Memoria Litúrgica, 2 de junio …
Hoy también se festeja a:
- • Potino y compañeros, Santos
- • Erasmo de Formia, Santo
- • Sadoc, Beato
- • Nicolás el Peregrino, Santo
- • Eugenio I, Santo
Triunfa la sabiduría de Dios…
Por: José David Parra Gómez, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Espíritu Santo ilumina mis ojos para contemplar el rostro de Cristo; diríge mis pasos para seguir el camino que tu me indicas; dame tu fuerza y sabiduría para glorificar al Padre y llegar al fin de este día habiendo extendido un poco más tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”.
Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?”. Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Los fariseos y partidarios de Herodes se presentan ante Jesús tendiéndole una trampa; le plantean una pregunta cuyas dos aparentes respuestas acarrerían consigo enormes consecuencias. Creían poner a Jesús entre la espada y la pared; él tenía que contestar: tomar el partido de su pueblo o el partido los Romanos.
Jesús veía su doble intención: le alababan con palabras que no brotaban del interior, sino que nacían de la hipocresía de su corazón. ¡Se habían puesto de acuerdo para poner a prueba a Dios! Pero él conocía sus corazones, no le eran desconocidas sus intenciones.
Muchas veces somos nosotros los que queremos poner a prueba a Dios, nos falta fe, tememos confiar en un Dios que habla en el silencio y se manifiesta en la cotidianidad; nos cuesta persibir su amor y hacer su Voluntad; queremos el camino fácil, preferimos con facilidad la comodidad y mediocridad al arduo camino de la santidad. Que nuestro obrar no desdiga las plegarias de nuestro corazón, ni contradiga las promesas hechas al Señor.
Deja que Cristo sea el que responda las dudas de tu corazón, “pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios”. (1Corintios, 3, 19)
«El cristiano está llamado a comprometerse concretamente con las realidades humanas y sociales sin contraponer «Dios» y «César»; contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos».
(Ángelus del Papa Francisco, 22 de octubre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
En este día voy a dedicar 10 minutos de oración personal pidiendo al Espíritu Santo que purifique mi alma de toda hipocresía y me convierta así en un dócil instrumento en sus manos.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Realmente existe el demonio?
Por: Luis Rojas | Fuente: Catholic.net
Parece que hablar del demonio es cosa del pasado. Suena a novela medieval, con brujos, calderos, pócimas y cuevas oscuras. Sin embargo, vemos en el mundo claramente la acción del demonio que se refleja en cosas terriblemente malas, espirituales algunas y muchas otras físicas.
Tal vez uno de los mayores triunfos del demonio ha sido hacer creer a muchos hombres que no existe: de esta manera le dejan el camino libre para su acción al no estar atentos para detenerlo.
El Catecismo de la Iglesia Católica, hablando del pecado original nos recuerda que detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla la serpiente, una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia, los hace caer en la muerte.
La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven simbolizado en la serpiente a un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios con una naturaleza buena, pero que se hizo malo por la elección libre de rechazar radical e irrevocablemente a Dios y su Reino.
Su pecado no se puede perdonar, ya que al ser un ser espiritual, sus decisiones son irrevocables. «No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte». [San Juan Damasceno]
Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: «Seréis como dioses» (Gn 3,5). El diablo es «pecador desde el principio» (I Jn 3,8), «padre de la mentira». (Jn 8,44)
La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquél a quien Jesús llama «homicida desde el principio» (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre. «El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo» (1 Jn 3,8). La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.
El demonio ronda por todo el mundo como un animal herido, tratando de usar todo su poder angelical que recibió de Dios cuando todavía no se había alejado de Él para sembrar la mentira. Es hábil e inteligente, pues conoce bien a los hombres. Sabe atraerles hacia el mal, pues es la única satisfacción que encuentra en la eterna derrota de su lucha contra Dios. Ese es el demonio. Satanás. El padre de la mentira. El tentador.
Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero sólo criatura: puede tentarnos, invitarnos, seducirnos, pero no puede obligarnos a actuar de determinada manera. Su poder no es comparable con el poder infinito de Dios.
El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero «nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman». (Rm 8,28)
Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños –de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física– en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo.
