
Mayolo, Santo
Abad, 11 de mayo…
- Hoy también se festeja a:
- • Estela o Estrella, Santa
- • Antimo de Roma, Santo
- • Mateo Le Van Gam, Santo
- • Mamerto de Vienne, Santo
- • Juan Rochester, Beato
El Consolador auténtico
Santo Evangelio según san Juan 16, 5-11. Martes VI de Pascua
Por: Cristian Gutiérrez, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, por tu presencia y tu acción en mi vida. Gracias porque sé que eres un Dios cercano a mí, que me conoces, me comprendes y sobre todo, me amas. Infunde en mi alma tu Santo Espíritu para que me enseñe lo que quieres de mí y me ayude a realizarlo por amor. Señor, te necesito. Aumenta mi fe, mi confianza en ti y mi caridad. Aparta de mi vida todo aquello que me aleja de ti. Perdona mis pecados.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.
Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Comprendo, Señor, la tristeza de los apóstoles cuando ya saben que tu partida se acerca. Pero esta tristeza demuestra el afecto que ellos tenían por ti. Sabes bien cuánto nos duele la partida de un ser querido. Y esto es lo que pasa en este pasaje. Ellos están tristes porque no conciben una vida sin ti. Yo también, Señor, he sentido lo vacía que es la vida cuando se está sin ti, cuando se está apartado de tu lado. ¿Qué sería de mi vida sin ti, Jesús?
Por lo mismo, prometes un consolador. ¡Cuánto consuelo necesita mi alma! Hay tantas cosas, Señor, que me entristecen, me confunden, me turban. Tú lo sabes. El consolador que me prometes no es uno cualquiera. Te refieres al Espíritu Santo. Éste sí que es un verdadero consolador.
Para consolar plenamente se necesita conocer la situación, comprender, compadecerse. Todo ello lo hace el Divino Espíritu. Nadie mejor que Él conoce mi interior, me comprende, me compadece y, por lo mismo, nadie mejor que Él me consuela. Dame la gracia, Señor, de experimentar en mi vida esta presencia divina y su acción que siempre va guiando mis pasos por el mejor sendero.
«La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a él. Esta esperanza no defrauda porque el Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones. El Paráclito no hace que todo parezca bonito, no elimina el mal con una varita mágica, sino que infunde la auténtica fuerza de la vida, que no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por nosotros ha vencido el pecado, ha vencido la muerte, ha vencido el miedo, siempre nos ama y nos perdona. Hoy es la fiesta de nuestra esperanza, la celebración de esta certeza: nada ni nadie nos podrá apartar nunca de su amor».
(Homilía de S.S. Francisco, 26 de marzo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy invocaré con fervor y atención al Espíritu Santo antes de todas mis actividades.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué en los Salmos aparece doble numeración?
Más de algún buen católico se preguntará el por qué de esta doble numeración. Intentaremos explicarlo este artículo
Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com

Seguramente, en más de alguna ocasión has observado que en la Biblia ciertos salmos presentan doble numeración. Esto es particularmente evidente a partir del Salmo 11, que en muchas versiones de nuestras Biblias aparece como Salmo 11 (10). Más de algún buen católico se pregunta el por qué de esta doble numeración. Intentaremos explicarlo en el presente artículo.
Los judíos antes de Jesucristo, contaban con dos versiones de los textos sagrados (es decir, de lo que ahora nosotros los cristianos llamamos Antiguo Testamento). En primer lugar, tenían lo que se conoce como “Texto Masorético”, y que hace referencia a los libros sagrados escritos en los idiomas originales: hebreo y arameo.
La otra versión es llamada “Septuaginta” o de los LXX (70), pues hace referencia a los setenta sabios (aunque en realidad eran 72) que tradujeron los textos sagrados, de los originales hebreo y arameo al griego, un par de siglos antes de Cristo, en Alejandría de Egipto. Recordemos la importancia del idioma griego en aquel tiempo, pues era la lengua común del imperio romano. Cabe mencionar además, que esta versión será la más utilizada por las primitivas comunidades cristianas.
En cuanto a lo que aquí nos atañe, es decir, el asunto de la doble numeración de los Salmos, sucede que en cada una de las versiones, la numeración de los Salmos, a partir del Salmo 9 cambia, pues en la Septuaginta (LXX) los Salmos 9 y 10 -según la numeración hebrea- forman uno solo. Por lo que, a partir del Salmo 11, los siguientes Salmos tienen un número menos que en la numeración de la Biblia hebrea. Así, el Salmo 11 del texto masorético es el 10 en la Septuaginta.
Posteriormente, cuando San Jerónimo, algunos siglos después, (en el siglo IV de nuestra era cristiana) traduce la Biblia al latín, hace uso de la numeración de los Salmos según se encuentra en la versión en griego (la de los LXX). La versión de la Biblia traducida al latín por San Jerónimo será conocida como la “Vulgata” y pasará a ser la versión “oficial” de la Iglesia por siglos, y la que se utilizará generalmente en la liturgia.
Con el paso de los tiempos se harán traducciones de la Biblia a las lenguas vernáculas (los idiomas comúnmente hablados en nuestros países); y en estas versiones se hará referencia a la doble numeración de los Salmos, poniendo primero el número según el texto masorético (hebreo) y después el número según el texto de los LXX (griego) y de la Vulgata (latín). Por ejemplo, el Salmo 104 (103) es el 104 en el Texto Masorético y el 103 en el de los LXX y la Vulgata.
En el caso de nuestras celebraciones litúrgicas, los textos se tomarán generalmente de la Vulgata o de versiones corregidas que de ella han surgido en tiempos posteriores. Por eso cuando vas a Misa, no encuentras una doble numeración del Salmo Responsorial en la hojita o el misal, sino solamente la numeración que corresponde según la Vulgata.