
Lorenzo, Santo
Memoria Litúrgica, 10 de agosto…
- Hoy también se festeja a:
- • Antonio González Penín, Beato
- • Victoriano Calvo Lozano, Beato
- • José Javier Gorosterratzu, Beato
- • Arcángel de Calatafino Piacentini, Beato
- • Lázaro Tiersot, Beato
Ser fecundoSanto Evangelio según san Juan 12, 24-26.
Martes XIX del Tiempo Ordinario
Por: David Mauricio Sánchez Mejía, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, por darme una misión en el mundo. Me llamas a ser feliz y quieres que por amor me entregue al servicio de los demás. Ayúdame, Señor, a descubrir aquello que esperas y dame la fortaleza para cumplirlo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cristo dirige a sus discípulos estas palabras mientras se acerca la hora de su pasión. Sabe que quien no se da por completo, no es plenamente feliz, por eso les dice estas palabras tan fuertes. Está convencido que aquello que vale la pena no es fácil y por eso no oculta las dificultades que van a enfrentar, ni reduce el impacto de esta realidad.
Cristo te invita a seguirlo y no quiere que te engañes. No será fácil, ni podrás servir a dos amos, pero promete que si lo sigues de todo corazón, alcanzarás la auténtica felicidad. No te promete dinero, ni te asegura el cariño de la persona a quien buscas con tanto esmero, pero te promete que junto a Él descubrirás el amor y la alegría que nunca terminan.
«La esperanza debe siempre mirar al mundo con los ojos de los pobres y desde la situación de los pobres. Ella es pobre como el grano de trigo que muere, pero tiene la fuerza de diseminar los planes de Dios. La riqueza autosuficiente con frecuencia priva a la mente humana de la capacidad de ver, sea la realidad del desierto sea los oasis escondidos. Propone respuestas de manual y repite certezas de talkshows; balbucea la proyección de sí misma, vacía, sin acercarse mínimamente a la realidad. Estoy seguro que en este difícil y confuso pero provisorio momento que vivimos, las soluciones para los problemas complejos que nos desafían nacen de la sencillez cristiana que se esconde a los poderosos y se muestra a los humildes: la limpieza de la fe en el Resucitado, el calor de la comunión con Él, la fraternidad, la generosidad y la solidaridad concreta que también brota de la amistad con Él».
(Discurso de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar el tiempo para en silencio reflexionar y responder, ¿qué me impide confiar y buscar al Señor? Y hacer algo al respecto.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El gran león de Dios
La vida del apóstol Pablo es por demás apasionante
Por: Maleni Grider | Fuente: ACC (www.agenciacatolica.org)

He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe; sólo me queda recibir la corona merecida, que en el último día me dará el Señor, justo juez; y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida.
2Timoteo 4:7-8
La vida del apóstol Pablo es por demás apasionante. Nacido en el seno de una familia judía, y siendo también ciudadano romano, Saulo de Tarso estudió en la escuela de los más destacados doctores de la Ley. Era letrado en filosofía, teología, lingüística, y otras disciplinas. Hablaba Latín, Griego, Hebreo y Arameo.
Fue perseguidor atroz de la entonces considerada secta cristiana en el primer siglo. Los primeros cristianos se denominaron a sí mismos como los “Nazarenos” o “los del Camino” (Hechos 24:5). Fue en Antioquía donde se les llamó “cristianos” (pequeños Cristos) por primera vez. Pablo participó en el asesinato del mártir Esteban y puso a muchos cristianos en la cárcel. Saulo no conoció personalmente a Jesucristo, sino hasta el momento en que éste se le apareció en su camino a Damasco, lo tiró del caballo y lo dejó ciego por unos días.
A partir de entonces, Saulo se convirtió en el apóstol más activo de todos los seguidores de Jesús en aquella época. Casi la mitad del Nuevo Testamento está constituido por las Epístolas que Pablo escribió a las iglesias y habitantes del mediterráneo, a fin de contestar sus dudas sobre la fe cristiana o para corregir errores acerca de la misma. De este modo, el apóstol estableció con denuedo los fundamentos de la doctrina cristiana.
En sus viajes misioneros, cada uno de los cuales duró varios años, Pablo anunció la salvación por la gracia y predicó el perdón de los pecados, así como el bautismo del Espíritu Santo, en oposición a los rudimentos de la ley judaica. Dedicado a la misión evangelizadora, fue constantemente perseguido por los judíos, al igual que su Maestro, y también hostigado en diferentes regiones.
Debido a que fue enviado a predicar el evangelio entre los gentiles, el cristianismo de expandió con rapidez. Pablo hacía prodigios, hablaba con el poder del Espíritu Santo ante autoridades religiosas y políticas, así como ante las multitudes, y miles eran convertidos.
Partiendo de Antioquía junto con Bernabé, el apóstol viajó también al Asia Menor con Silas, a Grecia (Europa), Filipos, Éfeso, Atenas (donde habló sobre el único Dios y rechazó la idolatría a otros dioses), etcétera. Padeció persecución, fue apedreado, puesto en la cárcel, naufragó en la Isla de Malta en el mar Mediterráneo y casi pierde la vida junto a otras más de doscientas personas (Hechos 27 y 28), entre ellos Lucas, el médico que guardó en su memoria estos acontecimientos y a quien se le atribuye el Libro de los Hechos.
Tras el sufrimiento, hambre, encarcelamiento, persecución, Pablo se constituyó en Apóstol, su obra en el Reino de los Cielos fue una piedra medular. Su conversión inicial fue espectacular, o mejor dicho, sobrenatural. También, Pablo fue llevado al tercer cielo (2 Corintios 12), como una bendición especial de Dios, y también le fue dado un aguijón en su cuerpo para que no se gloriara de dicha experiencia.
Pablo presintió su muerte. Escribió a Timoteo “… estoy a punto de ser sacrificado y el tiempo de mi partida está cercano”. La tradición dice que murió decapitado en Roma, pues hablaba con pasión sobre la resurrección de los muertos.
El gran león de Dios es digno de ser recordado, leído e imitado. Un verdadero siervo, quien llevó por todas partes “las marcas del Señor Jesús en su cuerpo”. (Gálatas 6:17)