
Exaltación de la Santa Cruz
Fiesta, 14 de septiembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Anastasio Pedro (Pedro Bruch Cortecáns), Beato
- • Cornelio, Santo
- • Notburga, Santa
- • Gabriel Taurino Dufresse, Santo
- • Cipriano, Santo
No llores, mujer
Santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17. Martes XXIV del Tiempo Ordinario
Por: Alexis Montiel, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, fuente de vida y de amor, haz que en cada momento de este día sea un auténtico testigo de tu amor y servicio a los demás. Que ese testimonio anime a otras personas a vivir el amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: “Joven, yo te lo mando: levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Señor nos da una muestra de su humanidad, nos demuestra que también Él se conmueve. Otras traducciones, más que lástima, dicen que Jesús se compadeció de la mujer, no se quedó indiferente al sufrimiento que tenía. Jesús sabía la situación de aquella mujer, sabía perfectamente que ése era el único hijo de su ya difunto esposo, conocía la desgracia a la que estaba atada esta pobre mujer; ya no tenía esperanza. Jesús es quien se acerca a darle la fuerza y a devolverle la alegría.
El texto en latín traduciría que se movió de compasión por ella, tuvo misericordia de ella, desde el interior de su corazón. Dios mismo sale a comprobar, a vivir, a sufrir, a padecer y a gozar con nosotros; no es un Dios extraño que está a la expectativa de cualquier error que cometamos para castigarnos.
Dios es un Padre, un padre que se hace hombre para entendernos, para acompañarnos, para ser nuestro hermano en las fatigas, en las luchas, en los fracasos. Dios conoce y sabe perfectamente por qué lloro, qué pérdida he tenido. Todos y cada uno deberíamos ver que Dios está con nosotros, Él es quien cada mañana nos dice con una sonrisa: no llores.
¿Qué cosas aquejan mi corazón? ¿Cómo es que Jesús me dice hoy que no llore?
«Viéndola, el señor fue preso de una gran compasión por ella. La compasión es un sentimiento que fascina, es un sentimiento del corazón, de las vísceras, compromete todo. No es lo mismo que decir ¡qué pena, pobre gente! La compasión implica “ir con”. Alguno podría objetar: Pero si tienes toda una multitud aquí, ¿por qué no hablas a la multitud? Déjalo… la vida es así… hay tragedias que suceden, ocurren… No. Para Jesús eran más importantes aquella viuda y aquel huérfano muerto que la multitud a la que estaba hablando y que lo seguía. El Señor, con su compasión, se había implicado en este caso. Tuvo compasión. Hay una segunda palabra a notar: Jesús se acercó. La compasión lo empujó a acercarse. Acercarse es una señal de compasión. Yo puedo ver tantas cosas pero no acercarme. Igual siento un dolor… pobre gente… Y sin embargo acercarse es otra cosa. El Evangelio añade un detalle: Jesús dijo no llores» a la mujer. A mí me gusta pensar que el Señor, cuando decía esto a aquella mujer, la acariciaba; Él tocó a la mujer y tocó el ataúd. Es necesario acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos».
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré llevar a Jesús a aquellos que sufren por algún mal e intentaré confortarlos.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué la Cruz de Cristo es signo de salvación?
Del santo Evangelio según san Juan: 3, 14-21
Por: Mons. Salvador Martínez | Fuente: Desde la Fe

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.
La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.
Cultura Bíblica
Un tema que causó muchas discusiones durante la segunda mitad del siglo pasado fue el de la cruz como signo de salvación. Muchas personas opinaban que el mejor signo del cristianismo no era la cruz, sino la resurrección del Señor; sin embargo, la tradición de la comunidad cristiana a lo largo de toda su historia le ha dado el lugar central como signo de salvación a la crucifixión de Cristo.
El texto que leemos este domingo nos muestra que la cruz no fue el primer signo difícil de comprender, pues ya en el Antiguo Testamento, Dios le había pedido a Moisés que levantara una serpiente sobre un palo y quien viera esta serpiente no moriría si era mordido por una serpiente.
Así como la cruz fue usada por los romanos como instrumento de castigo, las serpientes en el caminar de Israel por el desierto fueron ocupadas por Dios para castigar la idolatría del pueblo (cfr. Nm 21,4-9).
En este pasaje de san Juan, Jesús no pone el acento en el símbolo de tortura o castigo sino en el ser levantado a lo alto. Para poder apreciar esto es importante recordar que se trata de un diálogo entre Jesús y Nicodemo. Al inicio de este diálogo Jesús pide a Nicodemo nacer de nuevo, y lo explica diciéndole que es necesario nacer de lo alto, nacer del agua y del espíritu.
La comunidad cristiana ha interpretado este texto como un discurso referido al sacramento del Bautismo, donde el signo del agua hace evidente que somos vivificados por el Espíritu Santo. A lo alto y al cielo, que es el lugar de Dios, se opone este mundo, el cual no puede acceder al Reino de Dios por sí solo.
Así pues, la cruz es un medio que tiene doble significación; para este mundo es un castigo, una tortura, un abajamiento hasta el último de los peldaños sociales. En cambio, para Jesucristo es el camino de exaltación, la vía de glorificación para llegar hasta el Padre.
Así como nosotros en el presente, trataríamos de evitar el ser crucificados, los cristianos de todos los tiempos han visto la cruz como instrumento de dolor, pero también reconocen la interpretación que Cristo le dio, a saber, elevarnos de este mundo para llegar al Padre. San Pablo ya lo decía (Col 2,12) “en el Bautismo hemos sido sepultados con Cristo para resucitar con Cristo”.
O como el mismo Señor lo dice en el mismo evangelio de San Juan: “si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece solo, ppero si muere dará mucho fruto” (Jn 12,24).