Solemnidad litúrgica. 1 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • Omar (Audomaro), Santo
- • Rupert Mayer, Beato
- • Vigor de Bayeux, Santo
- • Valentín de Berrio-Otoxa, Santo
- • Teodor Romza, Beato
Anclados en Cristo
Por: H. Balam Loza,LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Hoy, Jesús, quiero subir al monte, a la soledad, al silencio. Entraré en mi corazón, pues es ahí donde Tú me hablas y te escucharé. Quiero verte y contemplar esa mirada que me conoce profundamente. Esa mirada tuya tan llena de amor. Jesús, hay muchas cosas que me turban e inquietan. Hoy quiero hacerlas a un lado para escuchar tu palabra.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:
“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¡Con amor eterno nos ama! Con amor eterno nos mira Dios en este momento. Y no nos pide otra cosa más que estar aquí. Escuchando esa llamada a ser feliz y dichoso. Pero ¿qué es la felicidad? ¿Dónde encontrarla? He ahí el camino. No es el camino ancho sino el estrecho. Y no nos fijemos tanto en el camino sino más bien en la meta, en lo que nos espera: La felicidad. Y esa felicidad es estar con Dios. Estar con ese Dios que nos ama como nadie puede hacerlo. En ese Dios que nos mira como nadie nos puede mirar.
Se puede pensar que es algo abstracto y que está fuera de la realidad. Sin embargo es lo más real. El camino se nos presenta a cada instante y las tentaciones de dejar de caminar son muchas. ¿Qué pasa cuando abusan de mi generosidad? ¿O ante el dolor y el sufrimiento? ¿No es verdad que somos imponentes? Y entonces es cuando nos damos cuenta que esto no puede acabar así. Cuando vemos que hacemos el bien y recibimos el mal. Sí, queremos dejar de luchar. Muchas veces no se comprende el porqué de muchas cosas. Pero en el fondo queda la semillita. Queda ese deseo del consuelo, ese deseo de que alguien me ame de verdad, de gozar de la plena felicidad. Y entonces nos damos cuenta que el deseo del cielo es lo más ordinario en nuestras vidas. Y por ello hacemos el bien.
Cristo sufrió en silencio por amor. Nosotros diariamente tenemos muchas oportunidades de vivir en silencio los grandes o pequeños sufrimientos que nos tocan vivir, pero hemos de perseverar, hemos de mirar a lo alto de la montaña y ver que el primero en vivir las bienaventuranzas ha sido Cristo. Él es nuestro modelo y nuestro ideal. Anclados en Cristo, aún en medio de las grandes tormentas, podremos llegar al puerto seguro.
«Es la nueva ley del Señor para nosotros. Las bienaventuranzas son la guía de ruta, de itinerario, son los navegadores de la vida cristiana: precisamente aquí vemos, por este camino, según las indicaciones de este navegador, cómo podemos avanzar en nuestra vida cristiana.»
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de junio de 2016, en Santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy te ofrezco, Jesús, vivir la caridad delicada. Si alguien me hace enfadar no le responderé ni le demostraré el haber sentido la ofensa.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué significa la solemnidad de Todos los Santos?
Por: Jesús de las Heras Muela | Fuente: revistaecclesia.com

El 1 de noviembre es la solemnidad litúrgica de Todos los Santos, que prevalece sobre el domingo. Se trata de una popular y bien sentida fiesta cristiana, que al evocar a quienes nos han precedido en el camino de la fe y de la vida, gozan ya de la eterna bienaventuranza, son ya -por así decirlo- ciudadanos de pleno derecho del cielo, la patria común de toda la humanidad de todos los tiempos.
1.- El día de Todos los Santos cuenta un milenio de popular y sentida historia y tradición en la vida de la Iglesia. Fueron los monjes benedictinos de Cluny quienes expandieron esta festividad.
2.- En este día celebramos a todos aquellos cristianos que ya gozan de la visión de Dios, que ya están en el cielo, hayan sido o no declarados santos o beatos por la Iglesia. De ahí, su nombre: el día de Todos los Santos.
3.- Santo es aquel cristiano que, concluida su existencia terrena, está ya en la presencia de Dios, ha recibido –con palabras de San Pablo- “la corona de la gloria que no se marchita”.
4.- El santo, los santos son siempre reflejos de la gloria y de la santidad de Dios. Son modelos para la vida de los cristianos e intercesores de modo que a los santos se pide su ayuda y su intercesión. Son así dignos y merecedores de culto de veneración.
5.- El día de Todos los Santos incluye en su celebración y contenido a los santos populares y conocidos, extraordinarios cristianos a quienes la Iglesia dedica en especial un día al año.
6.- Pero el día de Todos los Santos es, sobre todo, el día de los santos anónimos, tantos de ellos miembros de nuestras familias, lugares y comunidades.
7.- El día de Todos los Santos es igualmente una oportunidad para recordar la llamada a la santidad presente en todos los cristianos desde el bautismo. Es ocasión para hacer realidad en nosotros la llamada del Señor a que seamos perfectos- santos- como Dios, nuestro Padre celestial, es perfecto, es santo.
Se trata de una llamada apremiante a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestros propios estados de vida, de consagración y de servicio. En este tema insistió mucho el Concilio Vaticano II, de cuya clausura se celebran ahora los 40 años. El capítulo V de su Constitución dogmática «Lumen Gentium» lleva por título «Universal vocación a la santidad en la Iglesia».
Y es que la santidad no es patrimonio de algunos pocos privilegiados. Es el destino de todos, como fue, como lo ha sido para esa multitud de santos anónimos a quienes hoy celebramos.
8.- La santidad cristiana consiste en vivir y cumplir los mandamientos. “El santo no es un ángel, es hombre en carne y hueso que sabe levantarse y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa que es más bueno subiéndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegría y lucha cada día pues vive para amar”. (Canción de Cesáreo Gabaraín).
«El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo». (Benedicto XVI)
9.- La santidad se gana, se logra, se consigue, con la ayuda de la gracia, en tierra, en el quehacer y el compromiso de cada día, en el amor, en el servicio y en el perdón cotidianos. “El afán de cada día labra y vislumbra el rostro de la eternidad”, escribió certera y hermosamente Karl Rhaner. El cielo, sí, no puede esperar. Pero el cielo –la santidad- solo se gana en la tierra.
10.- Por fin, el día de Todos los Santos nos habla de que la vida humana no termina con la muerte sino que abre a la luminosa vida de eternidad con Dios. El día de Todos los Santos es la catequesis y celebración de los misterios de nuestra fe relativos al final de la vida, los llamados “novísimos”: muerte, juicio, eternidad.
Y por ello, al día siguiente a la fiesta de Todos los Santos, el 2 de noviembre, celebramos, conmemoramos a los difuntos. Es día de oración y de recuerdo hacia ellos. Es día para saber vivir la vida según el plan de Dios. Es día, como el día, en el que la piedad de nuestro pueblo fiel visita los cementerios. Todo el mes de noviembre está dedicado especialmente a los difuntos y a las ánimas del Purgatorio.
