Memoria Litúrgica, 10 de diciembre …
Hoy también se festeja a:
- • Arsenio de Trigolo, Beato
- • Mauro de Roma, Santo
- • Nuestra Señora de Loreto
- • Gonzalo Viñes Masip, Beato
- • Marco Antonio Durando, Beato
Entre la oveja y su Pastor
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Ilumina, Señor, mi mente para poder pensar en ti; forma mi inteligencia para saber qué quieres de mí; enciende mi corazón para poder amar sin medida; da fuerza a mi voluntad para poder cumplir tu voluntad.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Si nos detenemos a ver nuestras debilidades y caídas, es probable que surja en nosotros un sentimiento de rechazo, pues es difícil aceptar nuestras imperfecciones. Podremos estar perdidos e incluso heridos, y aun así seguir ignorando nuestra realidad. El orgullo, la soberbia, el egoísmo… tendemos a no aceptar nuestras heridas. Nadie encuentra fácil admitir que está en la misma situación de una oveja perdida y herida.
Por otra parte, el pastor busca, pero busca esperando, pues él conoce el momento perfecto para salir al encuentro. Espera a que ella reconozca lo que necesita y que se dé cuenta de que no está en su lugar. El pastor espera, espera y espera. No basta encontrarla, tomarla y regresarla contra su voluntad; quiere que su oveja experimente la necesidad de su Pastor.
Para aquellos que tienen la capacidad de obrar con fuerza y salud, es difícil verse como ovejas perdidas y heridas. Sin embargo, todo hombre tiene alguna pequeña llaga, sea superficial o profunda. Todos tenemos que regresar al rebaño del que hemos salido (el cielo). Y por eso todos debemos dejarnos llevar por Cristo Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Esto es un testimonio de humildad ya que las heridas las llevan los consagrados y laicos; los niños, jóvenes y adultos; todos tenemos que dejarnos llevar por Cristo aceptando nuestras heridas y aceptando que necesitamos regresar a casa.
«No olvidemos que Jesús es el único Pastor que nos habla, nos conoce, nos da la vida eterna y nos protege. Nosotros somos el único rebaño y solamente tenemos que esforzarnos por escuchar su voz, mientras Él escruta con amor la sinceridad de nuestros corazones. Y de esta intimidad continua con nuestro Pastor, de este coloquio con Él surge la alegría de seguirlo, dejándonos conducir a la plenitud de la vida eterna»
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy seré testimonio de humildad aceptando mis debilidades.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
4 virtudes a conquistar en este Adviento. Empecemos con la templanza
Por: Silvana Ramos | Fuente: Catholic-link.com
El Adviento es un tiempo de espera. Personalmente es una época que disfruto mucho, no necesariamente porque implica la celebración de la Navidad, sino porque es un tiempo de expectativa, de estar vigilantes, así como nos decía el Evangelio el domingo pasado.
Estamos a la espera del Rey de reyes que nos trae la promesa de la vida y la felicidad eternas. Hemos sido invitados a participar en el más grande de los banquetes, somos unos simples invitados que para ingresar necesitan, en primer lugar, querer hacerlo y hacerse de un “vestido” apropiado: revestirse de Dios. En este sentido, las virtudes son un camino infalible para conseguir este “vestido” para presentarnos delante de Dios. Aprovechemos este Adviento para ir reflexionando y conquistando nuestra propia vida mediante las virtudes, hoy hablaremos de la templanza:
La Templanza
La templanza es una virtud de la que se habla poco y se sabe menos, sin embargo, es fundamental en nuestras vidas. «Es aquella fuerza interior que nos ayuda a ordenar nuestros estados de ánimo, de manera que se expresen con armonía, proporción y serenidad». Es esa capacidad que nos permite experimentar la paz de espíritu. Es una virtud que tiene que ver con el conocimiento y el dominio de uno mismo, lo que se irradia a los demás, creando un ambiente acogedor, templado, seguro y suave. Esta es una virtud que, para hacerla crecer, necesitamos relacionarnos con nosotros mismos, es ahí donde radica la dificultad. Aquí algunos consejos.
1. Empieza en la intimidad de la familia
Como todo aprendizaje, el mejor lugar para empezar a aprender es la familia. Son los padres los primeros en inculcar con el ejemplo las virtudes. Y en este sentido la templanza se evidenciará en el ambiente de seguridad, calma y afecto que se les de a los niños, así como en el trato cotidiano. El amor bueno y recto es el camino seguro hacia la templanza. Un camino donde el egoísmo no tiene cabida.
2. Aprecia la austeridad
En esta época del año la austeridad parece un concepto inexistente. Los regalos, las fiestas, los banquetes y los adornos están a la orden del día. Voltear la mirada hacia la austeridad puede parecer difícil, sin embargo, el ser austero implica mirar hacia adentro y hacerse la pregunta: ¿realmente necesito esto o es simplemente por el gusto de tenerlo o aparentar?
3. Aprende a moderar el gusto
Y esto tiene que ver con el punto anterior. Muchas veces, le hacemos más caso a lo que nos gusta que a lo que tenemos o necesitamos hacer. Recordemos que no porque nos guste hacerlo es necesariamente bueno. A veces, puede gustarnos algo que es nocivo para nosotros, yéndonos a un extremo, la adicción a las drogas ilustra muy bien a lo que me refiero. En lo cotidiano podemos tener ciertas “adicciones” que vencer. Empecemos con pequeñas renuncias como, por ejemplo, dejar de comer en exceso o solo lo que nos agrada, moderar la forma de vestirnos o estar excesivamente pendiente de ella, etc.
4. Protege y cultiva los momentos de silencio
Las nuevas tecnologías han traído muchos beneficios, pero hemos llegado al punto en que estamos constantemente conectados con ellas, recibiendo y enviando información de todo tipo, todo el tiempo. En esta situación, el silencio es el gran ausente. Empezar a buscar espacios en los que aprendamos a hacer silencio es fundamental. La oración es buen momento para empezar.
5. Dale espacio a tu crecimiento espiritual
Y aquí no me refiero a estudios tipo las matemáticas o el cálculo, sino empezar a estudiar temas que te enriquezcan en tu crecimiento personal, tales como el arte, la música, los temas de fe y conocimiento personal. Conocer los distintos caminos espirituales del a Iglesia, las virtudes, la Palabra de Dios, etc., todo eso te ayudará para tener más claro tu propio camino de conversión y acercamiento al Señor.
6. Aprende a observar
La templanza es una virtud, que si bien, tiene que ver con la relación que uno tiene consigo mismo, nada tiene que ver con el egocentrismo y mucho menos con el egoísmo. Aprende a observarte y a observar a los demás desde una mirada compasiva y comprensiva de la realidad. Aprende a buscar en cada detalle concreto de tu vida, qué es lo que quiere Dios de ti.
