Memoria Litúrgica, 30 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Gualfardo, Santo
- • Benito de Urbino, Beato
- • Paulina von Mallinckrodt, Beata
- • María de la Encarnación Guyart, Santa
- • Ventura de Spello, Santo
Llamados a la intimidad
Por: H. Rogelio Suárez, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te pido que aumentes en mi corazón el deseo de amarte cada día más. Que todo lo que haga sea siempre para mayor gloria tuya.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 14, 21-26En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): «Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?». Le respondió Jesús: «El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.
Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La identidad de todo cristiano, es el amor. En esta Pascua, Cristo nos invita a la intimidad con Él. Quiere que nuestro amor por Él sea cada vez más íntimo, que no sea un simple asistir a misa los domingos y ya. Lo que Cristo quiere es que nuestro corazón aumente de amor hacia Él. En esta intimidad, Cristo se nos quiere dar y quiere que nos demos a Él, que tengamos un amor verdadero.
Estamos llamados a la intimidad con Dios, y nos podemos preguntar en primer lugar, ¿por qué estamos llamados a la intimidad? Sencillamente porque todos estamos llamados a amar y ser amados. Todos tenemos en nuestros corazones el deseo de poder amar sin límites y, a la vez, ser amados. Este deseo sólo se sacia por completo, en Dios. Es Él el amor verdadero que se entrega por completo a nosotros, incluso dando su vida, sólo por amor.
Nuestra segunda pregunta sería, ¿cómo se llega a la verdadera intimidad? Buscando amar, antes que ser amado. Esto se llama amor desinteresado, es decir, aquél que sólo busca amar sin esperar nada a cambio. Amar a Cristo cada día es negarme a mí mismo y cumplir en todo momento su voluntad. En el amor, el que ama muere por el amado. No le importa lo que le pueda pasar, sólo con el simple hecho de amar. Que cada día, en nuestro corazón, esté presente este deseo de poder amar a Dios sobre todas las cosas, incluso sobre mí mismo.
Por último, nuestra pregunta sería, ¿para qué quiere Dios esta intimidad con nosotros? Porque quiere manifestarse en nuestras vidas, «me manifestaré a él». Él quiere revelarnos los deseos de su corazón, quiere que experimentemos su gran amor por nosotros. Lo que Dios quiere es darse completamente a nosotros, y ya lo ha hecho muriendo por nosotros en la cruz. Él se ha dado a nosotros en la cruz, sólo por amor, y éste es el amor más grande.
Que en esta Pascua podamos cada día entrar en esa intimidad a la que estamos llamados. Quien a Dios se da por completo, amándolo, Él vendrá a habitar en su corazón. Abramos las puertas de nuestros corazones y dejemos que Dios haga de nosotros lo que Él más quiera.
Dios se manifiesta en vuestra soledad personal, así como en la solidaridad que os une a los miembros de la comunidad. Estáis solos y separados del mundo para adentraros en el sendero de la intimidad divina; al mismo tiempo, estáis llamados a dar a conocer y compartir esta experiencia espiritual con otros hermanos y hermanas en un equilibrio constante entre la contemplación personal, la unión con la liturgia de la Iglesia y el recibimiento de los que buscan momentos de silencio para ser introducidos en la experiencia de vivir con Dios.
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré una visita a Cristo Eucaristía pidiéndole la gracia de amarlo cada vez más con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Quién es la persona triunfadora?
Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net
“Concebir el bien no es suficiente, debemos hacerlo victorioso entre los hombres” Joseph Ernest Renan
Muchas veces creemos que el único triunfador en la vida es la persona que tiene éxito, fama, dinero, posesiones, estudios, un puesto importante en la empresa, familia, etc.…el que ha logrado un status alto en la sociedad, que se le reconoce en los medios de comunicación, y no cabe duda de que estas personas han conseguido triunfar con disciplina, esfuerzo, trabajo.
Se vale hacer una pregunta ¿estos triunfadores a los ojos del mundo, logran también ser auténticos triunfadores?
Hay millones de triunfadores que no tienen dinero que no tienen fama, posesiones, un puesto importante ni mayores estudios y que a los ojos del mundo aparecen como perdedores, son así calificados por no dar resultados visibles en las áreas que el hombre considera como valiosas. Es interesante y vale la pena ahondar un poco en la vida de estas personas anónimas que viven como auténticos triunfadores a los ojos de Dios.
Estas personas que recibieron la herencia de sus abuelos, de sus padres, ese tesoro, ese legado, esa estafeta de vivir y transmitir lo que a los ojos de Cristo es un triunfador. Estos hombres que viven los valores, y al vivirlos los han convertido en virtudes. Al practicar por ejemplo la honestidad, la justicia, la prudencia, la fortaleza, lealtad, paciencia, comprensión, solidaridad, responsabilidad, perseverancia.
El auténtico triunfador no tiene que ver con los triunfos humanos. De ser así diríamos que Jesús fue un perdedor para los de su época, incluso mucha gente no acaba de entender la vida de Jesús. Del Hijo de Dios del Creador del universo, en quien están sustentadas todas las cosas y que no tenía dónde reclinar su cabeza. De Dios que es camino verdad, vida libertad, y se le considera que ha perdido la razón, del Dios que todo lo puede y se entrega libremente a la muerte por amor. Del Dios que se queda como alimento para todos los que tengan hambre en la fragilidad de un pan.No es fácil entender que hay que morir para vivir, que al morir al egoísmo se vive la generosidad, que al morir al individualismo, se vive la solidaridad, que al morir a la ambición por acumular más, se vive la justicia, que al morir al deseo de hacer lo que te venga en gana, se vive el respeto, que al morir al orgullo se vive la humildad.
La persona triunfadora es una persona madura, es el líder auténtico por excelencia aquel que con su conducta, más que con su discurso, invita a otros a seguir sus huellas, aquel que es capaz de transformar su entorno, familia, trabajo, sociedad.
Cuando este triunfador pasa a nuestro lado va dejando un aroma, un perfume, un sabor de gratitud en los corazones que son comprendidos, consolados, perdonados, ayudados en sus necesidades, confortados en sus penas, incluidos a pesar de su condiciones adversas.
Estos triunfadores van mostrando un poco el rostro de Cristo, porque han conseguido venerar al Cristo oculto en cada hermano.
