Rosalía, Santa
Virgen, 4 de septiembre…
Hoy también se festeja a:
- • María de Santa Cecilia Romana (Dina Bélanger), Beata
- • Pedro Sánchez Barba, Beato
- • Buenaventura Muñoz Martínez, Beato
- • Nicolás Rusca, Beato
- • Catalina Mattei de Racconigi, Beata
Reconocer a Cristo
Por: H. Rogelio Suárez, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, hoy en este rato de oración, quiero reconocerte como mi Dios y mi Señor. Y que durante todo el día pueda reconocerte en cada persona que se cruce en mi camino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús fue a Carfanaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: «¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios».
Pero Jesús le ordenó: «Cállate y sal de ese hombre». Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: «¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
Palabra del Señor.|
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Vemos en este Evangelio que un hombre que tenía un demonio dentro, comienza a gritarle, pero lo más interesante es que lo reconoce como «el Santo de Dios». El demonio se da cuenta que delante de él está alguien muchísimo más grande y poderoso.
La pregunta que me surge al contemplar este Evangelio es, ¿por qué no reconozco o reconocemos a Cristo y lo proclamamos Santo de Dios en todo momento? Creo que lo que nos invita este pasaje es a poder reconocer en todo momento a Cristo en nuestra vida. Cristo se hace presente, pero muchas veces somos incapaces de verlo porque en verdad no queremos.
Para poder ver a Cristo necesitamos encontrarnos con Él, necesitamos saber quién es Cristo para cada uno de nosotros. El encuentro con Cristo es personal y sólo esa experiencia nos hará verlo en cada momento y proclamarlo con nuestra vida, dando testimonio de su amor.
No conozcamos a Cristo por una definición, es mejor conocerlo en un encuentro personal que Él mismo nos va marcando. Escuchemos su voz para saber de verdad quién es Cristo. Cada uno tiene una experiencia diferente con Cristo y, partiendo de esa experiencia, podrá dar testimonio a los demás para también llevarlos a un encuentro con Cristo.
Este hecho impresiona mucho a los presentes; todos se quedaron pasmados y se preguntan: «¿Qué es esto? […] Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». El poder de Jesús confirma la autoridad de su enseñanza. Él no pronuncia solo palabras, sino que actúa. Así manifiesta el proyecto de Dios con las palabras y con el poder de las obras. En el Evangelio, de hecho, vemos que Jesús, en su misión terrena, revela el amor de Dios tanto con la predicación como con innumerables gestos de atención y socorro a los enfermos, a los necesitados, a los niños, a los pecadores. Jesús es nuestro Maestro, poderoso en palabras y obras.
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de enero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar un tiempo para estar con Jesús Eucaristía para recordar todo su amor por mí y pedirle la gracia de encontrarme con Él para dar testimonio de su amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Puede el demonio leer nuestros pensamientos y usarlos en nuestra contra?
Vamos a hablar sobre una acción específica del demonio, y comenzamos con la primera pregunta: ¿Puede el diablo conocer nuestros pensamientos´ ¿Es capaz de entender lo que estamos pensando en cierto momento de nuestra vida? La respuesta es simple: ¡absolutamente no!
La teología está de acuerdo en esta pregunta. Solo Dios, que es omnisciente, que posee íntimamente los secretos de la realidad creada, la de los hombres y los ángeles, y la de la realidad increada, que es su propia esencia, conoce en profundidad los pensamientos de cada hombre.
El demonio solo puede crear conjeturas
Aunque el demonio es una criatura espiritual, él no comprende lo que está en nuestra mente y en nuestro corazón; él solo puede sacar conjeturas al observar nuestras acciones y comportamiento. No es una operación complicada para él ya que tiene una inteligencia extremadamente fina.
Si un joven fuma marihuana, por ejemplo, el demonio puede deducir que en el futuro también usará drogas más fuertes. En una palabra: de lo que leemos, vemos, decimos y experimentamos, y de los compañeros que elegimos, incluso de nuestras miradas, de todo esto, el demonio puede usar su discernimiento espiritual para saber dónde nos tienta y en qué momento particular hacerlo. Y eso es lo que hace.
Esto trae al recuerdo un pasaje de la primera carta de San Pedro:
«Hermanos y hermanas, estén sobrios, estén atentos. Tu adversario, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a alguien para devorar. Resístalo, firme en tu fe». (1 Pedro 5,8-9)
Mi interpretación de este pasaje, en la que varios académicos están de acuerdo, suena a esto:
«Hermanos y hermanas, estén atentos. El demonio se pasea alrededor de cada uno de ustedes, buscando dónde devorar».
Esa palabra «dónde» es importante: el demonio mira a cada persona precisamente por su punto débil y «trabaja» en ella, creando su próxima ocasión pecaminosa. Será la persona elegida, quien en su propia libertad, cometerá el pecado, después de haber sido bien «cocinado» por la tentación de Satanás.
Los puntos débiles más frecuentes en el hombre son, de vez en cuando, siempre los mismo: orgullo, dinero y lujuria…
Y, notemos bien, no hay límites de edad para pecar. Cuando escucho confesiones, a menudo les digo a mis penitentes, en tono de broma, que sus tentaciones terminarán solo cinco minutos después de que hayan exhalado su último aliento.
Por lo tanto, no debemos suponer o esperar que a una edad avanzada estemos exentos del pecado.
Un vicio que se cultiva en la juventud no disminuirá en la vejez sin algún trabajo e intervención. Consideremos la lujuria: cuando escucho confesiones, no es raro que los ancianos confiesen mirar pornografía con más frecuencia que los jóvenes.
La voluntad de luchar contra el pecado debe cultivarse incluso hasta el final de nuestros días.
