
Claudio de la Colombiére, Santo
Presbítero, 15 de febrero …
- Hoy también se festeja a:
- • Federico Bachstein y 13 compañeros, Beatos
- • Walfredo della Gherardesca, Santo
- • Miguel Sopocko, Beato
- • Ángelo de Sansepolcro, Beato
- • Sigfrido, Santo
Un corazón que no olvida
Santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21. Martes VI del Tiempo Ordinario
Por: Rubén Tornero, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, aquí estoy una vez más delante de ti. Te doy las gracias por todo lo que, en tu infinita bondad, me has querido regalar. ¡Alabado seas, Jesús! Bendito en todo lugar tu santo nombre. Toda mi vida no bastaría para agradecerte tu inmenso amor. Creo en ti, Jesús, y en el infinito amor que me tienes; ayúdame a creer con firmeza. Confío en que me amas por lo que soy y en que nada de lo que haga o deje de hacer podrá cambiar tu amor para conmigo; ayúdame a confiar en ti y en tu amor incondicional. Quiero responder a tu amor amándote en los que me rodean. Llena mi corazón con tu amor y ayúdame a amar como Tú me amas.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21
En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”. Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”.
Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “¿qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?” Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?”. Le respondieron: “Siete”. Entonces él dijo: “¿Y todavía no acaban de comprender?”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, en este Evangelio, los discípulos han olvidado el pan en la orilla del lago. Parece un descuido cualquiera, pero Tú aprovechas la ocasión para instruirlos. Les dices que deben de tener cuidado con la levadura de los fariseos y de Herodes. ¿Cuál es esa levadura?
Me parece, Jesús, que te refieres a la tentación de olvidar.
Los fariseos no eran personas diabólicas, vivían hasta lo más pequeño de la ley; ayunaban frecuentemente; daban signos externos de piedad…pero en el fondo eran como unos panes muy grandes y hermosos por fuera, pero sin contenido alguno. Esto porque habían olvidado lo fundamental de su historia: Tu amor por ellos.
Me parece que lo mismo pasó con Herodes Antipas. Él fue hijo de un tirano sanguinario que te mandó matar cuando se vio burlado por los magos, sin embargo, él no tenía ninguna culpa de todas las atrocidades que su padre había cometido. De lo que sí era culpable era de haber sido capaz de renegar y de olvidar sus raíces judías con tal de hacerse con el poder. Era como un pan sin levadura: duro, frío.
Jesús, contra este peligro de olvidar pones en guardia a los apóstoles y les haces recordar los milagros que has hecho ante ellos. Lo mismo me repites hoy a mí: «No olvides las maravillas que he hecho por ti ni corras tan rápido por la vida que llegues a olvidar de dónde vienes y a dónde vas. Recuerda que siempre te he amado y que no podrás hacer nada para cambiarlo. Te amo, nunca lo olvides».
«Él nunca olvida, pero nosotros olvidamos el encuentro con Jesús. Y esto sería una bonita tarea para hacer en casa, pensar: ¿Cuándo he escuchado realmente al Señor cerca de mí? ¿Cuándo he escuchado que tenía que cambiar mi vida y ser mejor o perdonar a una persona? ¿Cuándo he escuchado al Señor que me pedía algo? ¿Cuándo he encontrado al Señor?’ Porque nuestra fe es un encuentro con Jesús. Este es el fundamento de la fe: he encontrado a Jesús. Y cuando te acuerdes, alégrate en ello, en ese recuerdo que es un recuerdo de amor. No hay que olvidar que Cristo entiende la relación con nosotros en el sentido de una predilección, una relación de amor de tú a tú».
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 24 de abril de 2015, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, delante de un crucifijo, le voy a agradecer a Dios por las tres mejores cosas que me hayan pasado en la vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Para conocer al otro profundamente
La armonía matrimonial será mayor cuanto mayor sea la armonía espiritual
Por: . | Fuente: Catholic.net

En el noviazgo, para conocer al otro profundamente, se requiere, sobre todo, de una reflexión madura y serena.
1- Reflexión sobre sí mismo: ¿Cómo soy? ¿Qué le molesta al otro de mí? ¿Por qué me afectó tanto lo que me dijo ayer? ¿Qué significan estos sentimientos que experimento últimamente? ¿Estoy realmente enamorado, o se trata sólo de una ilusión o un capricho? etc. En esta reflexión serena pero madura deberían preguntarse todos alguna vez, sobre todo cuando comienzan a pensar en su futuro, ¿cuál será mi vocación, el matrimonio (u por lo tanto puedo ir pensando en el noviazgo) o mi consagración a Dios y a los demás en el sacerdocio? También esta pregunta forma parte del esfuerzo por conocerse a sí mismos.
2- Reflexión sobre el otro: ¿Qué temperamento tiene? ¿Cuáles son sus cualidades y sus defectos? ¿Qué es lo que me atrae de él, y qué tiene que no me gusta? ¿Por qué no quiere hablar de ciertos temas? ¿Cuál es su educación, cómo es su familia? ¿Qué quiere de la vida? etc. Es importantísimo pensar también en el mundo de sus valores, sus convicciones religiosas y morales, pues no cabe duda que será mayor la armonía matrimonial cuanto mayor sea la armonía espiritual. ¿Cuáles son sus valores? ¿Cuáles sus convicciones respecto a Dios y al cumplimiento de su voluntad, a la religión, al matrimonio, a la apertura a la vida dentro del mismo, a la educación de los propios hijos… etc. ¿Qué fines persigue? ¿Qué medios está dispuesto a poner para alcanzar esos fines?…
3- Reflexión sobre la pareja como tal: ¿Qué grado de amistad hemos alcanzado? ¿Estamos madurando en nuestro mutuo amor? ¿Hay armonía en nuestras relaciones o son frecuentes los roces y las discusiones? ¿Por qué? ¿Nuestros temperamentos, aficiones, etc., se complementan armónicamente o son causa permanente de discordias? ¿Estamos pensando ya en el futuro de nuestras vidas formando un hogar, o todavía no estamos preparados para ello?, etc.