Bernardino de Siena, Santo
Memoria Litúrgica, 20 de mayo …
Hoy también se festeja a:
- • Protasio Chong Kuk-bo, Santo
- • Austregisilo de Bourges, Santo
- • Lidia de Tiatira, Santa
- • Lucífero de Cagliari, Santo
- • María Crescencia (María Angélica) Pérez, Beata
El amor de un hijo
Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre mío, haz que te ame al punto de saber renunciar a mi y a mis gustos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 14, 21-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?». Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.
Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
De pequeño siempre me gustaba hacer castillos de arena, veía cómo se compactaba la arena con el agua y apretando mis manos. Un día hice un corazón con la arena y le puse las palabras «te quiero mamá.». Fui corriendo a buscar a mi mamá, que estaba en el restaurante del hotel, para que viera el corazón que le había hecho. Cuando mi mamá llegó el corazón se había deshecho y comencé a llorar; mi mamá me decía lo mucho que le gustaba el corazón que le había hecho y me dio un abrazo.
Cuando vemos a Dios y nos ponemos a pensar en cómo le podemos amar, se nos pueden ir las ideas en mil cosas que no durarán mucho, como el corazón de arena, y no serán tan agradables a sus ojos como la intención con que las hacemos, las lágrimas por el corazón de arena nos dan una lección. Como el Evangelio dice que primero amaremos a Dios, y luego cumpliremos sus palabras, pensémoslo, la palabra de Dios es dura si no se hace por amor; y las cosas que hacemos son como arena, pasarán. Lo más importante es la intención con que hacemos las cosas y, por tanto, no amaremos más a Dios porque vayamos a misa, recemos el rosario, o hagamos más actividades en la parroquia o con los grupos de oración… haremos todas estas cosas y más porque el amor por Dios no nos dejará con los brazos cruzados, sino que nos hará verdaderamente hijos suyos. Toda esa acción solo puede proceder del amor de un hijo.
«Entonces, en el camino de la vida, dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo. Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. La vida es así. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre.»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Reconocer cuál es la voluntad del Padre en mi vida y pedirle la gracia de cumplirla con gran amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Por qué hay que ir a Misa los domingos?
Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net
El hombre hoy día tiene poco tiempo para dedicarse a las cosas de Dios, para conocerlo y entenderlo.
La Iglesia, consciente de que si sus miembros no conocen a Dios no podrán cumplir con la misión que les ha sido encomendada, ha querido asegurar que se le dedique un tiempo a la semana a este conocimiento y ha dado un mandamiento para darle un sentido religioso a nuestro descanso en el que se nos recuerda : «Oir misa entera todos los domingos y días de precepto».
Con este mandamiento, la Iglesia asegura que sus miembros conocerán los lineamientos de su Fundador, Jesucristo, y de esta manera no perderán el «estilo» de seguidores de Cristo; no olvidarán su fin último y se esforzarán por cumplir su labor personal dentro de la Iglesia.
¿Por qué el domingo y no cualquier otro día?
Desde la Creación, por el relato del Génesis, sabemos que Dios quiso instituir un día dedicado a Él: «Y el séptimo día descansó.» Este es el origen del sabath judío. Como Jesucristo resucitó un domingo, los primeros cristianos cambiaron el sabath al primer día de la semana, el domingo, dedicándolo plenamente a Dios.
En los Hechos de los Apóstoles podemos leer que el origen de la misa los domingos se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día de la semana, recordando la Resurrección de Cristo, para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía.
Por esta razón, la Iglesia nos pide que asistamos a misa los domingos como recordatorio de que debemos dedicarle todo ese día a Dios.
Además, asistir a misa nos trae grandes beneficios, pues es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía y es el medio de santificación más perfecto, pues en él conocemos a Dios y nos unimos a Jesucristo y a toda la Iglesia en su labor santificadora.
Durante la misa nosotros participamos estrechamente en la vida y misterio de Jesucristo, por Él, con Él y en Él, ofreciendo nuestras obras, ofreciéndonos nosotros mismos, pidiendo perdón por nuestros pecados y, con esto, alcanzamos gracias para toda la Iglesia, reparamos las ofensas de otros y rendimos una alabanza de valor infinito porque lo hacemos por medio de Jesucristo.
No asistir a misa es perdernos de todos estos beneficios.
Si en la Santa Misa se revive cada vez, en forma actual e incruenta el sacrificio de la cruz donde Jesucristo, por amor, murió por todos nosotros. Entonces, ¿por qué se hace una ley de algo que debería ser una respuesta de amor?
Para ayudarnos a los cristianos a cumplir nuestros deberes con Cristo y a beneficiarnos de los dones que Él nos entregó, ya que hay situaciones en que recordar que es una obligación, nos da más fuerza para cumplir con ese acto de amor. La obligación grave de ir a Misa nos moverá con una fuerza que quizás no nos daría la propia espontaneidad.
Es fundamental formar un sentido de previsión para no perder la Misa dominical, enseñarlo a nuestra familia y así asistir tranquilamente y sin presiones a la Celebración Eucarística que es «sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria venidera». (Sacrosanctum concilio n. 47)
Si quieres saber más al respecto, puedes leer la carta del Papa “Dies domini” sobre este tema. Después de leerla no sólo sabrás por qué se debe ir a Misa los domingos, sino que la disfrutarás y gozarás como nunca lo has hecho. Te lo aseguro.
