Ustedes son la luz del mundo y sal de la tierra
Tiempo Ordinario
Por: P. Cristian González | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Oración introductoria
Dios mío, me has llamado a la santidad. Ilumina mi mente y mi corazón en esta oración para descubrir dónde se encuentra la verdadera felicidad, sólo ésta quiero desear y no las burdas imitaciones que me ofrece el mundo.
Petición
Señor, te pido que deje entrar tu luz a mi conciencia para ser sal que ilumine y dé sabor a la vida de los demás.
Meditación del Papa Francisco
¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla… Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de corazón, si seréis misericordiosos… ¡Ustedes serán la sal de la tierra y la luz del mundo!
Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos «sabor» a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).
Reflexión
«Miren cómo se aman» decían de los primeros cristianos. Ése era su distintivo: el amor.
Parecería que Cristo nos está pidiendo que no seamos humildes: «Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras -pero es ahora donde viene lo importante:- y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
No dejemos de hacer el bien por esa falsa humildad, el secreto está en que no nos glorifiquen a nosotros sino a Dios, pero recordemos que somos luz, sal, estamos hechos para brillar, para dar sabor, que el mundo vuelva a sentir nuestra presencia, y que cuando nos vean tengan que exclamar asombrados: «Miren cómo se aman». Miren cómo brillan en el mundo, miren cómo iluminan el camino, son como una lámpara que hay que poner en lo alto, para que alumbre a todos. No se nos olvide que somos lámpara, llevamos la luz en nosotros, pero la luz es Cristo, es a Él a quien tienen que dar gloria. Se tienen que admirar de la luz, que es Cristo.
Cristo hace milagros. Dice el evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo cristiano, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay uno que se lo puede devolver, confía en que hay uno que puede hacerte ser otra vez sal de la buena, de ser sal insípida a ser sal que da sabor. Si tú te consideras una lámpara sin luz, de esas que sí se tendrían que poner debajo del celemín porque ya no alumbran, acércate a Cristo porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará ser lo que debemos ser y así prenderemos fuego al mundo entero.
Así podrán exclamar un día también de nosotros como exclamaban de los primeros cristianos: «Miren cómo se aman». ¡Ánimo! ¡Como los primeros!
Propósito
Ser el primero en disculparme u ofrecer una solución en alguna discusión que se presente.
Diálogo con Cristo
Jesús, me llamas a ser la sal y la luz para los demás, esto implica que mi testimonio de vida, palabras y acciones deben ser un reflejo de tu amor, de tu misericordia infinita. Tu gracia es la fuente para la felicidad. Ayúdame, Señor, a guiarme en todo por el Espíritu Santo, para que Él sea quien edifique, en mí, al auténtico testigo de tu amor.
¿Selfie mientras ayudas?
Por: Carlos J. Díaz Rodríguez | Fuente: http://www.religionenlibertad.com

Todo estrategia de redes sociales para hacer conciencia sobre la importancia de aportar tiempo, dinero y esfuerzo a favor de los más necesitados es bien recibida; sin embargo, cuando el que ayuda monta prácticamente un escenario en medio de la selva para hacer de su labor un ejemplo de narcicismo, pierde credibilidad. Entonces, ¿tiene algo de malo tomarse una selfie con alguien necesitado? Depende de la intención con que se haga. Lo cierto es que hay que tener cuidado de no jugar con la imagen del que sufre para aparentar bondad.
Cuando te encuentras con un niño que no sabe leer ni escribir o una señora diabética que carece de lo necesario para poder solventar su tratamiento, lo último que se te debería de ocurrir es sacar el celular (móvil) para tomarte una fotografía con alguien que lo está pasando tan mal que posiblemente no tenga fuerzas para sonreír. ¿Será que nos importa más el escenario que la historia real? Todas estas preguntas nos ayudan a entender mejor cómo vivir de una manera profunda, realmente sensible a las dificultades por las que atraviesan muchas personas alrededor del mundo. Cuando le llevaban un moribundo a la M. Teresa de Calcuta, no les decía: “¡Espera!, dame dos minutos en lo que voy por la cámara”. En el fondo, lo que nos falta es sentido común. Por esta razón, vale la pena hacer conciencia y, desde ahí, darnos cuenta que los pobres, la gente que pasa por alguna situación dolorosa, no son para tomarlos como cartel de “¡qué buenos somos!”. Al contrario, se trata de atenderlos, escucharlos y hacer lo que esté en nuestras manos por revindicar su dignidad, pero sin buscar premios o aplausos. De lo contrario, caemos en las palabras y en los gestos vacíos, superficiales.
¿Selfie al ayudar? Mejor invertir ese tiempo para despertar y tomar acciones concretas a favor de la realidad social sin ideologías o slogans meramente publicitarios. Si, después de conocer a la persona, te dice: “vamos a tomarnos una fotografía del recuerdo”, la cosa cambia, adquiere un nuevo significado y lo que capte la cámara será la memoria de un día especial y no una forma de lavarse la conciencia ¡con agua sucia! Vale la pena ir cambiando el enfoque de nuestras acciones. El momento es ahora.
