
Juan de la Cruz, Santo
Memoria Litúrgica, 14 de diciembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Buenaventura de Pistoya, Beato
- • Francisca Schervier, Beata
- • Espiridión de Tremitunte, Santo
- • Nimattullah Al-Hardini, Santo
- • Venancio Fortunato, Santo
Llamados a ser hermanos en Cristo
Santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32. Martes III de Adviento
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre bueno, vengo a tu presencia para escuchar tu voluntad. ¿Qué quieres de mí? ¿Cuál es tu voluntad para mi vida? Dame, Padre mío, fuerzas para cumplir lo que me pides. Es muy fácil decir «sí, quiero lo que Tú quieres» pero la verdad es que cuando viene la prueba o me pides un poco más de sacrificio me olvido rápidamente de mis buenos deseos y comienzo a quejarme. Hoy vengo ante ti para pedirte perdón por lo poco comprometido que soy y para pedirte tu fuerza pues ¿qué es el hombre sin ti? Padre, en ti confío.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, Señor, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». Ellos le respondieron: «El segundo».
Entonces Jesús les dijo: «Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron. Ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«No quiero» ¡Cuántas veces nos topamos con la pereza o la desgana en nuestra vida! Sin duda que más de una vez hemos dicho a familiares, amigos, compañeros de trabajo estas dos sencillas palabras. Sí, es muy triste y más de alguno podrá pensar muy mal de nosotros cuando actuamos así. No importa. Si nunca tuviésemos momentos de cansancio o enfado dejaríamos de ser personas de carne y hueso. Y no importa, sobre todo, porque nuestro Padre Dios nos ama independientemente de lo que podamos hacer mal.
Siempre hay errores. Al mismo tiempo está siempre la posibilidad de decir una palabra aún más sencilla y es: «perdón», «lo siento». He aquí la belleza. La posibilidad de, como diría Dickens en boca del señor Carton, «volver a la lucha, de comenzar de nuevo, de dejar el vicio y la sensualidad y llevar a un final victorioso el abandonado combate» (Historia de dos ciudades).
Todos podemos caer, y todos dejaremos el fusil en algún momento. Pero nadie está hecho para quedarse tirado en el suelo, nadie está hecho para vivir en el pecado. Todos somos débiles y cada uno sabe bien el pie del cual cojea. De igual modo cada quien tiene sus fortalezas y las conoce muy bien. Si somos débiles es para que alguien nos ayude cuando nos faltan las fuerzas, y si somos fuertes es para ofrecer el brazo a otro.
Pienso un sinfín de veces en la imagen del rompecabezas. Se puede querer un mundo en el que todos piensen igual que uno, que todos vayan en nuestra misma dirección. El rompecabezas, en cambio, tiene muchas fichas y cada una es única. ¿Qué es lo que pasa cuando se pierde una y es la qué falta para terminar? Todos comienzan a inquietarse y a buscar por todas partes. Así es la vida, el Padre ama a todos por lo que son, con sus más y con sus menos. Ha pensado desde toda la eternidad en cada uno. Estamos llamados a ser hermanos, hijos del mismo Padre.
«Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo y eso quiere decir a los que tenían la autoridad, la autoridad jurídica, la autoridad moral, la autoridad religiosa. Pero no tenían memoria porque habían olvidado incluso los diez mandamientos de Moisés por esa construcción de la ley intelectualista, sofisticada, casuística, esta ley que se volvió como un becerro de oro —otro becerro de oro— en lugar de la ley de Moisés. En el caso del primero de los dos hijos enviados por el padre a trabajar a la viña: inicialmente dice que no, pero después se arrepintió y fue. Mientras que estos jefes no sabían qué era arrepentirse, porque se sentían perfectos. También hoy Jesús nos dice a todos nosotros y a los que son seducidos por el clericalismo: “los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”».
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 13 de diciembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a ir a misa con la ilusión de acercarme al Padre, preferentemente con mi familia, para agradecer todos los bienes recibidos.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Adán, Eva y el Mono
La teoría de la evolución bien entendida no es ninguna prueba contra la acción creadora de Dios
Por: Louis de Wohl | Fuente: Conoze.com

No hace tanto tiempo que la ciencia descubrió triunfalmente que el hombre desciende del mono. ¡Qué alivio! Gracias a Dios (si existe), el hombre no era pues ningún ser especial, ni el rey de la Creación, sino un mono encumbrado. Adán y Eva eran personajes de un cuento de hadas judío, y jamás había existido la Creación. El slogan del siglo era: evolución. Llenos de júbilo alabamos agradecidos a la ciencia que nos había liberado de la idea insoportable de nuestra semejanza con Dios, garantizándonos genealógicamente la semejanza con el mono. La ciencia había reconocido nuestro verdadero valor y nuestra verdadera dignidad. Sólo los beatos retrógrados y supersticiosos continuaban creyendo en las viejas ideas degradantes de la humanidad. Para el espíritu ilustrado se había desenmascarado a la Biblia, había sido destruida, no era más que un cuento infantil. Y hay que reconocer que desde entonces también nos hemos comportado como cinocéfalos en el terreno moral, político y en cualquier otro terreno.
El hecho de que la teoría de la evolución jamás fuese demostrada en este sentido, por lo menos en cuanto a la aparición del hombre, no enturbiaba nuestra satisfacción. No se había hallado el «eslabón perdido» y -como comprobó Chesterson- lo único que sabíamos sobre el eslabón perdido es que seguía perdido. Pero ¿qué importaba esto? Más pronto o más tarde se encontraría esa cosa intermedia entre el mono y el hombre.
Y entonces sucedió lo más increíble: el 1.° de agosto de 1958 unos mineros encontraron a unos 200 metros de profundidad, bajo las colinas de Maremma, en el centro de Italia, un esqueleto que ha sido identificado por el profesor Hörzeler, del museo de Ciencias Naturales y Etnológicas de Basilea, como el del ser más antiguo parecido al hombre. Tiene de diez a once millones de años.
Hasta ahora la ciencia nos había anunciado que el mono no había evolucionado a hombre hasta hace aproximadamente un millón de años. Ahora resulta que somos tan viejos como los monos y posiblemente incluso más viejos. Quizás oigamos dentro de poco que los monos son hombres degradados. No resultaría extraño, si se tiene en cuenta que acaban de incluir en una exposición de arte varias «obras pictóricas » de un chimpancé.
Tenemos que admitir por lo tanto que el mono, en el mejor de los casos, es tan solo nuestro pariente lejano, pero de ningún modo nuestro antepasado. Adán no fue un gorila. Eva no fue una chimpancé. Y cuando nos portamos como monos no podemos alegar con orgullo que así honramos la memoria de nuestros antepasados. No era la Biblia la equivocada, sino la ciencia.
Ya en los primeros siglos del cristianismo, los doctores de la Iglesia sabían qué partes importantes de la Biblia tienen un sentido simbólico; el primero que habla de esto es el apóstol San Pablo. Y por lo que respecta a la cronología de la Biblia, sabemos hace tiempo que no siempre debe tomarse «al pie de la letra». ¿Un ejemplo de ello?: se señala a Jesús con frecuencia como hijo de David. Sin embargo David vivió más de setecientos años antes de Cristo y fue su …antepasado. «Hijo» significa en la Biblia «descendiente de».
Por lo demás, la teoría de la evolución bien entendida -y hay que aceptarla dentro de ciertos límites- no es ninguna prueba contra la acción creadora de Dios. Evolución no es otra cosa que creación «a largo plazo». Y este plazo sólo es largo para nosotros los pigmeos de lo temporal, pero no para Dios, que vive fuera de todo lo temporal.