
Godofredo de Amiens, Santo
Obispo, 8 de noviembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Antolín Pablos Villanueva, Beato
- • Manuel Sanz Dominguez, Beato
- • Isaías Boner, Beato
- • María Crucificada (Isabel María) Satellico, Beata
- • Juan Duns Escoto, Beato
Sólo hicimos aquello
Santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10. Martes XXXII del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Te doy gracias por el don de ser cristiano. Mi nombre es según mi modelo: Cristo. Mi virtud la caridad. Y la fuente de mis fuerzas no soy yo, sino tu gracia, en quien tengo puesta mi esperanza. En tus manos mi oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’?”. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Soy tan sólo un siervo, tan sólo una sierva. Ciertamente la parábola se ha referido a mí. Es bueno que a veces me pongas en mi lugar, he de admitirlo, Señor. Pues es verdad: yo soy consciente de todas esas ocasiones en que me crezco, en que me reconozco cuanto hago, en que siento que merezco aplausos por una obra buena. Sí, si alguna vez hago algo bueno, suelo pensar que ha sido sólo obra mía, venida de mi propia iniciativa, salida de mis propias fuerzas solamente.
Por ejemplo, si concedo una sonrisa a una persona y veo un fruto bueno, si veo una exteriorización de simpatía en el otro a razón de mi gesto, tiendo a convencerme de que he hecho algo bueno por mi mérito. Tal vez no espero que me aplaudan literalmente, pero disfruto en mi interior de alguna forma al saber que logré algo. Lo mismo que si doy limosna, y veo que el pobre se sonríe; lo mismo que si ayudo en la lectura del domingo y sé que serví en la santa misa. Experimento en mí una sensación natural de triunfo.
El problema, ciertamente, no reside en disfrutar la dicha de servir, en sentir satisfacción al completar una obra digna de alabanza, en experimentar agrado al realizar un acto de virtud, no. Pero siempre he de recordar que por mí mismo, por mí misma nada puedo. Eres Tú, Señor, quien me sostiene, quien me lleva… y quien me pide incluso más. Un «más» que en ocasiones significará acrecentar la cantidad de obras buenas, o un «más» que supondrá aumentar la calidad de mis obras, aquel amor con que realizo mis «servicios», mis responsabilidades, sea en mi familia, en mi apostolado, o en mi entorno. Y confío que Tú me sostendrás también, y que la dicha de vivir según tu corazón es siempre más grande -que la de un simple triunfo personal.
Así pues, «también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’».
«El Señor, mediante la Iglesia, te llama una vez más a servir; y te hará bien al corazón repetir en la oración la expresión que Jesús mismo sugirió a sus discípulos para mantenerse en la humildad: “Digan: ‘Somos simples servidores’”, y esto no como fórmula de buena educación sino como verdad después del trabajo “cuando hayan hecho todo lo que se les mande”».
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de enero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy rezaré unos minutos en presencia de Cristo en una capilla, pidiendo el don de la verdadera humildad, para poder ser un buen servidor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Mejor no me hables de Dios, me incomoda y yo ya sé lo que tengo que saber
Unos pocos conceptos que debemos tener claros cuando alguien nos expresa ideas como la del título a este artículo
Por: Kristina Hjelkrem | Fuente: Catholic-link.com

El católico que ama a Dios tiene un gran deseo de compartir ese amor con los demás, de evangelizar. Puede ser que muchas veces te hayas encontrado con alguien que no piensa o vive como tú y entonces hayan entablado un debate. En éste puedes encontrarte con dos tipos de cristiano: el no practicante o ateo, que puede tener muy estudiado porque prefiere llevar una vida paralela al Señor y a las enseñanzas de la Iglesia (corrientes de pensamiento distintas, el big bang, inexistencia de una vida después de la muerte, etc.), pero también aquellos que prefieren apartarse, por Dios y por la Iglesia en sí mismos…
Está claro que la humanidad está muy herida: hay grandes injusticias en el mundo que no parecen tener solución y las personas se enfrentan a circunstancias personales cada vez más complejas. En la continua búsqueda de consuelo y descanso, el escuchar de amor y misericordia es lo único que el corazón realmente anhela; pero a veces la dinámica de la libertad del hombre y la bondad de Dios, es muy compleja para el corazón.
Me encanta una de las frases con las que comienza la segunda parte del video: «Mi intención es simplemente que sepas que lo que te han enseñado desde pequeño, no es todo lo que hay». Creo que esa debe ser nuestra actitud al evangelizar.
La Iglesia es Santa y es de Cristo, pero a la vez se encuentra compuesta por personas que se equivocan y pecan. Los horrores que la sociedad a veces “achaca” a la Iglesia se pueden atribuir solo a ciertas personas concretas que están en ella, y suelen tratarse de actos que la misma Iglesia condena como equivocados. Invitar a ver que los errores de ciertos miembros de la Iglesia “no es todo lo que la Iglesia es”, es invitar a conocer a los grandes santos como San Juan Pablo II y Santa Madre Teresa de Calcuta, es invitar a participar de las actividades que organizan las parroquias para atender a enfermos y pobres, es invitar a estudiar las enseñanzas de la Iglesia que iluminan la vida del hombre (p.e. Teología del cuerpo de San Juan Pablo II, Amoris Laetitia del Papa Francisco, etc.).
De la misma forma, respecto de Dios, debemos invitar a ver que el dolor, la muerte y los errores de las personas “no es todo lo que hay”, hay más: hay Amor, Belleza, Bondad. Uno de los mayores errores de los corazones de las personas de nuestro tiempo es identificar a Dios con las personas que lo siguen. Por poca falta que haga decirlo, existe una gran diferencia, Dios es el amor perfecto, mientras que los seres humanos de forma imperfecta intentamos llegar al amor. Dios no se va a equivocar, no te va a herir, literalmente solo quiere amar al mundo entero.
Como apóstoles de Cristo es importante tener estas ideas claras para que sepamos no solo comprender a las personas que no confían en la imagen de la Iglesia o de Dios, pero para también saber llevarles a conocer a Dios verdaderamente, quitando del debate esas “sombras” que no se les pueden atribuir a Él.