Inés de Montepulciano, Santa
Virgen, 20 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Secundino de Córdoba, Santo
- • Marciano de Auxerre, Santo
- • Teodoro Triquino, Santo
- • Elena de Laurino, Santa
- • Francisco Page, Beato
La vida de Cristo en mi vida
Por: H. Francisco Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, Tú que estás tan cerca de mí que hasta te puedo tocar, ayúdame a comunicar esta experiencia maravillosa en mi vida a la gente que me rodea, especialmente a mi familia. Te pido que, en momentos difíciles, pueda ver tu cruz y tomar fuerzas de tu sufrimiento salvífico para sobrellevar mi cruz. Te doy gracias por todo lo que me has dado.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?».
Le respondió Jesús: «Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En este tiempo tan especial de Pascua y con las circunstancias especiales de la pandemia, una cosa que me vino en mente al ver tantos videos, imágenes, canciones religiosas o cristianas en el internet. ¿Qué pensaría un no creyente al ver todo esto? Creo que sin duda se daría cuenta que este Cristo es alguien importante, que tiene una madre maravillosa y, extrañamente, muchas personas la invocan con las mismas palabras: madre; que hay gente a la que les importa mucho la iglesia y lo que el hombre de blanco (el Papa) dice al mundo. En una palabra, se encontrarían con que los cristianos creen en una persona viva que sienten presente en sus vidas. Es este Cristo que se hizo pecado y murió en la cruz para tomar nuestros pecados sobre Él; y así como Dios mandó a Moisés que hiciera una serpiente para librar de la muerte a los judíos en el desierto, así ha pasado con Cristo elevado en una cruz. Y ahora celebramos que la historia no se ha quedado ahí, celebramos la vida y la vida eterna, celebramos que Cristo ha resucitado de la muerte y nos invita a ser parte de su vida nueva.
Para experimentar los frutos de la resurrección del Señor necesitamos estar cerca de Él para dejarnos formar por Él que quiere, con todo el corazón, ser parte de nuestras vidas. Invitemos a Jesús a nuestra casa, a nuestro trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos, etc., porque con Él podemos hacer cosas inimaginables ya que somos capaces de todo en Aquel que nos conforta.
«Nicodemo no entendía la lógica de Dios, que es la lógica de la gracia, de la misericordia, por la cual el que se hace pequeño se vuelve grande, el que se hace último pasa a ser el primero, el que se reconoce enfermo se cura. Esto significa dejar realmente la primacía al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo en nuestra vida. Atención: no se trata de convertirse en sacerdotes «poseídos», casi como si se fuera depositario de un carisma extraordinario. No. Sacerdotes ordinarios, simples, humildes, equilibrados, pero capaces de dejarse regenerar constantemente por el Espíritu, dóciles a su fuerza, interiormente libres —sobre todo de sí mismos— porque les mueve el «viento» del Espíritu que sopla donde quiere».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de abril de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Compartir un momento de gracia especial con Cristo a una persona.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Pecado Mortal o Venial? La Eterna Duda
Por: Steven Neira | Fuente: CapsulasDeVerdad.com
Extensa es la lista de actos o situaciones por las cuales la gente se pregunta si tal cosa “es pecado o no”. Desde copiar en un examen hasta desperdiciar la comida, sin embargo, las situaciones se extienden a un número interminable, al punto de que muchas veces se puede caer en un serio fariseísmo [1]. Justamente por ello, la Iglesia no tiene una lista con todos los actos o situaciones en las que la gente se le pueda ocurrir estar envuelta, y menos -como muchos quisieran- tiene un “pecadómetro” para medir de qué momento a qué momento se convierte algo en pecado. Sin embargo, nos da lineamientos claros para poder formar nuestra consciencia al respecto.
Naturaleza del pecado
Es importante entender que todo pecado es malo. Todo pecado tiene un efecto negativo en nosotros y en los demás, aunque algunos son más dañinos que otros. De hecho, algunos son tan dañinos que pueden ser mortales. Obviamente -y aclaro por si es necesario- esto no quiere decir que cometiendo ciertos actos podemos caer muertos allí mismo, sino que, algunos pecados pueden causarnos una muerte espiritual. Estos pecados que nos causan la muerte espiritual es lo que la Iglesia llama pecados mortales. Mientras que, aquellos que son dañinos pero no mortales, son los que la Iglesia llama pecados veniales.
Ante esta realidad, la Iglesia nos da ciertos criterios para poder definir si algo puede ser considerado pecado mortal o venial. Esto, no con el fin de convertirnos en fariseos, y mucho menos para caer en escrúpulos confesándose hasta cinco veces a la semana.
Criterios para detectar un pecado mortal
La Iglesia nos enseña que hay tres aspectos que uno debe cuestionarse para determinar si algo es o no un pecado mortal:
¿Es materia grave?
En otras palabras, ¿es una ofensa seria y directa contra los Mandamientos de Dios? Una guía práctica para responder esta pregunta la encontramos en los Diez Mandamientos[2]. Se debe considerar el pecado en sí mismo, pero también el daño que ha causado (un pecado contra nuestros padres puede ser mucho más grave que si lo hubiésemos cometido a un extraño), y así como también el daño causado por el mismo (por ejemplo, robar $20000 a tu jefe, es mucho más grave que robarte un lápiz del trabajo).
Básicamente, para que un pecado sea considerado como “de materia grave”, debe ser una gran ofensa a las Leyes de Dios – y por tanto a Dios –, y que puede además causar mucho daño.
¿Tengo plena consciencia del acto pecaminoso?
Plena consciencia implica saber con certeza que lo que se hace es pecado. Por ejemplo, si alguien jamás estuvo consciente de que la contracepción (control artificial de la natalidad) era un pecado y contrario al plan de Dios con respecto al sexo, esa persona no podría considerarse plenamente culpable (es decir, merecer una culpa) por dicho pecado. Así es señores, el conocimiento es un poder que implica una gran responsabilidad, algo que san Pedro conocía muy bien y nos lo transmitió mucho antes que el tío de Spiderman[3].
¿El pecado se llevó acabo con pleno consentimiento?
Quiere decir que el acto se realizó libremente luego de una decisión consciente. Las acciones que son realizadas bajo amenaza o algún tipo de fuerza (como que nos apunten con un arma en la cabeza, o algo así de dramático), o acciones que son efectuadas en un momento en que la consciencia no es plena y hay falta de lucidez (por ejemplo, bajo la influencia de drogas, alcohol o una situación psicológica particular) pueden limitar el grado de culpa de la persona. Pero OJO, esto en ningún momento quiere decir que la acción en sí misma no es un pecado; sino que la persona puede no ser culpable del todo.
Y así, para que un pecado sea considerado pecado mortal, deben estar presentes LAS TRES condiciones. En resumen: un pecado es mortal cuando hay materia grave, y hay pleno conocimiento de su pecaminosidad, y se ha elegido libremente cometerlo. Si alguna de estas condiciones no se cumple, el pecado no sería mortal sino venial.
El pecado mortal y el Dios de Amor
Nunca falta quienes tratan de decir que no existe tal cosa como “pecados mortales”, debido a que Dios es un Dios de Amor, y por tanto perdona todo (algo que es correcto). Sin embargo, si nos damos cuenta de las tres premisas antes mencionadas, nos daremos cuenta que no es Dios quien nos “retira” su Gracia, sino que somos nosotros quienes consciente, libre y deliberadamente decidimos apartarnos de ella. Para hacerlo más gráfico, al cometer un pecado mortal, el mensaje es el siguiente:
“Sé que lo que estoy haciendo es una ofensa seria contra Tu ley y que tendrá un efecto mortal en mi relación contigo, pero no me importa. Voy a hacerlo libremente de todas maneras.”
… Eso suena a un rechazo bastante GRANDE de Dios, así que el nombre de “pecado mortal” lo tiene bien merecido.
¿Y el pecado venial?
¿Qué hay de los pecados veniales? ¿No son gran cosa entonces? ¡Claro que sí! Recordemos que todo pecado es una ofensa a Dios y daña nuestra relación con El y con los demás. Mientras más pecamos (así sean pecados veniales) más se debilitará nuestra capacidad de amar y servir a Dios.
Hay que entender que a Dios no le basta con darnos la gracia suficiente para sobrevivir, sino que quiere darnos todo lo necesario para ser perfectamente santos
IMPORTANTE
Un pensamiento final para que tengamos en mente: aunque seamos capaces de observar las acciones de otros y determinar si lo que hacen es de materia grave (por ejemplo, si escuchamos de alguien que cometió un asesinato), no podemos determinar el estado de su alma. Tampoco tenemos idea de hasta qué punto la persona es consciente de su pecado y mucho menos el grado de libertad con el que lo cometió.
Aunque podamos decir que objetivamente un asesinato es un una grave ofensa contra Dios, no podemos decir que esa persona sea culpable de pecado mortal, o que ha sido separada de la gracia de Dios. Confiamos por ello a todos los pecadores (incluyéndonos a nosotros) a la misericordia de Dios.
