
Julio I, Santo
XXXV Papa, 12 de abril …
Hoy también se festeja a:
- • Basilio de Pario, Santo
- • Constantino de Gap, Santo
- • Vissia de Fermo, Santa
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- • Alferio, Santo
Señor, danos siempre el pan de vida
Pascua
Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Juan 6, 30-35
Ellos entonces le dijeron: ¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
Oración introductoria
Señor Jesús, hoy me preguntas, -como a Pedro-, si realmente te amo. Junto con el apóstol te repito que ¡te quiero y te amo más que nada en el mundo! Tú lo sabes porque me conoces y siempre me estás buscando para mostrarme el camino que me puede llevar a la santidad.
Petición
Señor, acrecienta mi amor por medio de este momento de oración.
Meditación del Papa Francisco
Y el signo del maná —como toda la experiencia del éxodo— contenía en sí también esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esta profunda hambre que hay en el hombre. Jesús nos da este alimento, es más, es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo. Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciar nuestro cuerpo, como el maná; el Cuerpo de Cristo es el pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la esencia de este pan es el Amor.
En la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: un amor tan grande que nos nutre de sí mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.» (Homilía de S.S. Francisco, 19 de junio de 2014).
La Eucaristía es la cena de la familia de Jesús, que a lo largo y ancho de la tierra se reúne para escuchar su Palabra y alimentarse con su Cuerpo. Jesús es el Pan de Vida de nuestras familias, Él quiere estar siempre presente alimentándonos con su amor, sosteniéndonos con su fe, ayudándonos a caminar con su esperanza, para que en todas las circunstancias podamos experimentar que es el verdadero Pan del cielo. (Homilía de S.S. Francisco, 22 de septiembre de 2015).
Reflexión
En el evangelio de hoy buscan a Jesús no por su Persona, sino por su propio interés. Comieron, y con eso tenían bastante. ¿Por qué no se fían más bien de Jesús, del mensaje que les trae? Y ya que ha mencionado a Dios como Padre suyo, le preguntan:
¿Y qué tenemos que hacer para cumplir lo que Dios quiere?
No dicen nada más, pero su pensamiento es claro: ¡Las obras de la ley! Y como ellos, los escribas y fariseos, la cumplía tan bien, según proclamaban siempre, no tenían que añadir nada para hacer lo que Dios quería… Pero aquí estaba su error, que corrige Jesús con una palabras clave:
Ésta es la obra que Dios os pide realizar: que creáis en el que Dios ha enviado. ¡Que creáis en mí!
Contemplaron ayer aquella multitud de tantos miles comiendo el pan multiplicado en sus manos, y no tienen bastante con semejante prodigio…
Jesús trata de elevarlos a mayores alturas, pero no lo va a conseguir: Yo soy el pan de la vida; quien viene a mí ya no tendrá más hambre, y quien cree en mí no tendrá más sed.
Hoy nos fijamos sólo en esta palabra de Jesús que centra todo este párrafo: ¡Hay que creer en el Enviado de Dios! ¡Hay que creer en Jesucristo!
Hoy nos hemos vuelto los hombres muy racionalistas. El hombre moderno hace muy poco caso de los milagros. Preferimos descubrir a Dios en los acontecimientos de la vida. No está mal, con tal que hagamos eso: descubrir a Dios.
Los israelitas en el desierto vieron el milagro o la providencia de Dios cuando les mandó el maná, aquel alimento misterioso. Y, sin embargo, no creyeron en Él. Les interesaba el pan, no Dios que se lo proporcionaba.
Jesús, al día siguiente a la multiplicación de los panes, se queja de lo mismo: a los judíos les interesaba el pan multiplicado ayer en sus manos, y no la Persona de Jesucristo.
Ahora nos puede ocurrir lo mismo: que no nos interese Jesucristo, sino sólo nuestro provecho. De ahí que las diversas ideologías, sociales y religiosas, acuden a la figura de Jesucristo para atraer a su causa la doctrina maravillosa del Evangelio, pero sin aceptar el Evangelio, sin aceptar a Jesucristo tal como se da en su Iglesia. Se contentan con el Jesucristo que se han formado en su propia imaginación.
¡Señor Jesucristo! Consérvanos la fe a todos los que creemos en ti, en una fe firme, que es entrega y es amor. Cuando creemos en ti, la vida se nos hace muy fácil, porque sabemos que Tú vienes a nuestro lado. Y contigo al lado nuestro, ¡qué seguro que tenemos también tu Cielo!
Propósito
Hacer una visita a Cristo Eucaristía para agradecerle su comprensión, misericordia y amor.
Ser mujer Vs ser mamá
Por: Vivian Jeannette Forero Besil | Fuente: Catholic.net

Dentro de las diferentes facetas que atravesamos en la vida podemos ir creciendo para perfeccionar nuestro paso diario o por el contrario, retroceder con cada equivocación o reconsideración para retomar el camino. Pero en esta constante y cíclica situación, de ir y venir, de ajustar y recomenzar, está la verdadera razón de nuestra existencia y que expresaré en estas reflexiones.
¿Qué es ser mujer? Muchos han dibujado a través de sus palabras, versos, pensamientos, imágenes e ideas a una de las creaciones más perfectas sobre la faz de la Tierra. Digo una de las creaciones, porque junto con el hombre, la mujer ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Y ambos son seres perfectos, capaces de lograr trascender y alcanzar la belleza en sus obras. Aunque diferentes en su aspecto físico y biológico, se complementan y forman un binomio perfecto. Por tanto, en esta definición no me voy a basar en el aspecto físico, sino en su condición de ser única e irrepetible, llena de virtudes y de características propias de su género.
A nivel general, una mujer es delicada, tierna, cariñosa, amable, respetuosa, inteligente, solidaria, misericordiosa y persistente. Su condición de mujer la hace actuar con mucha fortaleza. Pero de manera contraria se pueden presentar en sí misma, actitudes no tan positivas, de pronto por su forma de ser; en muchas ocasiones se muestra soberbia y orgullosa; su deseo de competir por un reconocimiento y de demostrar que es capaz de lograr lo que se propone, la hace ser autosuficiente. Por lo general, pocas veces reconocerá que necesita ayuda o que requiere apoyo para culminar una tarea. Tanto es así, que actualmente la mayoría de los oficios son realizados por igual tanto por el hombre como por la mujer. Con ello no estoy en contra de estos avances. Al contrario, es meritorio que una mujer busque salir adelante a pesar de la adversidad y que muchas veces, por circunstancias de la vida, le toca sola enfrentar las dificultades y luchar por sus seres más queridos, por sus hijos.
San Josemaría Escrivá de Balaguer definió varios roles y el significado de la mujer en su libro Conversaciones: “La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad… La feminidad no es auténtica si no advierte la hermosura de esa aportación insustituible, y no la incorpora a la propia vida”. Lo anterior demuestra y reconfirma su inigualable labor en cada una de las facetas que tiene en la vida.
Al hablar de complementariedad, entre hombre y mujer, me gustaría referirme en estos momentos a que ambos están creados para ser coequiperos, están llamados a ser un dúo dinámico para emprender tareas significativas (y una grandiosa es la construcción de la familia), pero lamentablemente en la actualidad se percibe más la competitividad que la cimentación de proyectos de a dos.
Sin lugar a dudas, la mujer tiene una misión muy importante en su vida y es la de actuar con mucho tacto, sabiduría y compromiso para lograr unificar a su familia. Muchas veces hemos escuchado que “el hogar lo hace la mujer” y esta frase no está muy alejada de la realidad. Si recordáramos en este momento el rol de nuestra madre o de nuestras abuelas en la familia, eran las que llevaban las riendas en el hogar (en el buen sentido de la palabra); actuaban con sabiduría, observando y orientando la labor hacia lo esencial e importante: los valores. Dedicaban cantidad y calidad en el tiempo compartido con los hijos y el esposo. Se sacrificaban incansablemente para hacer de cada momento especial (así no se les reconociera). Los matrimonios eran más sólidos que los actuales pues su amor estaba basado en perdonar y en volver a empezar. Hoy en día se hace más difícil perdonar y despojarnos de las individualidades para construir un mundo soñado en pareja.
Pero no debería de ser tan difícil el construir juntos puesto que hemos nacido para complementarnos, no para competir ni para atacarnos. “…la igualdad esencial entre el hombre y la mujer exige precisamente que se sepa captar a la vez el papel complementario de uno y otro en la edificación de la Iglesia y en el progreso de la sociedad civil: porque no en vano los creó Dios hombre y mujer. Esta diversidad ha de comprenderse no en un sentido patriarcal, sino en toda la hondura que tiene, tan rica de matices y consecuencias, que libera al hombre de la tentación de masculinizar la Iglesia y la sociedad; y a la mujer de entender su misión, en el Pueblo de Dios y en el mundo, como una simple reivindicación de tareas que hasta ahora hizo el hombre solamente, pero que ella puede desempeñar igualmente bien. Me parece, pues, que tanto el hombre como la mujer han de sentirse justamente protagonistas de la historia de la salvación, pero uno y otro de forma complementaria” (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Conversaciones). Hombre y mujer están llamados a unir sus manos y luchar juntos por el bienestar de su familia y de la sociedad en general.
Muchas veces, en esta competencia por el contexto en el que vivimos, la moda, las costumbres, dejamos de lado muchos roles importantes por el hecho de ser mujer. Uno de ellos es el de ser mamá. No sé ustedes, pero cada vez estoy más convencida que ser mamá es el mejor de los roles, eso sí, respetando la opinión o el sentir de los demás.
Capaz de realizar ambos roles es algo admirable pues el uno no contradice al otro; simplemente se entrelazan y se complementan entre sí. Cuántas mujeres ponen en primer lugar el ser mujer sobre el ser mamá y cuan equivocadas están. Ser mamá significa darlo todo por su retoño, por ese ser trascendente, especial e importante en su vida, que traerá más satisfacciones y felicidad infinita e indescriptible. Ese ser que es réplica de su generación es quien le dará un sentido único a su vida y le ayudará a encontrar una de sus misiones en el mundo terrenal.
Para ser mamá no es necesario dejar a un lado el ser mujer; seguimos siéndolo a pesar de las largas jornadas de trabajo (para las que deben estar también cumpliendo horarios adicionales a los de la casa) y a pesar de las diferentes tareas que se deben ejecutar dentro de casa. Sólo basta con reconocer qué es lo esencial. Debemos dedicar tiempo a la familia y también para nosotras (para acicalarnos, disfrutar de una película, de un baño en piscina, para leer o escribir); tener aficiones nos ayuda a disfrutar de espacios sanos y divertidos, al mismo tiempo que nos ayuda a relajarnos y a cambiar de actividad. Disfrutar de cada espacio compartido en familia también beneficia la construcción de espacios maravillosos que acercarán cada vez más a cada uno de sus integrantes. Vale la pena seguir esforzándonos por cuidar el rol de ser mujeres y además, el de ser mamás porque merecemos resaltar ambo roles sin alejar el uno del otro. Somos más mujeres cuando ejercemos con responsabilidad y amor el mundo de las mamás; y somos más mamás cuando vibramos como mujeres ejerciendo la tarea de formar, orientar y educar con amor, ternura y verdadera vocación.