Jesús, el pan de vida
Por: H. Emmanuel Toro, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, te pido que no busque otra cosa que no seas Tú. Te necesito en mi vida para cumplir tu voluntad. Dame los medios y las fuerzas para caminar contigo por el sendero de este mundo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 22-29
Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste acá?» Jesús les contestó: «Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello».
Ellos le dijeron: «¿Qué debemos hacer para llevar a cabo las obras de Dios?» Respondió Jesús: «La obra de Dios consiste en que crean en aquél a quien él ha enviado».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Este Evangelio es el comienzo del discurso sobre el Pan de Vida, que se prolonga durante los seis días siguientes. Después de la multiplicación de los panes, la gente sigue a Jesús. Habían visto el milagro; habían comido y estaban saciados y querían más. No se preocuparon por buscar la señal o el llamado de Dios que estaba contenido en todo esto. Cuando la gente encontró a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, tuvo una larga conversación con ellos, llamada el Discurso del Pan de Vida, que explica el significado de la multiplicación del pan, símbolo del nuevo éxodo y de la Cena Eucarística.
La gente busca a Jesús porque quieren más pan. La gente sigue a Jesús. Ven que no subió a la barca con los discípulos y, por eso, no entienden lo que hizo para llegar a Cafarnaún. Ni siquiera entendieron el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que ha sucedido, pero no pueden entender todo esto como un signo de algo más profundo. Sólo se detienen en la superficie; en estar satisfechos con la comida. Buscan el pan y la vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hace lo que Moisés hizo en el pasado: alimentar a toda la gente en el desierto. Según Jesús, querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús le pide a la gente que dé un paso más y avance. Además de trabajar por el pan que perece, deberían trabajar por la comida imperecedera. Este nuevo alimento será dado por el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. Él trae la vida que dura para siempre. Él nos abre un nuevo horizonte en el sentido de la vida y en Dios.
¿Cuál es la obra de Dios? La gente se pregunta: ¿qué debemos hacer para llevar a cabo esta obra de Dios? Jesús responde que la gran obra de Dios nos pide «creer en el enviado de Dios». Es decir, ¡creer en Jesús!
«Todos los días necesitamos de él, nuestro pan de cada día. Él es el pan de vida, que nos hace sentir como hijos amados y que alivia toda nuestra soledad y orfandad. Él es el pan del servicio: que partiéndose para hacerse nuestro siervo nos pide que nos sirvamos los unos a los otros. Padre, mientras nos das el pan de cada día, alimenta en nosotros el anhelo por nuestro hermano, la necesidad de servirlo. Pidiéndote el pan de cada día, te imploramos también el pan de la memoria, la gracia de que fortalezcas las raíces comunes de nuestra identidad cristiana, indispensables en este tiempo en el que la humanidad, y las jóvenes generaciones en particular, corren el riesgo de sentirse desarraigadas en medio de tantas situaciones líquidas, incapaces de cimentar la existencia».
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de mayo de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer un examen de conciencia y revisar que cosas no me ayudan a mantener una relación personal con el Señor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Creer o no creer en Dios
Por: Máximo Alvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net
Si se hiciera una encuesta nos encontraríamos con que hay mucha gente que cree en Dios, pero también con otros que dicen no creer o que «pasan». No vamos a decir que unos sean mejores y otros peores, porque puede haber creyentes cuya vida deje bastante que desear y no creyentes que son excelentes personas. Pero eso no quiere decir que resulte indiferente la existencia o no-existencia de Dios.
Desde niño tuve la suerte de considerar a Dios como un ser cercano, como alguien de la familia, como alguien real; algo tan normal como tener padres o hermanos o amigos. Y esa experiencia de Dios es siempre muy gratificante. Te inspira confianza, seguridad, te da ánimo. Aunque eso no significa que desaparezcan los problemas o las pruebas en la vida. Por eso me da mucha pena cuando me encuentro con gente sin fe. Es mucho lo que pierden. Porque en el fondo vivir sin fe equivale también a vivir sin esperanza. Si Dios no existe se supone que tampoco habrá vida más allá de la muerte, que la vida no tiene sentido.
Entiendo que cualquier ser humano pueda tener dudas sobre Dios o que diga que no entiende nada. Pero de ahí a negar su existencia hay un abismo. ¿No parece demasiado atrevimiento que un hombre afirme categóricamente que Dios no existe? Concedamos que pueda decir que no encuentra pruebas para demostrar su existencia, pero tampoco de su no-existencia.
Nadie nace ateo ni agnóstico. Incluso los ateos más destacados han sido en alguna etapa de su vida creyentes. ¿Puede depender la existencia de Dios de su cambio de ideas? ¿o de su estado de ánimo? Si Dios existe no depende de que yo crea o deje de creer. Yo no puedo inventarlo ni destruirlo.
Pero tampoco puedo pretender ser más que Él, ni pedirle cuentas, ni querer abarcar sus planes. Hay quien deja de creer porque las cosas no le salen como él quisiera, porque no nos concede todo lo que le pedimos o porque se hace presente el sufrimiento. Si Dios atendiera todos nuestros caprichos o deseos, si nada en la vida nos hiciera sufrir, poco mérito tendría creer en Él; nos quitaría la oportunidad de demostrarle que lo queremos de verdad. Supongamos que alguien nos da un millón de pesetas y nosotros en consecuencia le manifestamos nuestro agradecimiento. Eso no tendría ningún mérito. Pero si nosotros entregáramos parte de nuestros bienes a alguien que no nos va a dar nada a cambio, eso sí sería meritorio.
Me duele pensar que haya gente pasa de Dios, pero tampoco es mérito de uno el creer, por eso deseo vivamente que todos tengan esa suerte, que Dios les dé ese don y que les ayude a abrirse a él. En todo caso, sepan que aunque para ellos Dios les resulte indiferente, ellos no son indiferentes para Dios.
