Tomás Moro, Santo
Memoria Litúrgica, 22 de junio…
Hoy también se festeja a:
- • María Inés Teresa Arias, Beata
- • Nicetas de Remesiana, Santo
- • Albano de Inglaterra, Santo
- • Inocencio V (Pedro de Tarentasia), Beato
- • Juan Fisher, Santo
Amor misericordioso y transformador
Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, Tú conoces mi miseria mejor que nadie, me conoces hasta lo más profundo. Te pido que me des la gracia de verme como Tú me ves, que reconozca el don que soy y, así también, pueda descubrirlo en los demás. Dame tu gracia para amarte cada día más.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 1-5
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.
¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Un amor verdadero ve lo profundo de la otra persona, ve sus intenciones y, aunque a veces no sea correspondido, reconoce que el otro ha hecho su mejor esfuerzo. El amor es capaz de perdonarlo todo, todo lo soporta, todo lo cree porque a la raíz tiene un corazón de misericordia. Una vida caracterizada por este amor no solo da una gran felicidad, sino que se comparte.
Este amor quiere seguir el principio de ama como quieres ser amado. Se esfuerza por hacer de su medida, de la medida del amor, una cosa sin medida porque quiere salir y darse por completo al otro, no se queda con una cosa mediocre.
Para cambiar el mundo y hacerlo un lugar mejor donde reine el amor, necesitamos comenzar por algo sencillo, pero a la vez difícil: cambiarnos a nosotros mismos. Muchas veces nos preguntamos por qué no cambia tal persona, o pensamos que le vendría bien esto al otro y, por lo general, nos mueve una actitud: «los otros son los que tienen que cambiar», no yo. Para hacer un cambio debemos empezar con nosotros mismos; pero, aunque parezca una tarea fácil se complica un poco porque debemos adquirir un gran conocimiento propio y, después, trabajar en nuestra fuerza de voluntad para cambiarnos y asemejarnos más a Cristo que ama sin condiciones.
En nuestra relación con Dios, a veces, podemos «meter la pata» y no dejar que Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida y nuestro corazón. Por muchas otras cosas lo tenemos en segundo lugar, y esta es una gran oportunidad para permitir que Dios se convierta en el centro de nuestras vidas, sólo hay que dejarlo que actúe y no oponernos a su gracia.
«En este sentido, la promoción de la justicia requiere la contribución de las personas adecuadas. Las palabras exigentes y fuertes de Jesús pueden ayudarnos: “Con la medida con que juzguéis, seréis juzgados”. El Evangelio nos recuerda que nuestros intentos de justicia terrenal siempre tienen como horizonte último el encuentro con la justicia divina, la del Señor que nos espera. Estas palabras no deben asustarnos, sino solamente animarnos a cumplir nuestro deber con seriedad y humildad».
(Discurso de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2020)».
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy felicitaré a alguien por lo que haya hecho, ya sea algo especial o de todos los días.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La Iglesia y el deporte
Por: Alexandre Borges de Magalhaes | Fuente: CEC Conectado Con lo Esencial
El interés de la Iglesia por la actividad deportiva no es nuevo, pero en las últimas décadas ha experimentado un crecimiento significativo que coincide con la difusión del deporte a círculos cada vez más amplios de la sociedad. Los últimos Papas han estado atentos al mundo deportivo y a través de encuentros con equipos, selecciones y deportistas, han regalado importantes luces que propician una comprensión integral del deporte. En los últimos años, este esfuerzo eclesial se ha traducido en la creación de la sección “Iglesia y deporte”, del Pontificio Consejo para los Laicos, la Familia y la Vida y del Departamento de Deporte en el Pontificio Consejo para la Cultura, que buscan fomentar la reflexión acerca de la relación entre fe cristiana y deporte, impulsar la pastoral de los deportistas y difundir los valores cristianos asociados a la práctica deportiva, pues la Iglesia «está llamada a prestar atención también a todo lo que concierne al deporte, que puede ser considerado como uno de los puntos neurálgicos de la cultura contemporánea y frontera de la nueva evangelización»1.
Pero, ¿dónde radica, en última instancia, el interés eclesial por el deporte? Con mucha claridad lo dice el Papa Francisco: “Los lazos entre la Iglesia y el deporte son una bella realidad que se ha ido consolidando en el tiempo, porque la comunidad eclesial ve en el deporte un válido instrumento para el crecimiento integral de la persona humana. La práctica del deporte, en efecto, estimula una sana superación de sí mismos y de los propios egoísmos, entrena el espíritu de sacrificio y, si se enfoca correctamente, favorece la lealtad en las relaciones interpersonales, la amistad y el respeto de las reglas”2.
También nos ayuda remontarnos a la célebre intervención del Papa Pío XII acerca de los cuatro fines del deporte, donde enseña que el deporte «tiene como fin próximo el educar, el desarrollar y fortificar el cuerpo en su lado estético y dinámico; como fin más remoto, el uso del cuerpo por parte del alma, así preparado para el despliegue de la vida interior y exterior de la persona; como fin aún más profundo, el de contribuir a su perfección; por último, como fin supremo, en general y común a toda forma de actividad humana, el de acercar al hombre a Dios»3.
Al precisar la finalidad de la actividad deportiva, el Papa Pio XII muestra el trasfondo del interés eclesial por el deporte, que es la salvación del hombre en su totalidad, cuerpo y espíritu, dejando en evidencia que para la Iglesia el deporte es una actividad humana sumamente relevante, pues es un instrumento que permite al ser humano desarrollarse integralmente y acercarse a Dios.
La Iglesia se interesa por la práctica deportiva porque antes que nada se interesa por el bienestar físico y espiritual del ser humano, porque lo concibe como una unidad, no compuesta de partes aisladas e independientes, sino de realidades unidas, que interactúan y se influencian permanentemente. La visión cristiana del ser humano busca ser integral, evitando cualquier reduccionismo antropológico.
En la misma línea, se entiende el deporte no sólo en su aspecto físico, sino también en cuanto «ordenado al perfeccionamiento intelectual y moral del alma»4, como una «gimnasia del espíritu, un ejercicio de educación moral»5 que ayuda al ser humano a la consecución de los fines supremos para los que ha sido creado. «Asimismo, cuando se practica deportes de alto nivel hace falta preservar la armonía interior entre el cuerpo y el espíritu, no reduciendo el deporte solamente a la mera obtención de resultados»6.
“Nada hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco”7 en el corazón del Pueblo de Dios, nos enseñaron los padres conciliares en la Gaudium et spes. En la misma dirección el Papa Francisco nos exhorta a seguir: ‘‘La Iglesia se interesa por el deporte porque le preocupa el ser humano, todo el ser humano, y reconoce que la actividad deportiva repercute en la formación de la persona, en sus relaciones, en su espiritualidad”8.
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1 Nota de prensa con ocasión de la fundación de la oficina “Iglesia y deporte” del Pontificio Consejo para los Laicos.
2 Papa Francisco, Mensaje a los Delegados de los Comités Olímpicos Europeos, 23/11/2013.
3 Pío XII, Discurso al Congreso italiano de educación física, 8/11/1952.
4 Pío XII, Discurso al Centro Deportivo Italiano, 5/10/1955.
5 Pablo VI, Discurso a los ciclistas del Giro de Italia, 30/5/1964.
6 Benedicto XVI, Discurso al equipo de ski alpino de Austria, 6/10/2007.
7 GS, 1.
8 Papa Francisco, Discurso a los miembros de la Federación Italiana de Tenis, 8/5/2015.
