Alejo, Santo
Laico, 17 de julio …
Hoy también se festeja a:
- • Carlota de la Resurección, Beata
- • Teresa de San Agustín y Compañeras, Beatas
- • Colmano, Santo
- • Kenelmo, Santo
- • Ennodio de Pavia, Santo
Abre los ojos a las maravillas de Dios
Por: H. Rogelio Suárez, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por todo lo que me has concedido y me concederás. Te pido la gracia de saber reconocer, en todo momento, tu amor y tu gracia para crecer cada vez más en mi camino de santidad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 20-24
En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades que habían visto sus numerosos milagros, por no haberse convertido. Les decía: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Pero yo les aseguro que el día del juicio será menos riguroso para Tiro y Sidón, que para ustedes.
Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo, porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros que en ti se han hecho, quizá estaría en pie hasta el día de hoy. Pero Yo te digo que será menos riguroso el día del juicio para Sodoma que para ti».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Cuántas cosas hace Dios en nuestra vida a lo largo de un solo día y seguimos igual? Cada día, cada momento, Dios nos está hablando y ayudando dándonos las gracias necesarias para seguir adelante en nuestro camino de santidad.
Él nos da todo para ir construyendo nuestra vida en su presencia, pero somos nosotros quienes no hacemos caso a su voz y no correspondemos con nuestra vida. Dicen que una cosa no se valora hasta que se pierde y, para que no nos pase eso, debemos de saber identificarlas y apreciarlas. Identificar las gracias y bendiciones de Dios en todo momento. No arrepentirnos de haberlas desaprovechado por haber estado despistados.
San Agustín lo dijo muy bien: «Temo la gracia de Dios que pasa y tal vez no vuelva». No debemos de vivir preocupados porque no se nos pase ninguna gracia, pero sí debemos de procurar estar atentos siempre. Dios no se cansa de darnos su ayuda en cada momento que más lo necesitamos, pero somos nosotros quienes nos cansamos de estar alerta. Y después nos quejamos con Dios, que nunca nos habla, que no nos ayuda, etc.
Todo a nuestro alrededor nos dice: «Abre los ojos a las maravillas de Dios en tu vida y no seas ciego»; sepamos reconocer la voz de Dios a lo largo de nuestro día, siempre por medio de la oración cordial, teniendo siempre unido nuestro corazón al de Dios.
El gran desafío de nuestros días es el de ayudar a las personas a que se abran a la trascendencia. A que sean capaces de mirar en su interior y de conocerse a sí mismas de manera que puedan reconocer la interconexión recíproca con los demás. Darse cuenta de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros..»
(Discurso de S.S. Francisco, 29 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar un tiempo para estar con Jesús Eucaristía para recordar con Él los momentos de gracia que me ha concedido durante el día y agradecerle de corazón.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Jesús, división y contradicción
Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer
He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.
Reflexión
Si observamos el mundo de hoy, si miramos al hombre moderno, podemos distinguir dos tipos o clases de personas.
1. El hombre adaptado. Sufre bajo una enfermedad grave y universal: la masificación. Por eso, podemos llamarlo también el hombre masa. Según el Padre José Kentenich, Fundador del Movimiento de Schoenstatt, es aquel que piensa lo que piensa, porque los demás lo piensan; aquel que dice lo que dice, porque los demás lo dicen; el que hace lo que hace, porque los demás lo hacen.
Es un esclavo: un esclavo de lo que dicen los diarios y la televisión, de lo que opina su partido, de lo que dicta la moda – porque “hay que estar en onda”. El hombre masificado no piensa por sí mismo y no decide por sí mismo, sino se deja arrastrar por los demás. Por eso, no tiene personalidad, ni carácter, ni interioridad.
Tal vez deberíamos vernos también a nosotros mismos en ese espejo del hombre moderno. Probablemente encontraríamos algunos rasgos nuestros en él.
2. Al otro tipo de hombre podríamos llamar el hombre-contradiccion. Es el hombre anti-masa, el hombre plenamente libre, que puede pensar y decidir por sí mismo. Es capaz, por lo tanto, de asumir responsabilidades, de comprometerse, de ser fiel.
Resulta ser una personalidad sobresaliente, pero también un hombre que inquieta y choca, que desconcierta y desafía – que nada contra la corriente. Y es porque actúa de acuerdo con su propia conciencia, y no con la opinión pública. Pero eso le da también una paz verdadera, una lucidez interior, una serenidad muy grande.
3. Modelo de este hombre pleno, de este hombre nuevo, de este hombre-contradicción es Jesucristo mismo. En Él y en su mensaje se dividen los espíritus.
Cuando es todavía un niño ya se profetiza de Él: “Este será un signo de contradicción para muchos” (Lc 2, 34). Y al final de su vida, los jefes de Israel lo acusan ante Pilato con estas palabras: “alborota al pueblo” (Lc 23, 2).
La vida de Jesús no es una vida tranquila y tranquilizante. Todo lo contrario, es un profeta perseguido sin piedad por las autoridades del pueblo, excomulgado de la comunidad judía, traicionado por falsos amigos, entregado a los romanos y crucificado para escarmiento de todos.
4. Pero no cabe duda de que Jesús quiere la paz y no la guerra. Sólo que su paz no tiene nada que ver con lo que el mundo entiende por paz. Esta es una falsa paz, construida sobre la injusticia, la discriminación, la marginación. Frente a esta falsa paz, Jesús sí quiere la guerra.
Jesús no viene al mundo para ser un hombre de paz, es decir, un hombre sin problemas y compromisos. Jesús viene al mundo para dar testimonio de la verdad y luchar contra la mentira, para anunciar la Buena Nueva a los pobres y denunciar la injusticia de los ricos y poderosos.
Jesús viene al mundo para decir a unos: “¡Bienaventurados!” y a otros: “¡Ay de vosotros, hipócritas!”.
En este contexto debemos entender el Evangelio de hoy: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra…”
5. El Evangelio de Jesús es conflictivo: Lleva la división dentro de la familia y crea conflictos en nuestra conciencia. Nos obliga a definirnos, a tomar posición, a optar entre dos alternativas.
La palabra de Dios es conflictiva, porque pide nuestra conversión, la renuncia a nuestros planes egoístas, la lucha por un mundo mejor.
Queridos hermanos, decidirse por Cristo y seguirle fielmente no es asunto fácil. Pero su camino nos colma también de una alegría profunda y una paz verdadera y segura. Y al final del camino nos espera el gozo y la felicidad de Cristo para siempre.
¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt
