
Antonio María Zaccaría, Santo
Memoria Litúrgica, 5 de julio …
- Hoy también se festeja a:
- • Teresa Chen Jinxie y Rosa Chen Aixie, Santas
- • Jorge Nichols y compañeros, Beatos
- • Mateo Lambert y 3 compañeros, Beatos
- • Marta, Santa
- • Atanasio el Atonita, Santo
Jesús recorría todas las ciudades
Santo Evangelio según san Mateo 9, 32-38. Martes XIV del Tiempo Ordinario
Por: Jose Torres | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a ser un trabajador diligente y eficaz en tu mies para que más gente te conozca y te ame.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.» En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.» Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Podemos pensar que Cristo es quien llama a las puertas de nuestro corazón, que nos pide que le dejemos entrar. ¿Cómo es mi disposición a lo que Dios me pide? En el Evangelio de hoy podemos ver el llamado a la generosidad que, en ocasiones, se transforma en pequeños sacrificios, o en dejarnos vencer por el AMOR de un Dios que nos llama a seguirle, a escucharle, a que no tengamos miedo a decir como María, Fiat, hágase según tu palabra.
«Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, como ovejas que no tienen pastor». Esas ovejas somos nosotros que, en ocasiones, quizás por nuestro orgullo, o tal vez no por mala voluntad, sino por ignorancia, nos alejamos del buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Ahora nos podemos preguntar: ¿Conozco a mi pastor? ¿Conozco su voz? Para conocerlo más profundamente tenemos dos medios muy importantes, la santa Eucaristía y la Palabra de Dios; de esos dos medios va a brotar un tercero que es la oración, donde trataremos con Él al igual que tratamos con un amigo, porque Él es el AMIGO.
«También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que “son espíritu y vida”. María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: “Haced lo que él os diga”».
(S.S. Papa Francisco, Mensaje mundial de oración por las Vocaciones, 14 de mayo de 2014).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer una oración pidiendo por el incremento de las vocaciones en la Iglesia.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El trabajo, indispensable para alcanzar la felicidad
Piedad Sánchez de la Fuente (Yoinfluyo.com)habla del hombre y sentido trascendente del trabajo.
Por: Piedad Sánchez de la Fuente | Fuente: Yoinfluyo.com

De todas las realidades que componen la vida humana, muy pocas –si exceptuamos el amor– ha estado sujeta a tantas opiniones y conceptos como el trabajo. A lo largo de la historia ha pasado de considerarse una tarea puramente manual, de esfuerzo físico, indigno de las clases superiores, a verlo como la capacidad que tiene el hombre para dejar su huella en todo lo que hace, para ampliar los conocimientos y, en su avance, mejorar el mundo.
El trabajo es exclusivamente una actividad humana. Lo que lo distingue del esfuerzo que realizan los animales –que son una gran ayuda– es su condición inteligente. Hay un autor que dice: “el hombre podría ser definido como un animal que trabaja”, un animal racional, claro, que con su inteligencia y sus manos va modificando el mundo, mejorándolo a cada descubrimiento que hace. Por lo tanto, el hombre está hecho para trabajar, y no condenado a hacerlo.
El esfuerzo, el cansancio, las dificultades que encuentra en su camino, son consecuencias morales de un acto suyo en el amanecer del universo, pero el trabajo en sí es una necesidad del hombre porque está creado para trabajar. Ya en tiempos modernos han habido dos teorías distintas, pero que llevadas al extremo han causado un gran daño a la humanidad.
Son: “el liberalismo” con su sentido mercantilista de ver el trabajo como una mercancía humana; y “el comunismo”, esa parte del marxismo que trata de la economía sin valorar al hombre individualmente, aunque luchando por él por caminos equivocados. El trabajo es necesario para todos y para todo; sin embargo, hay que ponerlo en su justo lugar y darle su justo valor.
Es un medio y no un fin. No podemos convertirnos en personas que sólo viven para trabajar. La vida está llena de facetas y cada una hay que cuidarla y prestarle atención; así conseguiremos ese equilibrio de nuestra personalidad, tan necesario para vivir con alma y con calma. El trabajo bien hecho, poniendo ilusión y esfuerzo, y contando con los fracasos que pueden llegar, tiene una consecuencia social: el prestigio profesional.
La experiencia nos hace comprender que confiamos más en la persona que trabaja bien, que en quien lo hace para salir del paso. Esto en todos los niveles. Un médico que sigue estudiando para estar al día y no quedarse atrás, un funcionario que se esfuerza por ser amable con quien acude a él con un problema; una ama de casa que aunque trabaje en la calle procura llevar su hogar con mentalidad profesional, cuidando los menús para que sean equilibrados, aunque tenga que pasar más tiempo en la cocina…
Todos son dignos por sí mismos y no lo es más el intelectual que el fontanero. En todo caso, lo será quien trabaje mejor y ponga más espíritu de servicio en su tarea. El ejemplo del trabajo bien hecho es la columna vertebral de todo hombre, y de ver esto claro depende gran parte de su felicidad.
Por eso, sería maravilloso que todos pudiéramos trabajar en lo que nos gusta, pero ésa es una utopía irrealizable. Sea cual sea la profesión que tengamos, cuando lo hacemos bien se facilita la mitad y la confianza entre todos, que hace más fácil la ayuda mutua. Esto también puede constituir un pedacito de felicidad.
Y yo, como soy cristiana, añadiría, para el que quiera leerlo: “Ora et labora” (reza y trabaja). ¿Hay quien dé más?