
Anacleto (Cleto), Santo
III Papa, 26 de abril …
- Hoy también se festeja a:
- • Domingo y Gregorio de Aragón, Beatos
- • Ladislao (Wladyslaw) Goral, Beato
- • Ramón Oromí Sullà, Beato
- • Estanislao Kubista, Beato
- • Marcelino, Santo
La voz del Buen Pastor
Santo Evangelio según san Juan 10, 1-10. Lunes IV de Pascua
Por: Rubén Tornero, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por este momento que me regalas para estar en tu presencia. Tú me conoces. Sabes qué es lo que más necesito en este momento. Tú me has creado. Sueñas con mi amor. Cada vez que me miras aquí, delante de Ti, tu Corazón se inflama de amor y de gusto por verme. Te gusta cuando estoy así, cuando te abro mi corazón y dejo de lado todos los tapujos y formalismos. Me amas, Jesús, como soy. Ayúdame a corresponderte con mi amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, hoy me dices que tus ovejas escuchan tu voz, la reconocen y la siguen. Te pido, amado Jesús, que me ayudes a escuchar tu voz.
Hoy día, en el mundo, hay tanto ruido que me impide escuchar tu voz; son tantas las voces que se levantan a mi alrededor pidiendo que las siga: mi soberbia, mi vanidad, mi orgullo… ¿Cuáles son las voces que me acechan?, ¿sé reconocerlas y diferenciarlas de tu voz, Jesús?
¡Ayúdame, Jesús, a conocer tan bien tu voz, que sea capaz de diferenciarla de todas las otras voces!
También son muchos los ladrones que intentan imitar tu voz prometiéndome una vida más cómoda; los lobos con piel de oveja que intentan atemorizarme con sus dientes; los «verdes pastos» sintéticos de una felicidad superficial y pasajera que, lejos de calmar mi hambre, me dejan vacío y enfermo por dentro.
Son muchos los peligros que me circundan Jesús, sin embargo, no debo temer, pues Tú has venido para que yo tenga vida y la tenga en abundancia.
Quiero reconocer tu voz, Jesús, para ello, tengo que estar cerca de ti, tengo que ser una oveja con el olor a su pastor. ¡No permitas que me separe de ti! Dame la gracia y la fuerza que necesito para poder seguirte hasta el final.
«Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un refugio, no una prisión! La casa de Dios es un refugio, no una prisión, y la puerta se llama Jesús. Y si la puerta está cerrada, decimos: “¡Señor, abre la puerta!”. Jesús es la puerta y nos hace entrar y salir. Son los ladrones, los que tratan de evitar la puerta: es curioso, los ladrones siempre tratan de entrar por otro lado, por la ventana, por el tejado, pero evitan la puerta, porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas. Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si escuchamos su tono de voz, estamos seguros, estamos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro».
(Audiencia de S.S. Francisco, 18 de noviembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a dedicar 10 minutos de mi día a rezar pidiéndole a Dios que me ayude a reconocer su voz.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El ateismo: Una puerta, un atardecer y un café
Creer en Dios es creer en una Razón Creadora y Creativa.
Por: Celso Júlio da Silva, LC | Fuente: Catholic.net

Platicando con ateos inteligentes la sensación es de yo haber argumentado poco ante la vorágine de razones del interlocutor. Argumentan todo con silogismos y razones que caen sobre la cabeza como la espada de Dámocles. Se declaran filósofos y lo son. Te aturden con tanta palabrería para afirmar un postulado: Dios no existe. Por tanto, nosotros y este mundo somos fruto del azar y terminaremos en la nada. ¡Vaya, menuda lotería nos ha tocado!
La argumentación del creyente, en cambio, es la concreción de lo que ya había intuido Chesterton. Llegarían días en que ante la insensatez humana tendríamos que probar que existen las piedras del camino o que dos más dos son cuatro y esto se volvería un dogma. ¡Chesterton tenía mucha razón! Pero que conste que he dicho “un ateo inteligente” porque hay de los que les falta el fósforo en la cabeza y ni Dios, ni mundo, ni ellos. No argumentan nada.
Cierta vez me tocó platicar con un chaval listillo. Ateo y hablaba por los codos. De tal modo que me mareó tanto que decidí pensar un poco más en lo que me había dicho. Al final nos levantamos, le abrí la puerta para que se fuera y de repente los dos nos quedamos maravillados ante un hermoso atardecer que se nos ponía enfrente. Entonces, sin razonar mucho, le dije: cuando un materialista ateo, contemplando esta hermosura, acepte con humildad que él no la hizo, entonces quizás pensará en la posibilidad de que Dios exista.
Entre una puerta abierta y un paisaje hermoso sabía que aquel chaval llegaría a ciertas conclusiones. Ante aquel paisaje él llegaría a la conclusión a la que llegó Lewis, afirmando que al final de todo no quedará piedra sobre piedra de nuestras nociones sobre Dios. La idea que a veces nos hacemos de Dios no es divina. Él libremente destroza nuestras ideas, las vuelve añicos una y otra vez, para convertirse así en el gran Iconoclasta, haciéndonos ver que a fin de cuentas nunca existió problema alguno. ¡Él existe y todo lo hizo por amor!
Cuando algo no tiene una explicación científica los ateos dicen que ocurrió por azar. Una moneda tirada al aire es un juego de azar porque es imposible demostrar con exactitud las causas de porqué cara y no cruz o al revés. Pues bien, el hombre y el mundo serían fruto de un juego de azar. ¡Esto es así y punto!-concluyen. Pero, ¿quién lanzó la moneda al aire? ¿Se tiró sola? Cuánta verdad llevaba Aristóteles cuando había afirmado que “el azar es una etiqueta para nuestra ignorancia”. Siendo así, la ignorancia es contraria a lo científico.
Argumentar que el cosmos vino del azar o del caos es acientífico, es de ignorantes. Por tanto, pretender argumentar que el mundo y el hombre vinieron de la nada y que Dios no existe es una contradicción. Si el azar no tiene causas científicas precisas, ahora el que usa la argumentación del azar no es un científico, es un ignorante. Lo que necesita es entrar en razón y aceptar por lógica común que, aunque el mundo y el hombre hayan sido tirados al aire como una moneda, es necesario que exista alguien detrás de éste así llamado por ellos “juego de azar”. ¡Vaya, nada mal para un creyente de pocos argumentos!
El hombre y el universo se explican solos, no necesitan a Dios- afirman. Si por un lado aceptan que hay un orden y una belleza en la creación, por otro descartan la existencia de un Ser Sobrenatural sumamente inteligente y bondadoso. Este postulado descabellado tampoco es muy racional que digamos. Desde tiempos de Maricastaña se planteaban estas posturas y no es cosa nueva bajo el sol.
Cicerón en su De natura deorum refuta a los materialistas epicúreos- como Lucrecio- que afirmaban que la materia se explica a sí misma. Es imposible que alguien arrojando un montón de letras al aire- dice Cicerón- caiga al suelo un verso inteligible de Enio, poeta antecedente a Virgilio. Puedes intentarlo un millón de veces, no lograrás que por azar se forme un solo verso que pueda ser leído con sentido.
Siendo así, es imposible que detrás de Crimen y Castigo no haya un Dostoievski o que detrás de la Piedad no haya un Miguel Ángel o detrás de las Estaciones no haya un Vivaldi. Viendo la belleza de sus obras nosotros creemos que ellos existieron y fueron unos genios. Ahora, ¿Por qué la belleza de la creación y del misterio del hombre no merece que exista también un Ser mucho más inteligente y superior que los ya citados? ¿Qué es el universo y el hombre en comparación a un libro, una estatua o una partitura? ¿Puede el río ser más grande que el mar?
El asombro de aquel atardecer y la puerta abierta a nuestras espaldas nos empujaron enseguida a tomar un café. En el vaivén de sorbitos de café desfilaron las vías de Santo Tomás de Aquino, el argumento ontológico de San Anselmo, la apuesta de Pascal, los planteamientos de Darwin, la teoría de Stephen Hawking y sus agujeros negros, además de la afirmación de que Dios no fue necesario para encender la mecha del Big Bang. Stephen Hawing no tenía en cuenta que hasta sus teorías tenían agujeros, pues si por un lado es cierto que el mundo no necesitaba a Dios para encender una mecha, por otro necesitaba de Dios para llegar a existir como una mecha y realizarse como fuego y como vida.
Al final el diálogo con el ateísmo científico puede ser ocasión de evangelización por parte de la fe que no teme la razón. Basta abrir la puerta de la escucha y la acogida al que piensa diferente a nosotros. Una vez abierta la puerta sin muchos argumentos y silogismos la misma realidad con su belleza y esplendor provocará en la mente y el corazón del racionalista el deseo de dar una posibilidad a la cuestión de Dios y a la belleza de la fe.
Como el café mezclado con el agua en el calor del fuego, la mente y el corazón del ateo serán el recipiente de la gracia, donde no será la fe por un lado y la razón por otro, sino una sola cosa. Creer en Dios es creer en una Razón Creadora y Creativa. Siempre es con la pureza de la gracia como el agua y el aroma de la razón como el café que el ateo podrá contemplar el mundo material y con humildad aceptar que él no hizo tan grande belleza. Cuando esto ocurra, entonces habrá esperanza.