
Ezequiel Moreno y Díaz, Santo
Memoria Litúrgica, 19 de agosto…
Hoy también se festeja a:
- • Gregorio Martos Muñoz, Beato
- • Damián Gómez Jiménez, Beato
- • Guerrico de Igny, Beato
- • Tomás Sitjar Fortiá, Beato
- • Elvira de la Natividad de Nuestra Señora y compañeras, Beatas
¿Y qué hago para tener vida eterna?
Santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22. Lunes XX del Tiempo Ordinario.
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, me acercó a ti como el ese joven que se creía muy bueno. Quiero confirmar qué he de hacer para ganar la vida eterna, qué tengo que cambiar, qué tengo que hacer… Dame la gracia de saber escucharte y tener el valor de ser desprendido de los bienes materiales, pero sobre todo, de mí mismo, para poder entregarme a tu amor y vivir la caridad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Qué debo hacer con mi vida? ¿Huir de ella o aprovecharla? El joven del evangelio sentía una inquietud en el fondo de su alma. Había decidido romper con el pecado. Seguramente tendría amigos refugiados en el egoísmo, los placeres, la violencia, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Pero él no era así. Quería llegar a la vida eterna, y por eso se acercó a Jesús para preguntarle qué debía hacer.
¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Y cuál ha sido la respuesta? ¿Ha sido una respuesta de amor? Porque este joven, aunque estaba bien dispuesto, no supo estar a la altura y se fue triste. ¡Qué contradicción! Poseía muchos bienes, y en lugar de estar alegre, se marchó con un rostro marcado por la tristeza y el desengaño. En el fondo, no estaba dispuesto a decir sí a Jesús y optó por seguirse a sí mismo.
Seguir a Jesús exige esfuerzo, desprenderse de lo que uno más ama. Significa sacrificio, pero también alegría y realización humana. No hay que tener miedo a lo que nos exija la vivencia auténtica de nuestro cristianismo, porque no estamos solos. ¿Acaso Cristo nos va a abandonar? ¿No nos acompaña con sus sacramentos? ¿No nos va a consolar cada vez que le hablemos en la oración? Seguir a Cristo es el camino para aprovechar bien la vida.
«El joven se queda triste cuando Jesús le pide que venda sus riquezas. De golpe, la alegría y la esperanza en ese joven rico desaparecen, porque no quiere renunciar a su riqueza. El apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto, corrupción política, corrupción de la educación….Y ¿por qué? Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo. Hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre. Sin embargo, ese paraíso terrestre es un lugar sin horizonte, vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles. Utilizo el término “apego” y no “administrar bien las riquezas”, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor se lo da a una persona es para que esa persona lo haga para el bien de todos, no para sí mismo, no para que lo cierre en su corazón, que después con esto se hace corrupto y triste».
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de mayo de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Para estar hoy presente con las personas que me rodean, renunciar a tener mi teléfono celular conmigo todo el día. Y cuando vaya a hacer oración, siempre dejarlo donde no me interrumpa.
Despedida
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El Plan de Dios, la Creación.
Por: Margarita Gonzalez | Fuente: Catholic.Net

El Plan de Dios, para rescatar a la humanidad, procede de Su Corazón Amorosísimo, que le hace querer acercar Su Ternura y Su Fidelidad a su pueblo, a toda la humanidad, perdida en tantos conflictos, agravados por la falta de Fe en Su Promesa, en Su Fidelidad.
Los recursos de Dios para con los hombres, los acerca por medio de Su Ley y de los Sacramentos, Tesoro depositado en la Iglesia de Su Corazón, la católica, pero, también actuante en todas las religiones donde se invoca la presencia de Dios con sincero deseo de estar en Su Presencia, y Adorándole, Conocerle y Amarle.
Dios, plenamente consciente de nuestra fragilidad, nos da instrumentos que nos sirvan para madurar en el Camino de Perfección que es la Gracia, para desarrollar nuestro intelecto y nuestro corazón, a la altura de la perfección de nuestra Creación Original, y aumentada por la Gracia de Su Sacrificio y Resurrección, hasta la misma estatura, ya no solo imagen y semejanza, sino Hijos de Dios, pertenecientes al Linaje Divino que nos debe motivar a vivir las experiencias de Fe y Concordia que vienen del corazón, lleno de la Gracia de Dios.
Es por eso que los hombres debemos colaborar en el proyecto de Salvación que Dios determinó para todos los pueblos de la tierra, uniéndonos en Fraternidad y Compasión, que demuestra que verdaderamente sentimos en nuestro interior, el deseo de Dios de llevar Su Amor y Colaboración a los hermanos sufrientes, necesitados de Luz, así como de empatía, para hacer menos dolorosa su experiencia de vida, que les ha tocado vivir.
Dios protege a los menos poderosos, a los sufrientes, a los necesitados de ayuda y de Amor y Compasión, y es en sus hijos, más afortunados, donde se vuelve para solicitar, que en Su Nombre, se socorra aquella situación de angustia y de soledad o dolor.
El hombre necesita comprender la trascendencia de Su Divinidad, y apoyar las causas nobles en las que se dé bienestar a los hombres que la sociedad margina por causas imputables a causas ajenas a su voluntad o por ignorancia, o por desidia, pero, recordando que en ellos también está presente la Gracia de Dios, desconocida por su conciencia, valorada en su Espíritu Superior.
Es fácil corregir o criticar en otros lo que mengua su calidad humana, siendo que somos nosotros los primeros que debemos ejercitar nuestra Voluntad y Corazón, para conocernos y valorarnos, y encontrando nuestras limitaciones y necesidades de Dios, las trabajemos en contacto con Dios, esto es, mediante la Oración y el ayuno, para pedir a Dios nos ayude a aumentar o ensanchar nuestro horizonte en busca del conocimiento del Verdadero Dios y Su Actuar, siempre en nuestro favor.
Dios se hace presente cuando lo buscamos con sincero deseo de Encontrarlo, Así, la vida continúe avanzando por el Camino de Luz que le es necesaria para su desarrollo y plenitud.
El Mensaje de Dios para todos sus hijos es que le permitan ayudarles en las crisis y vicisitudes de la vida, dejando abierto su corazón a la Gracia Edificante con que Dios desea regalar a nuestros corazones Su Presencia, Sus cuidados, Su Amor Paternal.
El hombre elija el Camino de Perfección donde desea transitar, ya sea casa, hogar, hijos, familia, sacerdocio Consagrado, Castidad, perfume que tanto agrada al Corazón de Dios, entendiendo por Castidad, el cuidado que ponemos en nuestro ser Superior, así como en el de los demás.
La Castidad de Vida nos permite valorar la custodia de los Bienes Internos depositados por Dios para darnos Alegría, Plenitud, Paz, Concordia, Fidelidad al ser amado con quien hemos decidido formar familias valientes para educarlas en la Fe y el Amor a Dios y a los demás. La Castidad opera en el corazón y en la persona humana, dando Testimonio de Su Calidad Divina, que desean honrar.
Demanda de los hombres alejarse de la promiscuidad y del libertinaje que en aras de una libertad mal entendida, nos acarrea penas y desolación, y vacío en el corazón.
Dios quiere para todos sus hijos la Felicidad de experimentar la Vida en todas sus experiencias, gratificantes y edificantes, sabiendo que el hombre camina en medio de oscuridades que le pueden hacer caer en obstáculos que le impidan su plena realización, es por eso que Dios hace un llamado a todos sus hijos para que, conociéndolo, experimenten en sus vidas el deseo de Vivir de acuerdo con la Dignidad de Hijos de Dios, construyendo comunidades sólidas y vivas, donde se edifique el Templo de Dios en su interior y en el de todos, llamando a Conversión a los que, alejándose de esta Estatura Divina, vuelvan al hogar, donde los espera Dios para darles la Bienvenida y experimenten Su Misericordia y Su Amor.