Gregorio Barbarigo, Santo
Obispo, 18 de junio…
Hoy también se festeja a:
- • Calógero el anacoreta, Santo
- • Ciríaco y Paula, Santos
- • Gregorio Barbarigo, Santo
- • Osana Andreasi, Beata
- • Isabel de Schönau, Santa
La ley del amor
Por: H. Michael Vargas, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, enséñame a vivir con amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Alguna vez, te has preguntado, ¿Para qué está hecho el hombre?
De dicha pregunta pueden surgir diversas respuestas, las cuales, si las vemos a la luz del Evangelio de hoy, nos pueden iluminar en nuestra vida. En primer lugar, podemos responder que fuimos hechos para vivir, seguir normas o reglas que ordenen nuestra vida y tratar de ser mejores. En segundo lugar, podemos decir que sí, en efecto, vivimos, tenemos normas, reglas, queremos ser mejores, pero, ¿qué sentido tiene? ¿Qué hace realmente la diferencia?
En el Evangelio, Jesucristo, nos muestra que sí, tenemos la vida, pero no se nos da sólo para seguir un curso natural como muchos creen, no, al contrario, se nos ha dado la vida como un don, un regalo, ante el cual podemos y debemos corresponder con amor. No es sólo seguir aquello que creemos, normas, reglas: no es sólo cumplir nuestros principios; no es sólo hacer las cosas porque nos las piden de diversas maneras, al contrario, es hacerlas, pero hacerlas con amor.Es éste el fin para el cual el hombre ha sido creado, para descubrir el amor, pues al fin de cuentas, Dios es amor.
Es el amor, el que nos hace capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo; es en el amor en donde encontramos las mayores respuestas que se nos plantean en el fondo del corazón; es el amor en donde encontramos el verdadero goce y sentido de la vida.
Pregúntate: ¿Qué tanto amas? ¿Qué tanto haces las cosas por amor? De las respuestas que des, así será la orientación que le des a tu vida.
«Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor es perfecto en nosotros.»(I Carta de S. Juan)
Jesús no pide a sus discípulos sufrir el mal, es más, pide reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien. Solo así se rompe la cadena del mal: un mal lleva a otro mal, otro lleva a otro mal… Se rompe esta cadena de mal, y cambian realmente las cosas. De hecho el mal es un «vacío», un vacío de bien, y un vacío no se puede llenar con otro vacío, sino solo con un «lleno», es decir con el bien. La represalia no lleva nunca a la resolución de conflictos. «Tú me lo has hecho, yo te lo haré»: esto nunca resuelve un conflicto, y tampoco es cristiano.
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de febrero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
El día de hoy trataré de amar con obras, no sólo con palabras, y haré algún acto de caridad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El Significado de Ser Padre
Por: P. Dennis Doren, LC | Fuente: Catholic.Net
El “buen padre”, imagen ampliamente difundida por las sociedades de consumo, es la de “proveedor”: aquel que satisface todas las necesidades materiales del hogar. Para “que no les falte nada a los hijos” trabaja jornadas dobles y aún los fines de semana. El padre no logra satisfacer las necesidades presentes, cuando ya le han sido creadas otras. Así se desgasta febrilmente, sin darse un respiro para disfrutar lo importante: la experiencia única de ver crecer a los hijos, de acompañarlos y enseñarles con su propia vida el buen camino.
Los padres que han logrado vencer las tradicionales expectativas de ser meros proveedores, comparten el gozo en la formación y crecimiento de los hijos y hablan de “una nueva dimensión en la convivencia familiar”, van juntos al cine, a tomarse un café, al estadio, al campo, siguen de cerca sus estudios, sus amigos, el deporte de su hijo, en definitiva, es una convivencia “bien padre”. Que esa frase tan repetida por nosotros los hijos, se siga repitiendo en los corazones de cada hijo “QUIERO SER COMO TÚ, PAPI”, pero que esta expresión de imitación sea para bien y no para mal, como la siguiente historia, que espero les sirva a todos los papás para reflexionar sobre su misión.
Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal, pero yo tenía que viajar, tenía muchos compromisos. Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba. ¡Cómo creció mi hijo de rápido, cómo pasa el tiempo!
Mi hijo, a medida que crecía, me decía: ¡Papi, algún día seré como Tú! ¿Cuándo regresas a casa Papi?. -No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás…
Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días y me dijo: Gracias papi por la pelota, ¿quieres jugar conmigo? -Hoy no hijito, tengo mucho qué hacer. -Está bien papi otro día será, te quiero mucho papi. (Se fue sonriendo, y siempre en sus labios tenía la palabra «YO QUIERO SER COMO TÚ PAPI»).
¿Cuándo regresas a casa Papi? -No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás.
El tiempo pasó sin darme cuenta y mi hijo ingresó a la universidad, era todo un hombre.
-Hijito estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco de Ti. -Hoy no papi, tengo compromisos, por favor dame algo de dinero para visitar algunos amigos.
Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamo y le digo: -Hola hijo, quiero verte. -Me encantaría Padre, pero es que no tengo tiempo. Tú sabes, mi trabajo, los niños. Pero gracias por llamarme, fue hermoso oír tu voz.
Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo «ERA COMO YO».
A pesar de los iracundos reproches de quienes pretenden perpetuar el tabú inmemorial de que cuando el padre se involucra emocionalmente con el hijo se torna “suave como una segunda madre”, y que si participa en el cuidado y atención del hijo se convierte en simple “mandilón”; cada día son más los padres presentes en el quirófano en el momento del nacimiento de sus hijos, en los cursos prenatales y de posparto para capacitarse en el cuidado del bebé, aunque no sea tan de su agrado estar cambiando pañales…
Se necesitan dos para engendrar un hijo. También se necesitan dos para su desarrollo. La intuición femenina permite a la madre establecer una comunicación vital con el hijo desde el momento mismo de su nacimiento. Interpreta las señales de temor en el infante y con mimos lo tranquiliza y conduce suavemente.
La voz del padre es de importancia suma: da seguridad, confianza en el porvenir, establece los límites de la conducta infantil y cierra el círculo del amor que debe rodear al niño. El padre proporciona un elemento único y esencial en la crianza del hijo y su influencia es poderosa en la salud emocional. La madre le dice: “con cuidado”, y el padre le dice “uno más”, al estimular al pequeño a subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de la mano, padre y madre, guían al retoño en el camino de la vida.
El padre de hoy se abre a las necesidades más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y logra ver al hijo en sus propios términos. Propicia el ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un marco de libertad responsable, no de dominación.
No se detiene en la periferia, sino que conoce al hijo de cerca. Lo guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada por el camino de los valores que desea heredarle, lo proyecta a una vida de metas y proyectos firmes. El padre de hoy se ha dado permiso para ver con ojos de amor al retoño de sus entrañas. Advierte en el hijo, más allá de las limitaciones presentes, el cúmulo de posibilidades que está por realizar. Y a su lado goza cada peldaño de su desarrollo, ¿qué más privilegio que éste? Por eso hoy nos unimos y felicitamos a todos los papás que conscientes de su misión, la realizan en su totalidad. A ellos, muchas felicidades.
