Cayetano de Thiene, Santo
Memoria Litúrgica, 7 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Donato de Arezzo, Santo
- • Leoncio (Ramón Rusell Laboria), Beato
- • Jaime (Armando Oscar Valdés), Beato
- • Manuel Sancho Aguilar, Beato
- • Francisco Gargallo Gascón, Beato
¡Sálvame Señor!
Por: H. Rubén Tornero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Ap.: Jesús, gracias por este momento que me regalas para poder encontrarme contigo. Tú me has traído hasta aquí. Sabes bien como me encuentro, cuáles son mis miedos, mis alegrías, mis inquietudes y triunfos. Todo lo quiero poner en tus manos Jesús. Te doy las gracias por todos los momentos que hemos pasado juntos a lo largo de mi vida. Siempre has estado a mi lado, aun cuando no he sabido descubrirte o no he sido consciente de ello. Gracias Jesús. Ayúdame a abrir el corazón para poder recibir tu gracia y todo el amor que me tienes.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: «¡Es un fantasma!» Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: «Tranquilícense y no teman. Soy yo».
Entonces le dijo Pedro: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua». Jesús le contestó: «Ven». Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: «¡Sálvame, Señor!» Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: «Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, en este Evangelio, me muestras hoy como los discípulos enfrentan vientos contrarios. Veo a los discípulos llenos de miedo. En mi vida diaria Jesús, tantas veces he sentido también vientos contrarios: enfermedades, sufrimientos, personas queridas que se marchan sin más explicación, momentos en los que parece que lo que he construido en tanto tiempo y con tanto esfuerzo, en un instante desaparece dejando profundas heridas en mi corazón… y ¿sabes Jesús? Yo también, como los discípulos, he tenido miedo, me he cuestionado muchas veces si todo valió la pena. A veces en mi dolor, me he dirigido a Ti, unas veces con ira, y otras con lágrimas en los ojos. Unas con gritos, otras con lágrimas silenciosas. Nada te pasó por alto. Viniste a mí. Te vi en medio de la tribulación… pero no te reconocí. Tuve miedo.
Te pregunté dónde estabas, por qué permitías que en mi vida las cosas no salieran como yo quería, te pedí señales, milagros… Solo me miraste, y me llamaste.
Lo intenté, pero sabes que soy débil. Tantas veces traté de ir a tu lado, de confesarte lo que me pasaba, buscando refugio en tu mirada y calor en tus brazos… pero no llegué, me quedé a medio camino… pero aun así, no me abandonaste. Te grité y me tendiste la mano. Jamás me abandonaste.
Gracias Jesús por jamás soltarme, por siempre estar a mi lado sin importar nada. Gracias Jesús. No permitas que me canse de llamarte, incluso cuando todo parezca perdido. Hazme confiar y nunca me dejes. Dame la gracia de jamás dudar de tu presencia en mi vida.
Jesús ha transitado y transita, para ofrecer su presencia y su palabra fecunda, para sacar de las tinieblas y llevarnos a la luz y a la vida. Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, ellas son santuarios de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré recordar, delante de Jesús Eucaristía o de un crucifijo, un momento difícil en el que Jesús me haya sostenido y se lo agradeceré de nuevo, renovando mi confianza en Él.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué es lo que nos causa más estrés?
Por: Lucia Legorreta | Fuente: yoinfluyo.com
“No hay estrés en el mundo, solo gente creando pensamientos estresantes y luego actuando sobre ellos”.
Escuchamos hablar mucho del estrés, del daño que causa en nuestra vida. Sabemos que bloquea la zona del cerebro que se encarga de la resolución de problemas; que produce una distorsión entre lo que sucede y la interpretación que hacemos de la realidad.
Hace que seamos menos optimistas y que perdamos la empatía con quienes nos rodean. Causa ansiedad, nos hace pensar que en el futuro no nos irá bien y nos impide tomar buenas decisiones.
Y podríamos continuar con más y más, pero mejor vayamos a las causas principales y tratar en lo posible de disminuirlas.
Hoy, comparto contigo las cinco causas o elementos mencionadas por la psiquiatra española Marian Rojas, amiga mía, que están incrementando el estrés tanto en hombres como en mujeres en nuestra sociedad:
1. La obsesión por aprovechar el tiempo:
Hoy en día vivimos expuestos a un convencimiento que resulta muy perjudicial para la sociedad: la prisa y la aceleración producen mayores y mejores resultados. Si alguien comenta “no tengo tiempo…tengo prisa, lo asimilamos como normal y correcto. En cambio, cuando alguien señala que le sobra tiempo, uno se sorprende y lo juzga negativamente.
El ser humano únicamente posee una vida, y desaprovecharla genera sentimientos de angustia. Aparece la culpa cuando uno observa que el tiempo no es rentable o no ha sido bien exprimido. Existe una obsesión constante de llenar el tiempo de actividades productivas.
Nos olvidamos que si dejamos fuera todo aquello que nos gusta, con el tiempo uno deja de ser capaz de disfrutar de las cosas agradables que aportan felicidad.
2. Estar conectados: la tecnología
Hace unos años, se veía a las personas en el metro o en el autobús leyendo, escuchando música o simplemente mirando. La mente podía estar en blanco o soñando algo. Hoy en día, no solo en el metro o autobús, sino en un elevador, consultorio o hasta caminando vemos a hombres y mujeres de todas las edades enfrascados en su celular o computadora.
Investigaciones advierten que la “sobre estimulación” temprana puede, no sólo originar desórdenes en el ámbito del manejo del estrés, sino también influir en el proceso de atención y aprendizaje
Para reflexionar hacia donde vamos y como está nuestra vida hace falta tiempo, silencio, espacio, atención, tranquilidad, sosiego y paz. Todos estos ingredientes se diluyen su estamos inmersos en la tecnología por horas y horas.
3. Perder el control:
Tercera causa del estrés. Para el ser humano es más importante tener la razón que vivir. Cuesta aceptar que uno está equivocado. La mente manda, ordena y controla.
El deseo de controlarlo todo genera una gran angustia. Hay que fiarse de la vida, de las buenas intenciones y de los grandes corazones.
Cuando el estrés te invada o temas perder el control, cuando tu cabeza se agote o tu cuerpo no te responda, por el corazón y el resto sucederá. No puedes tener control absoluto de todo.
4. El ego:
El ser humano teme a dos muertes: la muerte al final de la vida y la muerte como desaparición de la propia identidad.
Esta última, es miedo a cambiar, es el origen de muchos problemas. Las personas no quieren transformarse. Tienen pánico a reinventarse debido a que si individualismo se ha convertido en su zona de confort y les aporta una relativa paz que no los llena.
La humildad es la base de todo cambio, y por ello se precisa dejar de lado al ego que nos bloquea, para llegar al interior, redescubrir nuestros talentos y volver a nacer sin miedo al cambio. Donde hay humildad, has sabiduría.
5. Ser perfectos:
El perfeccionista es el eterno insatisfecho. Nada está nunca a la altura de lo deseado. No puede vivir en paz. Vive en constante duda de todo, porque quiere llegar a un gran nivel, a veces irreal.
Ser perfeccionista es una labor agotadora, porque te comparas siempre con el resto y nunca será suficiente. Hay que aceptar que somos seres humanos y cometemos errores.
Como dice Wayne Dyer: “no hay estrés en el mundo, solo gente creando pensamientos estresantes y luego actuando sobre ellos”.
Piensa muy bien si estás cometiendo alguno de estos cinco errores: obsesivo por aprovechar el tiempo, inmerso en la tecnología, quieres siempre tener el control, eres muy egoísta o demasiado perfeccionista? Quizás por eso vives demasiado estresado: cámbialo hoy y vive más!
