Memoria Litúrgica, 6 de octubre …
Hoy también se festeja a:
- • Fe (Foy), Santa
- • Artaldo de Belley, Santo
- • Maria Rosa Durocher, Beata
- • Isidoro de San José De Loor, Beato
- • Magno de Oderzo, Santo
Las dos mejillas del rostro de la iglesia femenina
Por: Leonardo Garzón, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, Tú que has hablado a tantas personas a lo largo de la historia, te pido que me concedas la gracia de sentirte cerca en mi vida y escucharte para hacer lo que me pides. Creo en ti, pero ayuda mi fe para que se convierta en obras.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.
El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En este Evangelio podemos ver dos versiones del servicio que las mujeres hacen en la iglesia. De un lado encontramos la que es muy activa porque recibe gente en su casa con todo lo que esto implica, preparar la casa para los huéspedes como si fuera para Cristo mismo. Se preocupa por darles lo mejor y tiene el talento para conseguir todo lo que necesita para sus invitados. Ella sabe que estudiar, trabajar, manejar y una innumerable lista de quehaceres son importantes y pone todo su esfuerzo en estas tareas. Como buena mujer puede hacer varias cosas a la vez ganándose la admiración de los demás. Es tan activa que hasta en su forma de hablar se puede notar que tiene mil cosas en la cabeza, planes, iniciativas, personas, oraciones, etc. Todo lo que hace sería en vano si no lo hiciera por el amor de su vida, este sin fin de actividades caería en saco roto si no tiene la motivación correcta. Amar a Cristo para ella se hace palpable en su vida activa.
Del otro lado está la que escucha y escucha y cuando ya ha acabado, sigue escuchando. Parece que no tiene nada más que hacer, pero, aunque exteriormente no se vea tanta actividad algo está pasando dentro de ella. Ante la pasividad que se puede sentir de ella la gente le puede reclamar e interpelar al Señor si ese es el tipo de mujeres que necesita o qua ayudarán al mundo. El interior de una mujer es muy rico porque es todo un misterio y, en cierta forma, es más sensibles a las cosas espirituales, es la obra de Dios que crea un alma y, si esta la deja, puede seguir creando con su gracia cosas siempre nuevas. Ella es una invitación a todos nosotros de saber escuchar a los demás, especialmente a Dios.
Estas dos partes no están en contradicción, sino que son complementarias, las dos son necesarias para el buen funcionamiento de la iglesia y el mundo. Sin la acogida de Marta, María no hubiera tenido la oportunidad de escuchar a Cristo tan cerca. La mejor parte de estar cerca del Señor y escucharlo no se da sin esfuerzo y preparación.
«En el pasaje el evangelista Lucas narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María, las hermanas de Lázaro. Lo reciben, y María se sienta a sus pies para escucharlo; deja lo que estaba haciendo para estar cerca de Jesús: no quiere perderse ninguna de sus palabras. Todo debe dejarse de lado porque, cuando Él viene a visitarnos en nuestra vida, su presencia y su palabra vienen antes que todo. El Señor siempre nos sorprende: cuando empezamos a escucharlo realmente, las nubes se desvanecen, las dudas dan paso a la verdad, los miedos a la serenidad y las diferentes situaciones de la vida encuentran el lugar que les corresponde. El Señor siempre, cuando viene, arregla las cosas, incluso para nosotros».
(Ángelus de S.S. Francisco, 21 de julio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar por las vocaciones a la vida consagrada femenina.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Historia del Rosario
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra «rosario» significa «corona de rosas».
Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.
La Iglesia recomendó rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este «rosario corto» se le llamó «el salterio de la Virgen».
Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral, alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó.
En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador.
Santo Domingo cambió su homilía y habló de la devoción del Rosario y la gente comenzó a rezarlo con devoción, a vivir cristianamente y a dejar atrás sus malos hábitos.
Santo Domingo murió en 1221, después de una vida en la que se dedicó a predicar y hacer popular la devoción del Rosario entre las gentes de todas las clases sociales para el sufragio de las almas del Purgatorio, para el triunfo sobre el mal y prosperidad de la Santa Madre de la Iglesia.
El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y empezó a ser olvidado.
En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra» en la que murieron muchísimas personas.
Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia.
¿Cuándo se instituyó formalmente esta fiesta?
El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. En Roma estaba el Papa despachando asuntos cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa. Ordena el toque de campanas y una procesión. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.
Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.
