Roberto Belarmino, Santo
Memoria Litúrgica, 17 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • Juan Ventura Solsana, Beato
- • Segismundo Sajna, Beato
- • Álvaro Santos Cejudo, Beato
- • Manuel Nguyen Van Trieu, Santo
- • Sátiro, Santo
El Señor sufre con nosotros
Por: H. Edison Valencia LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre, dame el don de siempre sentirme acompañado por ti, de manera especial en los momentos donde tengo más dificultad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: “Joven, yo te lo mando: Levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
A muchos de nosotros se nos ha muerto un ser querido, uno que se ha ido ya para encontrarse con el Padre celestial en la ciudad eterna. Quiero tomar de este Evangelio una frase, incluso más que una frase es un sentimiento de Jesús que se refleja en este pasaje: «al Señor le dio lástima». Cristo al ver a esta mujer que sufría por la muerte de su hijo, que muy probablemente era lo único que le quedaba en la tierra, pues el Evangelio nos dice que era viuda, siente lástima. El corazón de Cristo se llenó de tristeza al ver que esta mujer había perdido a su hijo único. No es descabellado pensar que en ese momento puedo tener la prefiguración de lo que se sería su muerte y de como su Madre sufriría al ver que lo había «perdido».
No podemos olvidar que el Corazón de nuestro Señor sufre cuando el nuestro sufre también, bien sea en una enfermedad, en las dificultades del hogar, del trabajo o del estudio. Incluso en la muerte de un ser querido, cuando pensamos que nadie puede comprender nuestro dolor, nos equivocamos porque si hay alguien, y ese alguien es Jesús, que siempre está con nosotros en los momentos buenos y malos, en las alegrías y en los sufrimientos, Él siempre estará con nosotros en cada momento.
«Jesús se acercó. La compasión lo empujó a acercarse. Acercarse es una señal de compasión. Yo puedo ver tantas cosas, pero no acercarme. Igual siento un dolor… pero, pobre gente… A mí me gusta pensar que “el Señor, cuando decía esto a aquella mujer, la acariciaba; Él tocó a la mujer y tocó el ataúd. Es necesario, acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos. Jesús no dice: “Hasta pronto, yo continúo el camino”, sino toma al chico y ¿qué dice? “lo devolvió a su madre”. He aquí la tercera palabra clave: restituir. Jesús hace milagros para restituir, para poner en el lugar preciso a las personas. Y es eso lo que ha hecho con la redención. Dios tuvo compasión, se acercó a nosotros en su hijo y nos restituyó a todos en la dignidad de hijos de Dios. Nos ha recreado a todos».
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Voy a poner la dificultad que esté pasando hoy en manos de Dios nuestro Señor para que la lleve a su corazón y asi pueda alentar mi carga.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Mira a tu cónyuge a través de los ojos de Dios
Por: Jimmy Evans | Fuente: Marriage Today // Píldoras de Fe
Hace muchos años, Karen y yo estuvimos una al lado del otro frente al altar del Señor, prometiendo amarnos y honrarnos el uno al otro «hasta que la muerte nos separe«. Les aseguro que yo no tenía ni idea de en qué me estaba metiendo.
Había hecho (y roto) promesas antes, y debo admitirlo: esos votos eran poco más que las palabras que tenía que decir si quería casarme. Estaba repitiendo lo que debía repetir en el altar. Mi mente estaba centrada solo en la parte divertida de la boda que estaba por venir. El beso y la luna de miel…
No es que tuviera la intención de tomar mis votos a la ligera. Comprendí que el matrimonio era algo sagrado y tenía la intención de mantener mi parte del trato. Después de todo, yo estaba enamorado de Karen hasta lo más profundo.
Pero el concepto de Dios uniendo sobrenaturalmente nuestros corazones y almas en alianza, les confieso que fue extraño para mí.
Dios fue quien nos unió en matrimonio
Por mucho que nos amamos, nunca se me ocurrió que Dios fue quien nos unió. A los ojos de Dios, nuestra historia fue mucho más significativa que dos niños pequeños que se enamoraron y decidieron engancharse.
La Escritura nos enseña que Dios está íntimamente involucrado en nuestras vidas. La historia de Adán y Eva nos muestra que nuestro compañero es alguien creado por Dios específicamente con nosotros en mente.
Dios formó a Adán y Eva para construir una relación de amor para toda la vida, caminar juntos de la mano en el jardín, mantenerse mutuamente abrigados por la noche, resolver problemas cuando no estaban de acuerdo, crecer en amor y aprender a navegar la vida juntos como una pareja casada.
Dios trajo a Karen a mi vida con el mismo propósito. Ella fue creada para mí. Yo fui creado para ella. Dios nos imaginó como una pareja mucho antes de que nos conociéramos.
Dios sabía exactamente lo que yo necesitaba en una compañera de vida. Él creó a Karen con los dones, talentos y atributos que yo más necesitaba en una esposa. Él me creó a mí además para satisfacer las necesidades de ella también y entregarme por ella.
Dios nos unió y empujó nuestra relación para lograr las metas que ninguno de nosotros estaba preparado para lograr por nuestra cuenta. Cuando nos paramos ante Él en el altar, Él unió de manera sobrenatural nuestros corazones y nuestras vidas en la sagrada alianza del matrimonio.
Ahora puedo verlo con mayotr claridad. Pero mirando hacia atrás, veo lo poco preparados que estábamos, lo inmaduros que éramos y lo poco que entendíamos sobre lo que nos estábamos metiendo. Apenas sobrevivimos esos primeros años.
Mira a tu cónyuge a través de los ojos de Dios
Pero esto es lo que sé: si hubiera visto a Karen como alguien que Dios creó especialmente para mí, nunca la habría faltado al respeto tan a menudo como lo hice en nuestros primeros años juntos. Nunca la hubiera tomado por sentado. La habría amado más, la habría tratado mejor y habría sido más paciente, considerado y tierno.
Hubiera escuchado mejor y hubiera trabajado más para satisfacer sus anhelos necesidades. La habría apreciado, nutrido, alentado, atesorado y ayudado a convertirme en lo que Dios quería que fuera.
Si hubiera visto nuestra relación desde la perspectiva de Dios, la diferencia habría sido asombrosa.
Hoy, te desafío a mirar a tu pareja a través de los ojos del Dios que te unió por una razón.
