Teresa de Jesús (de Ávila), Santa
Fiesta Litúrgica, 15 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Narciso Basté Basté, Beato
- • Pedro Verdaguer Saurina, Beato
- • Josefa Martínez Pérez, Beata
- • Tecla de Kitzingen, Santa
- • Sofía (Suia), Santa
La actitud personal hacia las cosas de Dios
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de preocuparme más por mis actitudes interiores para que así pueda amarte con lo más profundo de mi corazón.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hay cosas que nos son fáciles sea por nuestra forma de ser, carácter o hábitos; Dios nos bendice cuando somos capaces de hacer ciertas cosas que a Él le agradan, especialmente en el aspecto espiritual, las cuales son muestra de que hemos avanzado en nuestro camino de santificación personal. Pero Dios no quiere que nos quedemos ahí. Él quiere que sigamos avanzando en nuestro peregrinar terreno para alcanzar la felicidad y paz interior que tanto necesitamos, siempre pidiéndonos algo más.
Dios nos invita a examinar nuestra vida para saber si hemos dejado que nuestro egoísmo entre en nosotros, y nos hace esconder cosas para que los demás no se enteren de qué es lo que hago o que digan: Pensábamos que era intachable pero ahora nos damos cuenta de quién es en verdad. Hay que alabar a Dios haciendo lo que a Él le agrada, poniendo nuestro corazón en las cosas que hacemos por Él; que todo nuestro ser pueda alabar y glorificar al Señor, que, en lo público y exterior, como en lo privado e interior, pueda seguir a Cristo dándole lo que tengo para que experimente y sienta internamente el costo de la entrega.
Señor, que pueda dejarte entrar en mi vida, aunque sea difícil aceptar lo que tú me pedirás; ayúdame a reconocer cómo puedo amarte más y que me sirva de motivación para hacerlo.
«Hagamos un examen de conciencia para ver cómo acogemos la Palabra de Dios. El domingo la escuchamos en la misa. Si la escuchamos de forma distraída o superficial, esta no nos servirá de mucho. Debemos, sin embargo, acoger la Palabra con mente y corazón abiertos, como un terreno bueno, de forma que sea asimilada y lleve fruto en la vida concreta. Así la Palabra misma nos purifica el corazón y las acciones y nuestra relación con Dios y con los otros es liberada de la hipocresía. El ejemplo y la intercesión de la Virgen María nos ayuden a honrar siempre al Señor con el corazón, testimoniando nuestro amor por Él en las elecciones concretas por el bien de los hermanos».
(Ángelus de S.S. Francisco, 2 de septiembre de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer una visita a la Eucaristía pidiendo por toda la gente de Iglesia que no actúa con autenticidad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Sirven las intenciones en la Misa?
Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: ConMasGracia.org
Desde pequeño he visto como muchos en mi familia han ofrecido misas por diversos motivos, en su mayoría, aniversarios o por aquellos familiares que se nos han adelantado. Pero ¿qué valor tiene hacer este acto? ¿Realmente produce efectos en las personas por las que se ofrecen las intenciones de las misas?
Ofrecer la misa por algún motivo o persona es una tradición muy antigua, en especial cuando se hacía por los difuntos. Desde solicitar alguna gracia en particular, el éxito de una operación o simplemente como acción de gracias por un sinfín de razones.
Hay que destacar que cada Misa se ofrece en acción de gracias a Dios por todo lo que ha hecho. Así lo explica el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. “Eucaristía” significa, ante todo, acción de gracias” (CEC 1360).
Además, los efectos que tiene la Misa son purificadores y de reparación, esto lo encontramos en el mismo Catecismo: “En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales” (CEC 1414). Por lo tanto, estos motivos son por los que se ofrece cada Eucaristía que se celebra en el mundo.
Pero existe el llamado “fruto ministerial”, que propiamente son los beneficios que obtienen aquellos por quienes el Sacerdote ha ofrecido una Misa en particular. Por algún enfermo, difunto, alguna pareja de novios, por alguien que celebra su cumpleaños, etc. A través de ese ofrecimiento, el poder que tiene una Misa, por la misma gracia de Cristo que se ofrece por todos, se enfoca en especial hacia la intención que se presentó para gloria de Dios y en beneficio de toda la Iglesia.
En cada Eucaristía participamos todos de la oración colecta, ese momento en el que el Sacerdote recoge todas las intenciones presentes en la Misa. Cuando se ofrece por un motivo en especial, por un lado, pedimos a Dios que otorgue los frutos del sacrificio de Cristo a cada situación ya establecida por la Iglesia en cada Eucaristía y, por otro, pedimos incluir algunas en particular para que entre todos de los que participamos de ese momento nos unamos de manera especial a ellas.
El beneficio de este acto no es solamente para las personas por las que se ofrece, también es un consuelo para quien la ha encargado. Tal es el caso de la pérdida de un ser querido que, ante el dolor que produce su partida, se busca así su descanso eterno, por lo que, al encargar una Misa por ese motivo, conforta el alma. Asimismo, cuánto se agradece que alguien ofrezca una Eucaristía por una persona viva en razón de una ocasión especial.
Al pedir al Sacerdote que se tome nuestra intención en la Misa, es costumbre ofrecer un estipendio en agradecimiento y en apoyo al sustento de las necesidades que pudieran existir para la misma Parroquia o capilla. “Los fieles que ofrecen una ofrenda para que se aplique la Misa por su intención, contribuyen al bien de la Iglesia, y con ella participan de su solicitud por sustentar a sus ministros y actividades” (Código de Derecho Canónico 946).
