Gúdula, Santa
Patrona de Bruselas, 8 de enero …
Hoy también se festeja a:
- • Tito Zeman, Beato
- • Francisco Mitjá Mitjá, Beato
- • Lorenzo Giustiniani, Santo
- • Eurosia Fabris, Beata
- • Gúdula, Santa
El ingrediente secreto
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: www.missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que mi amor por Ti produzca alimento para muchos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer». Él les replicó: «Denles ustedes de comer». Ellos le dijeron: «¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para dar les de comer?». Él les preguntó: «¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver». Cuando lo averiguaron, le dijeron: «Cinco panes y dos pescados».
Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.
Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El tratamiento contra el cáncer de mi papá era muy costoso, y de paso teníamos que dejar algo de dinero de reserva por si ocurría una emergencia. Esto ocasionó que el dinero dejara de ser abundante como antes e incluso, llegó la noche donde lo único que teníamos para comer era un kilogramo de harina de maíz y mantequilla. Mi mamá nos hizo arepas y, para mí y mis hermanos, fue la mejor cena desde mucho tiempo atrás; todos quedamos muy llenos, porque el ingrediente principal fue el amor.
Los cinco panes y los dos peces representan las arepas de mi mamá, es todo aquello que podemos hacer, es lo que tenemos y podríamos dar a las personas que amamos, ya sean mis cualidades u otra cosa. En el Evangelio, el hecho de darlos a los demás significa que todo lo que tengo o soy, es para alguien más. Ahora cabe preguntar, ¿cuántas arepas quiero cocinar? ¿Estoy dispuesto a dar mis únicos cinco panes y dos peces?
La arepa, en sí sola, no sabe del todo bien, mi mamá le colocó mantequilla y con eso supo muy sabrosa. El amor hace que todo lo que hagamos sepa sabroso; el amor es el ingrediente importante en todo lo que hacemos, en todo aquello que damos a la persona amada, porque Dios es amor. Entregar mis panes y peces a Dios es decir que no pienso en mí, sino que amo a mi prójimo, que amo a Dios. El amor es lo que importa, así como las arepas o tortillas, panes o peces, no saben bien sin la mantequilla, nada sabe bien sin Dios que es amor.
Cocinemos todo el kilo de harina y hagamos arepas, y al entregar nuestro ser al hermano, coloquémosle mantequilla, y confiemos en que, con Dios, las arepas siempre van alcanzar para todos y nos saciarán, porque el amor siempre llena, porque Dios es nuestro todo.
«El poco dinero que Jesús y los apóstoles poseen, de hecho, no bastan para quitar el hambre de aquella multitud. Y he ahí que Andrés, otro de los Doce, conduce hasta Jesús a un chico que pone a disposición todo lo que tiene: cinco panes y dos peces; pero ciertamente —dice Andrés— no son nada para tantos. ¡Bueno este chico! Valiente. También él veía a la multitud y veía sus cinco panes. Dice: «Yo tengo esto: si sirve, estoy a disposición». Este chico nos hace pensar… esa valentía… los jóvenes son así, tienen valor. Debemos ayudarlos a llevar adelante ese valor.»
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de julio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Entregaré parte de mi tiempo a una persona que necesita de consuelo y acompañamiento.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué se hizo bautizar Jesús?
Por: P. Guillermo Juan Morado | Fuente: Infocatolica
Jesús no tenía necesidad de ser bautizado. Juan Bautista acertaba plenamente al decir: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias» (cf Mc 1,7-11). El bautismo de Juan, que no es todavía el sacramento cristiano del bautismo, era un bautismo de penitencia, que expresaba el deseo de ser purificado de los pecados. Ningún pecado había en Jesús. Él es el Santo, el Inocente, el Hijo de Dios.
¿Por qué, entonces, quiso Jesús ser contado entre los pecadores y, como algunos de ellos, dejarse bautizar por Juan? En el gesto de Jesús descubrimos su solidaridad redentora. Se hace uno de los nuestros, para compartir hasta el fondo nuestra suerte y así poder transformarla. En realidad, no es el agua del Jordán la que purifica a Jesús, sino que es Él, dejándose sumergir en el agua, quien confiere al agua el poder de santificar.
La inmersión de Jesús en el Jordán prefigura su inmersión en la muerte. El Señor no sólo se dejó contar entre los pecadores, sino se apropió de todo el pecado de los hombres y asumió la consecuencia de ese pecado, la muerte. Haciendo suya la muerte la destruyó desde dentro, trasformándola en vida, al igual que convirtió el agua del Jordán en agua de vida.
El Señor, que posee el Espíritu en plenitud, puede comunicarlo a los suyos por medio de un Bautismo que ya no es, como el de Juan, un mero signo de penitencia, sino una participación sacramental en su Pascua. Al recibir el sacramento del Bautismo por el agua y el Espíritu Santo somos verdaderamente regenerados; morimos al hombre viejo, al pecado, y renacemos como hombres nuevos, como hijos adoptivos de Dios por la gracia, como miembros de la Iglesia.
El evangelio dice que apenas salió Jesús del agua se «rasgó el cielo». Los cielos se abrieron, comenta Santo Tomás de Aquino, para mostrar los elementos que pertenecen a la eficacia de nuestro Bautismo. Una eficacia que proviene, no de las fuerzas humanas, sino de la virtud del cielo. Una eficacia relacionada con la fe del que se bautiza y con la fe de la Iglesia, mediante la cual «contemplamos las cosas del cielo, que superan los sentidos y la razón humanos». Y, además, «se abrieron los cielos, para manifestar que el camino del cielo queda abierto para los bautizados» (STh III 39 5).
Debemos perseverar en la oración para que este nuevo nacimiento, que ha tenido lugar en nuestro Bautismo, llegue a su plenitud, a su cumplimiento, que no es otro que el cielo; la amistad con Dios, la comunión con Él y con todos los bienaventurados.
