
Higinio, Santo
IX Papa, 11 de enero …
- Hoy también se festeja a:
- • Ana Maria Janer Anglarill, Beata
- • Paulino de Aquileya, Santo
- • Teodosio el Cenobita, Santo
- • Francisco Rogaczewski, Beato
- • Vital de Gaza, Santo
Enseña con su vida y su palabra
Santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28. Martes I del Tiempo Ordinario
Por: Luis Adrián Olvera De la Cruz, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús mío, enséñame a escuchar tu palabra como fiel discípulo para que aprenda a amar como Tú amas y a confiar en que sólo Tú eres mi roca donde puedo refugiarme de las asechanzas del mal.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hoy la Palabra nos presenta una faceta de Jesús que pocas veces nos detenemos a reflexionar, Jesús maestro que transforma a quien lo escucha hablar.
Jesús no se presenta a sí mismo como un transmisor de conocimientos aprendidos de memoria y repetidos hasta el cansancio, como los fariseos; él simplemente deja asombrados a quienes lo escuchan porque habla con la autoridad de quien vive el mensaje que predica. Jesús maestro nos enseña con su misma vida, nos revela el amor de su corazón y nos forma para ser sus apóstoles.
El deseo más ardiente del corazón de Jesús es que intentemos, con todo nuestro ser, amarle como Él nos ama. Ésa es la mayor enseñanza de vida que nos puede dar. Sólo en la medida en que crezca nuestro amor hacia Él, seremos capaces de amar verdaderamente a nuestro prójimo, y sólo por este crecimiento en el amor tendremos la fuerza para combatir las asechanzas del mal.
La enseñanza de Jesús no es algo que se quede en el papel, porque Él nos da las herramientas para combatir contra las fuerzas del mal: La oración, la Eucaristía y la confesión. Cuando las caídas son muchas y creemos que no podemos tener una verdadera relación con el Señor, Él actúa a través de su perdón, su cuerpo y su sangre para sanar nuestras heridas y expulsar el mal de nuestro corazón. Por último, y no por eso menos importante, la oración nos da la fortaleza para arrancar de raíz el mal, porque la oración es el contacto directo y personal con el Amado.
Jesús maestro quiere tomar tu corazón en sus manos laceradas, para transformarlo y que tú también lleves su enseñanza de amor a quienes más lo necesiten.
«¿Qué significa «con autoridad»? Quiere decir que en las palabras humanas de Jesús se sentía toda la fuerza de la Palabra de Dios, se sentía la misma autoridad de Dios, inspirador de las Sagradas Escrituras. Y una de las características de la Palabra de Dios es que realiza lo que dice. Porque la Palabra de Dios corresponde a su voluntad. En cambio, nosotros con frecuencia pronunciamos palabras vacías, sin raíz, o palabras superfluas, palabras que no corresponden a la verdad».
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de febrero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Oraré por aquellas personas que viven alejadas de Dios y procuraré vivir en gracia acudiendo a la confesión si lo necesito o si tengo mucho tiempo de no hacerlo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo y mis propósitos
Debo estar dispuesto a renunciar a todo aquello que me aparta de Cristo para llenarme cada vez más de Él
Por: Padre Sergio Larumbe | Fuente: Catholic.net

Configurarnos con Cristo
San Pablo nos exhorta: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo (Fil. 2,5). Para esto es importante tener los ojos fijos en Nuestro Señor Jesucristo y ver cómo Él se comportaba en todos los órdenes de la vida, sacando muchos propósitos prácticos:
Nuestros propósitos a la luz de la vida de Cristo
En su relación conmigo: pensar ¿cómo me mira Dios? Se trata de ver mi vida a la luz de Jesucristo, y ver cómo Él siempre usó de misericordia y ver cómo estuvo siempre presente enseñándome, ayudándome, etc. Yo debo usar la misma misericordia en los juicios conmigo mismo y con los demás.
En su mirada: siempre pura, incluso mortificándola al tener que ver a sus verdugos, el aceptar que lo vendaran. También yo debo mortificarla como Él. Mirada de compasión y no de codicia. Debo pedir la gracia de entristecerme cuando vea a alguna persona que se aparta de Dios y alegrarme cuando vea que alguien se acerca a Él.
En sus pensamientos, deseos e intenciones: siempre deseando hacer el bien a los demás. Nunca utilizó su poder para provecho propio, o para sacar alguna ventaja, sus intenciones eran rectas: la gloria de Dios y nuestra salvación (nunca hubo nada en Él que vaya en detrimento de esto). Todo lo aprovechaba de la mejor manera para salvar. Mis pensamientos y deseos deben ser de querer ver feliz a Cristo y de querer verlo formado en las almas.
En sus palabras: Siempre amable, dando consejos, hablando cosas constructivas, corrigiendo al que se equivoca, jamás se escuchó una queja o una palabra subida de tono. Siempre alentando al abatido. Me esforzaré por imitarlo.
En el respeto hacia los demás: Cristo nunca rechazó a nadie que lo buscaba con sinceridad, a todos atendía y escuchaba. Daré de mi tiempo al que lo necesite sin quejarme de la falta del mismo.
En sus gestos y modales: nunca se vio una grosería, fue amable con todos. ¿Cómo son mis gestos? ¿Soy amable?
En su preferencia por las almas: en sus milagros, Cristo, curaba a personas que habían pasado muchos años permaneciendo enfermas. En esto se ve que Él tenía una preferencia por los más necesitados y los que más sufren. También yo debo tener esa misma preferencia.
En su trabajo: durante treinta años estuvo trabajando haciéndolo con perfección, y como enviado de Dios no tenia tiempo ni para descansar. Yo debo trabajar como Cristo.
En su apostolado: fue siempre generoso, nunca se quejó del cansancio. ¡Cuántas veces me quejo por cosas sin sentido!
En su alegría y buen humor: Jesucristo tenía un gran sentido del humor. Humor que no tenía doble sentido ni era chabacano, sino sencillo y puro. También yo puedo alegrarme de la misma manera.
En su dolor: siempre guardó una gran serenidad, fue dueño de sí. Sabía padecer con provecho ofreciéndolo por los pecadores. También yo puedo ofrecer mis sufrimientos sin quejarme, para imitar más al Varón Jesús.
En su trato con sus amigos: siempre fue disponible, viendo el bien que les podía hacer y no el provecho propio que podía sacar, fue siempre amable. También yo debo dejar de pensar en mí para ocuparme del bien de mis amigos.
Con sus superiores: siempre fue obediente, hasta la cruz. También yo debo obedecer a mis mayores y superiores aunque me cueste.
Con sus familiares: Fue respetuoso, cariñoso. También yo debo serlo con mis familiares. ¿Cómo los trato? ¿Cumplo con alegría el cuarto mandamiento?
Con los pecadores: fue manso, misericordioso y le dedicó la mayor parte de su tiempo buscando su conversión. Es importante que ofrezca mis sacrificios, oraciones, penitencias y mis actos por la conversión de las almas.
Con los atribulados y que sufren: tuvo una gran compasión que lo llevo incluso a llorar y socorrerlos en sus necesidades; comparte realmente la carga del que sufre, los atiende, los acompaña, tiene una gran sensibilidad. ¡Señor, dame la gracia de tener un corazón sensible al sufrimiento humano!
Con los enemigos: su perdón es constante. ¿Cómo trato a los que me hacen el mal? ¿Cómo trato a los que me ofenden, quizás sin saberlo?
Con las mujeres: buscando siempre la salvación, atendiéndolas con todo respeto y decoro, siempre en lugares públicos y delante de otras personas.
Con los niños: atendiéndolos con amor paternal, bendiciéndolos. Así yo siempre debo dar buenos consejos a los niños, no escandalizarlos y escucharlos.
Despojarnos de todo para llenarnos de Cristo
Estos propósitos nos tienen que llevar a configurar toda nuestra vida con la de Cristo, hasta poder exclamar como exclamaba San Pablo ya no soy yo sino que es Cristo quien vive en mí (Gal. 2,20). San Pablo todo lo tenía por pérdida con tal de ganar a Cristo. También yo debo estar dispuesto a renunciar a todo aquello que me aparta de Cristo para llenarme cada vez más de Él. Como decía San Pablo juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo (Fil. 3,8)