camino» (Rosarium Virginis Mari?n. 41).
Al confiaros a Mar? Reina de la familia, para que acompa? ampare vuestra vida, me alegra anunciaros que el quinto Encuentro Mundial de las Familias tendr?ugar en Valencia, Espa?en el 2006.
Os imparto ahora mi bendici?dej?oos una consigna: ¡con la ayuda de Dios haced del Evangelio la regla fundamental de vuestra familia, y de vuestra familia una p?na del Evangelio escrita para nuestros tiempos!