Godofredo de Amiens, Santo
Obispo, 8 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • Antolín Pablos Villanueva, Beato
- • Manuel Sanz Dominguez, Beato
- • Isaías Boner, Beato
- • María Crucificada (Isabel María) Satellico, Beata
- • Juan Duns Escoto, Beato
Sólo aquello hicimos
Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey Nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Te doy gracias por el don de ser cristiano. Mi nombre es según mi modelo: Cristo. Mi virtud la caridad. Y la fuente de mis fuerzas no soy yo, sino tu gracia, en quien tengo puesta mi esperanza. En tus manos mi oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’?”. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?
Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Soy tan sólo un siervo, tan sólo una sierva. Ciertamente la parábola se ha referido a mí. Es bueno que a veces me pongas en mi lugar, he de admitirlo, Señor. Pues es verdad: yo soy consciente de todas esas ocasiones en que me crezco, en que me reconozco cuanto hago, en que siento que merezco aplausos por una obra buena. Sí, si alguna vez hago algo bueno, suelo pensar que ha sido sólo obra mía, venida de mi propia iniciativa, salida de mis propias fuerzas solamente.
Por ejemplo, si concedo una sonrisa a una persona y veo un fruto bueno, si veo una exteriorización de simpatía en el otro a razón de mi gesto, tiendo a convencerme de que he hecho algo bueno por mi mérito. Tal vez no espero que me aplaudan literalmente, pero disfruto en mi interior de alguna forma al saber que logré algo. Lo mismo que si doy limosna, y veo que el pobre se sonríe; lo mismo que si ayudo en la lectura del domingo y sé que serví en la santa misa. Experimento en mí una sensación natural de triunfo.
El problema, ciertamente, no reside en disfrutar la dicha de servir, en sentir satisfacción al completar una obra digna de alabanza, en experimentar agrado al realizar un acto de virtud, no. Pero siempre he de recordar que por mí mismo, por mí misma nada puedo. Eres Tú, Señor, quien me sostiene, quien me lleva… y quien me pide incluso más. Un «más» que en ocasiones significará acrecentar la cantidad de obras buenas, o un «más» que supondrá aumentar la calidad de mis obras, aquel amor con que realizo mis «servicios», mis responsabilidades, sea en mi familia,en mi apostolado, o en mi entorno. Y confío que Tú me sostendrás también, y que la dicha de vivir según tu corazón es siempre más grande -que la de un simple triunfo personal.
Así pues, «también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’».
«El Señor, mediante la Iglesia, te llama una vez más a servir; y te hará bien al corazón repetir en la oración la expresión que Jesús mismo sugirió a sus discípulos para mantenerse en la humildad: “Digan: ‘Somos simples servidores’”, y esto no como fórmula de buena educación sino como verdad después del trabajo “cuando hayan hecho todo lo que se les mande”».
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de enero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy rezaré unos minutos en presencia de Cristo en una capilla, pidiendo el don de la verdadera humildad, para poder ser un buen servidor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Manipulación afectiva
Por: Adolfo Güémez | Fuente: Analisis y Actualidad

Manipulación afectiva
Hay mucha gente que se siente manipulada. ¡Sin embargo hay aún más que de hecho están siendo manipulados, pero no se han dado cuenta! Y piensan que la vida tiene que ser así. Que una relación amorosa, laboral o de amistad funciona de esa manera siempre. ¡Pero no!
Manipular significa utilizar a otros para mis propios intereses. La mayor parte de las veces se hace a base de mentiras o de injusticias.
Claro que todos tenemos intereses. Y deseamos alcanzarlos. Lo vemos desde un niño que patalea en el supermercado para que su mamá le compre lo que quiere, hasta una esposa que coquetea con otros para celar a su marido.
Pero una cosa es un hecho, y otra es una actitud. Porque muy distintos son los actos aislados que todos podemos realizar inconscientemente, con respecto a la actitud de manipulación constante en la que se puede basar una o varias relaciones interpersonales.
«Padre, mi marido no me da dinero si no hago todo, ¡exactamente todo!, lo que él me dice y de la manera en que a él le agrada.»
Una persona manipuladora sabe qué tecla tocar para lograr sus objetivos. «Es que tengo miedo de que me corran de mi trabajo, por eso he accedido a actuar de una manera con la que no estoy de acuerdo.»
Todo esto puede parecer inofensivo, y sin embargo, un manipulador lo que logra no es que hagas tal o cual cosa, sino que te conviertas en un objeto que puede usar a su gusto. Llegas a ser una pieza de ajedrez con la cual puede jugar a su antojo.
De esta manera, la autoestima de la persona abusada llega a estar por los suelos, llegando a pensar incluso que si no hace lo que el manipulador le pide, entonces su trabajo o su misma persona no tendrá ningún valor. Pautas a seguir:
1. Lo primero que tienes que hacer es descubrirlo. No es fácil, porque el manipulador es un camaleón. Y puede pasar de un comportamiento impositivo, agresivo y violento, a uno sereno, amistoso y sonriente.
Sus reacciones, por eso, serán siempre impredecibles. Un día pueden estar felices, y al siguiente exasperados hasta por el más mínimo detalle.
Si algo sale mal, jamás aceptará su responsabilidad. Si algo sale bien, se atribuirá la mayor parte del mérito.
La burla, el sarcasmo y las críticas son su arma preferida.
2. Ahora es importante que te analices a ti mismo(a), para ver hasta dónde te ha afectado una relación así:
– Has perdido seguridad, te sientes vulnerable, débil, sin posibilidad de defenderte.
– Temor excesivo a equivocarte. Haces todo lo posible con tal de no molestar al otro(a). Tu principal preocupación es ésta.
– Tu autoestima ha disminuido considerablemente. Lo que antes estabas seguro(a) de poder hacer, ahora te lo cuestionas siempre.
– Te cuesta tomar decisiones, porque estás al pendiente de lo que el otro pueda pensar.
– No te crees capaz de romper con esta manera de relacionarte.
Y si aún dudas, pregunta a tus familiares y amigos más cercanos si te ven de esta manera o no.
3. Pero ahora, ¿qué hay que hacer?
Lo primero es pedirle luz a Dios para que te ilumine y sepas qué pasos dar. No siempre se trata de romper la relación, como de sanarla. Porque, como dice Jesús, sólo la verdad nos hará libres.
Recuerda que para que haya una manipulación tiene que haber un manipulador y un manipulado. Poco podrás hacer para cambiar al manipulador, ¡pero transformarte a ti mismo(a) está completamente en tu poder!
No des la batalla solo(a), busca apoyo afectivo en tus amigos y familiares, sicológico si lo necesitas, y espiritual.
Si la situación de abuso es insostenible, tendrás que tomar decisiones drásticas.
Acéptate como eres, con tus defectos y virtudes, pero recuerda que tienes un valor y una dignidad infinitos. Esto no depende del hecho de que los otros lo reconozcan o no. Simplemente es así. Y la primera persona en aceptarlo debes ser tú mismo(a)
Toma decisiones, aunque no tengas toda la certeza de que serán las mejores. No te precipites, pero tampoco lo alargues de manera excesiva.
Y por último, aprende a decir “no” cuando se te pida que hagas algo en contra de tu propia dignidad. ¡Nadie, jamás, puede ser utilizado en contra de su propia libertad!
