Hoy también se festeja a:
- • Honorato de Toulouse, Santo
- • Queremón de Nilópolis y compañeros mártires, Santos
- • Francisca de Colledimezzo, Santa
- • Francisca Javier Cabrini, Santa
La humildad de su esclava
Adviento
Lucas 1, 46-56. Adviento. María sabía bien en quién había puesto su confianza y por eso no se derrumbó en su vida a pesar de las pruebas.
Por: Héctor Bárcenas Gómez, LC | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 1, 46-56
Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso, desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como había anunciado a nuestros padres en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.» María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
Oración introductoria
Jesús, tú conoces mi corazón mejor que nadie. Sabes cuan débil es mi fe, pero también conoces mis anhelos de creer y confiar más. Tú dijiste: «Todo es posible para el que cree» (Mc 9, 23), y por eso te pido como aquel padre cuando curaste a su hijo: «Creo, pero ayúdame porque tengo poca fe» (Mc 9, 24). Fe, Señor, eso te pido para iniciar esta oración. Pongo en tus manos mis más íntimas intenciones, tú las conoces y sabes qué es lo que necesito. María, ayúdame a creer confiadamente en Él para poder alegrarme en Dios mi Salvador como tú lo hacías.
Petición
Señor, que en este día sienta mayor necesidad de Ti.
Meditación del Papa Francisco
«¡Una esperanza que no desilusiona porque el Señor nunca desilusiona. Él es fiel y Él nunca desilusiona! Pensemos y sintamos esta belleza.
El modelo de esta actitud espiritual, de este modo de ser y de caminar por el camino es la Virgen María. Una simple joven de pueblo, que lleva en su corazón toda la esperanza de Dios. En su vientre, la esperanza de Dios ha tomado carne, se ha hecho hombre, se ha hecho historia: Jesucristo. Su Magnificat es el cántico del pueblo de Dios en camino, y de todos los hombres y mujeres que esperan en Dios, en la potencia de su misericordia.
Dejémonos guiar por Ella que es madre, que es mamá y sabe cómo guiarnos, dejémonos guiar por Ella en este tiempo de espera» (Papa Francisco, 1 de diciembre de 2013).
Reflexión
¡Qué difícil es tener hambre de Dios cuando estamos rodeados de tanto materialismo y satisfacciones inmediatas; cuando todo nos invita a ser más egoístas! Nos vamos cerrando a la gracia divina y nos volvemos orgullosos. Parece ridículo hoy en día tener que depender de un Ser Supremo. Sin embargo, el cristiano se da cuenta que esta mentalidad del mundo contemporáneo no tiene fundamentos y se derrumba con las dificultades de la vida. María sabía bien en quién había puesto su confianza y por eso no se derrumbó en su vida a pesar de las pruebas. Siempre supo mantener esa sencillez de corazón y reconocerse pobre, necesitada de Dios. Cómo resalta ver gente que vive así, como María, alegres, sencillos y puros de corazón. Ojalá que nuestros corazones no se ensoberbezcan ni se vuelvan unas murallas de egoísmo a la acción amorosa de Dios.
Propósito
Agradecerle durante el día a Dios que tenga necesidad de Él: «Gracias, Señor, porque me haces sentir necesidad de Ti»
Diálogo con Cristo
Jesús, es más fácil vivir con la mentalidad del mundo materialista, olvidado de ti, soberbio, y Tú sabes cuánto me atrae y me dejo llevar por él. Pero, Señor, no soy feliz así. Mi mayor dicha es estar contigo, es tener tu paz y tu amor en mi corazón. Ayúdame a ser humilde y necesitado de Ti, a reconocerme pobre y volverme rico con tu presencia. No me dejes solo, te necesito.
«Mi dicha es estar cerca de Dios: yo he puesto mi refugio en ti, Señor, para proclamar todas tus acciones» (Salmo 73, 28)
- Preguntas o comentarios al autor
- Héctor Bárcenas Gómez, LC
La esencia de la Navidad
Por: + Antonio Ceballos Atienza | Fuente: revistaecclesia.com

Hay días del año en los que todos, creyentes y no creyentes, sentimos algo especial que invade todo nuestro ser, impregna nuestro espíritu e inclusive nuestro humor. Uno de ellos es Navidad. Hoy más que nunca se corre el riesgo de reducir esta fiesta a un mero hecho social, olvidando sus raíces de auténtica significación cristiana. Muchos “usan” la Navidad, no la “viven”, y mucho menos la “comprenden”. ¿Pero la comprendemos nosotros?
Permitidme que como felicitación navideña, brevemente, os haga unas sugerencias que os puedan ayudar a comprender, o al menos, a descubrir la esencia de la Navidad.
1. Navidad es un misterio de Amor
En ella descubrimos “un nuevo Dios”, el Dios amor, el Dios cercano, lleno de ternura y mansedumbre, un Dios distinto al que los filósofos nos han enseñado. Dios se ha acercado a los hombres, ha descendido hasta ellos y se ha situado al nivel de su vida y condición humana. Sólo desde la fe y un poco de locura es esto comprensible.
Dios que nace niño pequeño nos manifiesta así su amor a los hombres. Nosotros estamos llamados a participar de ese amor de Dios, a fomentar el amor cristiano, el amor fraterno que engendra la paz. El abrazo de amor que Dios Padre da al Hijo es el abrazo de amor que Jesús nos da a cada uno de nosotros, y nosotros los cristianos debemos dar a cada persona.
2. Navidad es la fiesta de la humanidad de Dios
En Belén nació el “hombre nuevo”. Cuando Jesús apareció en las manos de su Madre, acababa de revolucionar el mundo. Por ello no es una metáfora decir que “todos nacimos en Belén”. El don de Dios que fue la entrega de su Hijo, es el mayor regalo que jamás han hecho a la humanidad. Desde Belén la condición humana ya no es una triste aventura llena de incertidumbres, sino de profunda esperanza.
Navidad es, en efecto, la fiesta de la humanidad de Dios, de un Dios que ha querido hacerse hombre, participar de la condición humana, ponerse así al lado del hombre y en favor del hombre. Esa es la razón última que nos impide a los cristianos ser pesimistas ante el hombre y la historia humana.
3. Navidad es la fiesta del Asombro y de la Adoración
Navidad es la fiesta del “asombro” y de la “adoración” porque desde ese día no solo está Dios con nosotros, sino también está “en nosotros” y “entre nosotros”. Nosotros tenemos que descubrir en cada ser humano la oculta presencia de Cristo, especialmente en los que sufren, en los más pobres y necesitados. Y esta es nuestra tarea y la tarea de los miembros de los centros de Cáritas en los que se atiende a las familias que padecen la situación económica y del paro, a los marginados de cualquier tipo, a los enfermos, a los que sufren, etc.
4. Navidad es la fiesta del gozo y la alegría
¡Alegraos! El Señor está cerca. El ángel que comunicó a los pastores el nacimiento del Mesías les dijo que esa noticia les iba a llenar a todos de alegría. Es un mensaje que vale la pena vivir y comunicar. Nuestra alegría es participación de la alegría de Dios. No es una alegría superficial, basada en las cosas materiales. Es la alegría profunda, arraigada en la fe y en la presencia de Jesús en medio de nosotros. ¡Alegraos!, os lo repito ¡Alegraos!.
5. Navidad es la fiesta de la esperanza
Cada Navidad relanza nuestra esperanza y nosotros tenemos el deber de sembrar y comunicar esperanza en derredor nuestro.
Las luces de Navidad van a brillar estremecidas de esperanza en los países, en donde la Iglesia y la conciencia religiosa están estrenando libertad recobrada. No podemos dejar de alegrarnos por ello porque “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los cristianos”.
¡Os deseo a todos una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo con un abrazo de paz y alegría en el Señor Jesús!
+ Antonio Ceballos Atienza – Obispo de Cádiz y Ceuta

