
Agapito I, Santo
LVII Papa, 22 de abril…
Hoy también se festeja a:
¡No está aquí… ha resucitado!
Por: H. Jesús Alberto Salazar Brenes, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, permíteme entrar en el gozo verdadero de tu resurrección para poder encontrarme contigo en este rato de contemplación.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 28, 8-15
Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido. Estos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de dinero a los soldados, con estas instrucciones: «Digan: ‘Durante la noche, estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo’. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les evitaremos cualquier complicación».
Ellos tomaron dinero y actuaron conforme a las instrucciones recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¡Alegraos! Hoy es un día para el gozo profundo y verdadero. Cronológicamente ayer fue domingo de resurrección, pero como dice san Pablo «Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe» (1Cor 15,14), por lo tanto, la Iglesia celebra ocho días enteros como si fueran domingo. ¡Hoy es el día en que actuó el Señor!
Cristo resucitado hoy nos quiere decir, como a las mujeres que fueron al sepulcro, ¡no tengan miedo! Si en esta Semana Santa tuvimos una experiencia más cercana con el Señor y algo concreto nos está pidiendo para nuestra vida, ¿qué esperamos?
Si durante estos días hemos acompañado a Jesús en oración, en la cruz y en su dolor, ahora es el momento para anunciar las maravillas de lo que hemos contemplado y gritar lo que ha hecho y está haciendo en nuestra vida. Miremos nuestra historia y aprendamos a leerla en clave de cruz y resurrección; las dificultades y alegrías que el Señor nos ha dado son los medios para unirnos a su pasión y a su victoria.
La pascua es el momento para mirar a Jesús que venció con poder al pecado, a la muerte y al tentador. Ya no existe pecado que no pueda ser perdonado, la muerte dejó de ser algo trágico porque Él nos ha dado la esperanza y no existe tentación que no pueda ser derrotada por más fuerte que parezca.
¡Alegraos! Ha llegado el momento de una resurrección a la alegría en nuestra vida personal, y lo mejor es que podemos mantenernos en ella siempre que no perdamos de vista a Cristo resucitado, que viene a nuestra alma en la eucaristía y se queda con nosotros haciéndose nuestro compañero de viaje hacia el cielo.
«Y si ayer, con las mujeres contemplábamos “al que traspasaron”; hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: “no tengan miedo… ha resucitado”. Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios “acontece” en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora. Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio! Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy seré testimonio de la alegría verdadera que brota de la resurrección de Cristo, especialmente con aquellas personas cercanas a mi realidad que viven una vida monótona y con falta de sentido.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Cristo ha resucitado? Entonces, nosotros también resucitaremos
Por: Pedro García, misionero claretiano | Fuente: Catholic.net
Cuando estudiamos el Catecismo, ¿por qué lección empezamos? Seguramente, que no comenzamos nunca por la primera de todas, sino que llegamos a ella después de muchos días. Lo cual es un error, desde luego. ¿Cuál es la lección primera? Sin discurrir un momento, digamos que es la Resurrección de Jesús. Eso que decimos en el Credo: y al tercer día resucitó de entre los muertos, es lo primero de todo.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos lo recuerda hoy al afirmar que la resurrección constituye la confirmación de todo lo que Jesucristo hizo y enseñó. Con estas palabras no hace sino repetirnos lo del apóstol San Pablo: – Si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación, es inútil vuestra fe.
Una vez más que volvemos sobre este misterio, fundamento de todo lo que creemos y esperamos y amamos, porque no vamos a amar a un muerto que nos habría engañado.
Si se cree en la Resurrección, hay que admitir todo el Evangelio y hay que darse a Jesucristo.
Si no se cree en la Resurrección es inútil insistir en ninguna otra verdad.
Los cristianos de la Iglesia Oriental de Europa, sobre todo en Rusia, celebran la Resurrección de una manera espléndida. Durante todo el sábado, el día se pasa triste, muy triste. En el templo aparece sólo el sepulcro sellado, con Jesucristo muerto dentro de la roca. Pero al anochecer, las calles empiezan a iluminarse con el esplendor de antorchas y más antorchas que se dirigen hacia la iglesia. Al llegar la nutrida procesión, se abre la puerta y aparece el sacerdote vestido de blanco, con un manto flotante, lujoso, lleno de gracia y majestad. En su mano, el crucifijo que levanta en alto, mientras canta jubiloso por tres veces:
-¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo a resucitado! ¡Cristo ha resucitado!…
La multitud responde con gritos a cada proclama:
-¡En verdad que ha resucitado! ¡En verdad que ha resucitado! ¡En verdad que ha resucitado!…
Entran todos en el templo, espléndidamente iluminado, como quien entra en la gloria. Y llega un momento en que el coro invita a todos cantando:
– Abracémonos unos a otros, llamémonos hermanos, perdonemos a los que nos odian y cantemos todos juntos: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos!
En este momento estalla el júbilo incontenible. Todos se besan y abrazan, ricos y pobres, grandes y pequeños. El que da el beso saluda:
– ¡Cristo ha resucitado!
Y responde el que lo recibe:
– ¡Sí, Cristo ha resucitado!
No acaba aquí este grito de triunfo. Durante los días pascuales seguirá en la vida como normal este saludo, al encontrarse dos personas
– ¡Cristo ha resucitado!
– ¡Sí, Cristo ha resucitado!
Así se celebraba la Resurrección en Rusia, y Dios quiera que se haya renovado para no suprimirse ya nunca. Bella la función. Pero, sobre todo, profunda en su significado, porque resume todo lo que es nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.
Sin el amor a Jesucristo no se explica este gozo.
Sin esperanza de tener esta misma gloria del Señor, tampoco se comprende esta alegría.
Sin fe en todo lo que creemos, resulta ininteligible tal celebración.
La celebración pascual se convierte entonces en una vivencia extraordinaria de esas tres virtudes –la fe, la esperanza, la caridad– que impulsan y activan todo el organismo sobrenatural de la vida cristiana.
Nosotros, siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica, sacamos todas las consecuencias. Nuestra vida entera es un vivir según Jesucristo Resucitado. Esto, cada día, siempre. El domingo, en especial, renovamos con la Eucaristía la celebración pascual. Porque sentimos, experimentamos y vivimos todo el misterio de nuestra fe. Esto es de cada día, y no hace falta estar en tiempo pascual para recordarlo y vivirlo.
¿Cristo resucitó, venciendo la muerte y todas las fuerzas de la naturaleza? Entonces, Jesucristo está sobre todo lo creado. Jesucristo es Dios.
¿Cristo resucitó, cumpliendo su palabra? Entonces, le creemos a pie juntillas. Era lo que Él decía. Era el Salvador.
¿Cristo resucitó? Entonces, hemos quedado santificados y salvados, porque ha podido mandarnos desde el seno de Dios el Espíritu Santo.
¿Cristo ha resucitado? Entonces, somos con Él hijos de Dios, porque nos ha metido en su misma vida.
¿Cristo ha resucitado? Entonces, nosotros también resucitaremos, porque estamos unidos a Él en un mismo cuerpo, como los miembros con la cabeza.
¿Cristo ha resucitado? Entonces, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, y llevamos ya en la tierra la vida del Cielo.
¿Seguimos con las preguntas? Haríamos una lista interminable. Pero, vamos a la última, que es muy sencilla de hacer, y ojalá sepamos responderla todos: -¿Sabemos bien la primera lección del Catecismo?…
