
Agustín de Canterbury , Santo
Memoria Litúrgica, 27 de mayo …
Hoy también se festeja a:
- • Bruno de Wurzburgo, Santo
- • Julio de Durostoro, Santo
- • Bruno de Würzburg, Santo
- • Agustín de Canterbury , Santo
Sentimientos de entrega
Santo Evangelio según San Marcos 10, 17-27. Lunes VIII de Tiempo Ordinario.
Por: Jorge Alberto Leaños García, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, vengo a encontrarme contigo al inicio del día, para escuchar lo que quieres de mí. Enséñame a creerte y a seguirte para experimentar tu Palabra que salva. Otro día frente a ti, un momento más para ponerme en tu presencia y que así, no pueda olvidarme de todo lo que has hecho por mí. Ayúdame a poder meditar tus palabras, aprender lo que me quieras enseñar y finalmente, tomar fuerzas para siempre hacer tu voluntad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre». Entonces él le contestó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme». Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: «Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: «Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Más de alguna vez se nos ha encendido el corazón a tal grado de querer ser perfectos en la propia misión. Seguramente habremos sentido el deseo de ser santo y habremos tenido la sensación de no tener límites al darlo todo.
Éste es el deseo espontaneo y sincero que Dios mira con ternura y cariño. Pero el obrar de Dios ante esta actitud es sabia. Cuando ve que lo ordinario está en su lugar -los mandamientos-, entra en profundidad para ayudarnos a purificar estos sentimientos.
Nos podemos poner con facilidad en lugar de este joven-rico, cuando Dios encuentra junto a nuestro corazón un tesoro. Un tesoro que se arraiga en el corazón con tanta fuerza que comienza a apagar los latidos del verdadero amor. Cristo lo señala. Cristo lo pide. Cristo quiere todo nuestro corazón.
Los apegos pueden surgir, pero debemos estar atentos al guardar todo nuestro corazón para Aquel que es digno de ser acogido en lo más íntimo de nuestra persona. Éstos son sentimientos de entrega, pero siempre deberán madurar.
«El Señor fue claro: no se puede servir a Dios y al dinero. No se pueden servir a dos padrones, dos señores: o tú sirves a Dios o sirves a las riquezas. La historia de ese joven rico, que quería seguir al Señor pero al final era tan rico que eligió las riquezas, un pasaje evangélico en el que se subraya el lema de Jesús: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja», y la reacción de los discípulos «un poco asustados: Pero ¿quién se podrá salvar?»».
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de febrero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer un buen examen para encontrar aquello que está deteniendo mi entrega.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Servir a dos señores?
El amor a Dios, y el amor al dinero, no pueden darse juntos
Por: Félix González, ss.cc | Fuente: blogs.21rs.es

Nadie puede agradar, a la vez, a dos personas con gustos distintos, con maneras distintas de ser o de ver las cosas; e, incluso con criterios distintos.
En el Evangelio escuchamos a Jesús que dice: “Nadie puede servir a dos señores: porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien, se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero”. (Mt. 6, 24)
Esos dos señores a los que no se les puede servir a la vez, según Jesús, son: Dios y el dinero. El amor a Dios, y el amor al dinero, no pueden darse juntos. Igualmente no se puede servir al mundo (entendido como lo mundanal) y a Dios. Tampoco se puede servir a nuestro propio orgullo y a Dios. Y tantas otras cosas que no son compatibles con el servicio a Dios.
Dios es uno, y no se le puede adorar juntamente con otros “dioses”. Los humanos (la mayoría) tenemos diversos dioses. A veces, nosotros mismos nos endiosamos, y quitamos parte de lo que le pertenece al único Dios. Hay muchas cosas que las convertimos en “dioses”; que las preferimos al Dios verdadero; que ocupan en nuestra vida un valor más importante; y que acaparan nuestro corazón, nuestros deseos. Y desplazamos al único Dios que debiera ocupar todo el espacio del corazón, de la inteligencia, de los sentimientos, y de toda la vida.
Cuando el tener y el poseer son prioritarios en nosotros, empezamos a tener “un señor” al cual acabamos sirviendo, porque nos recompensa materialmente. Y acaba esclavizándonos, y separándonos del Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Dios de Jesucristo.
Quisiéramos jugar en la vida con dos barajas, que nos asegurasen siempre el ganar. Tener varios dioses, incluso teniendo al otro Dios, de reserva, para cuando hiciese falta. Pero Dios no es un comodín, para cuando haga falta usarlo. Eso sería manipulación; y al verdadero Dios no se le puede manipular. No es intercambiable como los cromos de nuestra niñez.
La finalidad de Dios para con nosotros, y la de los dioses creados a nuestro antojo, es totalmente distinta y opuesta. Y, aunque las apariencias engañan, podemos decir que solo el verdadero y único Dios puede hacernos felices en esta vida y en la otra.
Si te dejas llevar de los caprichos, de las luces de fantasía del mundo, del placer o de la comodidad, harás acopio de muchos dioses, que van a satisfacer tus apetitos, pero no crean paz ni felicidad. Todo es pasajero, dura lo que los fuegos de artificio. Y después, tu espíritu queda en soledad, porque nada puede llenar tu corazón.
El gran santo, Agustín de Hipona, decía: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti”.
Dios es como un gran imán, que atrae todas las partículas metálicas, que somos nosotros. Y sería “contra natura”, que las partículas no se sintiesen atraídas.