
Alejandro de Alejandría, Santo
Patriarca de Alejandría, 26 de febrero …
Hoy también se festeja a:
- • Roberto Drury, Beato
- • Piedad de la Cruz Ortiz Real, Beata
- • Paula de San José de Calasanz Montal Fórnes, Santa
- • Porfirio de Gaza, Santo
- • Alejandro de Alejandría, Santo
Sembrador de amor
Santo Evangelio según San Lucas 6,36-38. Lunes II de Cuaresma.
Por: Rodrigo Marín, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Vengo, Señor, a encontrarme contigo en la oración. Sé que estás aquí presente que me ves y que me escuchas. Gracias a esta meditación entraré a dialogar contigo, escucharé lo que me quieres decir y te conoceré más plenamente. Concédeme la dicha de amarte cada día más
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando era niño jugaba un juego que decía: «Botellita de jerez, botellita de jerez, todo lo que me digas será al revés.» Es curioso, pero nunca se ha visto que alguien que siembre manzanas reciba mangos, o que alguien que plante un peral reciba al fin de la cosecha cocos. En el común de los casos cada uno recibe lo que ha sembrado.
Lo que Jesús nos enseña va más allá que una técnica de cultivo o una ley matemática. Donde siembres amor, cosecharás amor. Todos sus mandatos se rigen bajo el criterio del amor y de la misericordia. Dios es amor y misericordia.
Este Evangelio debe darnos una gran paz en el alma. Dios, al final de nuestra vida nos dará solamente lo que nosotros le hemos dado a los demás. No es tiempo perdido. Aún es temporada de sembrar amor y misericordia. Es tiempo de perdonar, de disculpar, de no juzgar. Es tiempo de dar, de ser generosos, de ser compasivos, como nuestro Padre del Cielo es misericordioso.
Pidámosle a María que nos conceda la gracia de tratar a nuestros hermanos como ella trató a Jesús.
«Queridos hermanos y hermanas, la misericordia nunca puede dejarnos tranquilos. Es el amor de Cristo que nos «inquieta» hasta que no hayamos alcanzado el objetivo; que nos empuja a abrazar y estrechar a nosotros, a involucrar, a quienes tienen necesidad de misericordia para permitir que todos sean reconciliados con el Padre. No debemos tener miedo, es un amor que nos alcanza y envuelve hasta el punto de ir más allá de nosotros mismos, para darnos la posibilidad de reconocer su rostro en los hermanos. Dejémonos guiar dócilmente por este amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre».
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré un acto de caridad, con una persona que me caiga mal, como si se lo hiciera al mismo Cristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Terapia para perdonar de corazón
5 claves para poder perdonar de corazón
Por: P. Adolfo Güémez, L.C. | Fuente: www.padreadolfo.net

Mucha gente piensa que no ha perdonado de corazón porque sigue sintiendo dolor, coraje, rabia o impotencia frente a una ofensa que ha recibido. ¿Es correcto esto?
No lo creo. Perdonar no significa que ya no me duela algo. De hecho, la mayor parte de las veces, cuando la ofensa ha sido profunda, el dolor podrá acompañarte por una larga temporada, incluso por toda la vida.
No es el dolor lo que mide si perdonaste o no. Lo que lo determina es la voluntad de aceptar que el otro se equivocó –como yo también me puedo equivocar–, y que merece mi compasión.
De hecho, el Diccionario define el perdón como la «remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente». Es decir, perdonar consiste en no exigir compensación por algo que tal vez lo merezca.
Si yo me someto a una intervención quirúrgica de ligamento de rodilla, saldré de la sala de operaciones con un dolor que me podrá acompañar varios días y semanas. Eso no significa que no esté curado, sino que debo de trabajar para rehabilitarme de manera completa.
Asimismo, perdonar me sana, porque extrae de mí un tumor que de otra manera terminará por carcomerme. Pero no basta con echarlo fuera, ahora tengo que trabajar para fortalecerme. ¿En qué puede consistir esta terapia?
1. Elige el amor, no el rencor: el rencor es como un ácido que poco a poco carcome el alma. Es como tragarse pedazos de vidrio. Si no se saca, terminará por destruirte por entero.
Elegir el amor es aceptar al otro como es, con sus defectos y sus cualidades. Sin dejar que sus errores empañen sus aciertos.
2. Elige la compasión, no la venganza: ser compasivo es ponerse en el lugar del otro, es intentar experimentar su propio arrepentimiento, o, en su defecto, su debilidad.
La venganza no sana el corazón, más bien lo envenena más profundamente. Porque la ofensa que alguien nos hace será siempre desde fuera, pero la venganza la creamos nosotros en nuestro interior.
3. Elige crecer, no estancarte en lo mismo: el perdón nos debe llevar a crecer, a ser más maduros y más fuertes.
Una persona en una ocasión me confesó que el haber perdonado a su marido que llevaba años de infidelidad le había dado la libertad necesaria para amar de una manera más profunda y consciente.
4. Elige la humildad, no la soberbia: es muy fácil juzgar a los demás por lo que han hecho, sobre todo cuando se trata de una ofensa clara hacia mí. Pero, ¿quién te asegura que tú no harás lo mismo con el pasar de los años?
Elegir la humildad significa reconocer que yo tampoco soy perfecto, que me puedo equivocar y que soy capaz de cometer los mismo errores, o incluso peores. El soberbio se cree por encima de los demás, cuando no es más que otro ser humano tan imperfecto como todos.
5. Elige la fuerza de Dios, no la tuya: este último ejercicio es el más importante. Porque perdonar de corazón sólo es posible si se hace desde el Corazón del mismo Jesús. Porque Él mismo nos dijo: «Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.» Mt 5, 44-45