
Martín l, Santo
Papa y Mártir, 13 de abril…
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Nacer del agua y del Espíritu para entrar en el Reino de Dios
Santo Evangelio según san Juan 3, 7-15. Martes II de Pascua
Por: David Mauricio Sánchez Mejía, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, porque me has llamado a formar parte de tu familia y porque me has llenado con los regalos de tu gracia. Ayúdame a ser un dócil instrumento de tu amor para que pueda transmitirte y compartirte con aquellos que me rodean.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó entonces: «¿Cómo puede ser esto?».
Jesús le contestó: «Tú eres maestro de Israel y ¿no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les habló de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús quiere regalarnos el cielo, pero para hacerlo nos pide renacer del agua y del Espíritu. Nicodemo se extraña ante esta petición. Nosotros, junto a Nicodemo, podemos preguntarle: ¿Cómo puede ser esto? O, ¿qué quieres decir, Señor?
Por el bautismo, ciertamente, morimos al pecado y nos volvemos hijos de Dios. Renacemos del agua, dando espacio al Espíritu Santo para que entre en nuestras almas y nos transforme en hombres nuevos, hombres según su corazón. Casi imperceptiblemente y en silencio, Dios obra en nosotros, gracias a la resurrección de Cristo, inspirándonos buenas acciones, dándonos la fuerza necesaria para hacer el bien, alentándonos en los momentos difíciles, sin abandonarnos ni un solo momento en la construcción del hombre nuevo.
Sin embargo, por las distracciones y tentaciones de lo pasajero, no siempre escuchamos o le dejamos hablar. Su inspiración y motivaciones caen en saco roto. Dios, que nos ama tanto, no se desanima. Aun cuando nos hacemos sordos a su voz y le damos la espalda, Él espera pacientemente que le escuchemos y le abramos nuestra mente y corazón y le cedamos libremente la dirección de nuestras vidas, pues como dice san Agustín: «Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti».
«“El viento sopla donde quiere y escuchas su voz, pero no sabes de dónde vienen ni a dónde va. Así es cualquiera que ha nacido del Espíritu”. Quien ha nacido del Espíritu escucha su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin conocer dónde terminará. Porque ha tomado la opción de la concreción de la fe y el renacimiento en el Espíritu. Que el Señor nos dé a todos nosotros este Espíritu pascual, de ir por los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él vino: en carne».
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de abril de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicar un tiempo adicional a mi oración para reflexionar: ¿hay alguna cosa que Dios me esté pidiendo y que yo se lo esté negando?
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Lo que rodea a las preguntas sobre el porqué
La pregunta suele ir acompañada por otras preguntas o por reflexiones de interés
Por: P. Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net

Hay personas que, con motivos de diverso tipo, lanzan continuamente esa breve y estimulante pregunta: ¿por qué?
La pregunta suele ir acompañada por otras preguntas o por reflexiones de interés. ¿Por qué se saluda la gente dándose la mano? ¿Por qué un católico tiene que ir a misa? ¿Por qué el Catecismo dice que esto o aquello es pecado?
Esas preguntas (son miles y miles) surgen muchas veces desde alguna idea previamente aceptada. En el caso de ir a misa los domingos, por ejemplo, la idea previa podría ser que existen otros modos de vivir la fe que harían innecesario el ir a misa.
Resulta obvio que esas personas que suelen interpelarnos con sus preguntas no preguntan sobre todo. Quien nos cuestiona por qué hay que abstenerse de carne los viernes de Cuaresma seguramente no preguntará por qué en el tiempo de Pascua se invita a todos a la alegría.
Por eso, detrás de las numerosas preguntas sobre ciertos porqués hay dudas, o preconcepciones, o modos de sentir, que son el motivo para buscar una respuesta a algo que no parece, a quien hace tales preguntas, claro o convincente.
Habrá, no podemos negarlo, algunas preguntas que surgen de una simple curiosidad. ¿Por qué hay proyectos para explorar la superficie de Marte? Incluso en esos casos, la pregunta se orienta a un tema de interés, surgido por la formación previa, por libros o noticias recientes, o por otros motivos.
A veces sería bueno preguntar al preguntador por qué pregunta sobre los viajes espaciales y no pregunta sobre las guerras en Yemen, Sud Sudán o en algún otro lugar del planeta.
Porque, al formular esa pregunta al preguntador, intentamos conocer qué intereses, qué presupuestos, rodean a sus continuas preguntas sobre unos temas y a la ausencia de preguntas sobre otros.
Estudiar a fondo las preguntas sobre el porqué y lo que las rodea se convierte así en un camino que nos ayude para orientar mejor las respuestas, porque así tendremos una visión mejor de aquello que lleva a nuestro interlocutor a formularnos, con franqueza, esa sencilla pregunta: ¿por qué?