Fiesta, 14 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • Anastasio Pedro (Pedro Bruch Cortecáns), Beato
- • Cornelio, Santo
- • Notburga, Santa
- • Gabriel Taurino Dufresse, Santo
- • Cipriano, Santo
Un favor para otro
Por: Álvaro García, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Buenos días, Señor. Quiero estar aquí contigo porque estoy feliz así. Creo en ti y tengo mi esperanza puesta en tu misericordia. Ábreme los ojos para contemplarte en esta oración y enciende mi corazón en ansias por ti. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: “¡Ve!” y va; a otro: “¡Ven!” y viene; y a mi criado: “¡Haz esto!”, y lo hace”.
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¡Qué humildad la del centurión! Muchas veces imaginamos a los romanos como gente despiadada, soberbia, autosuficiente y cruel. Eran gente de poder, señores de un imperio inmenso extendido por todo el Mediterráneo. ¿Qué hubiera pasado si, como romano, le hubiera exigido a Jesús el milagro que quería? ¿Se habría atrevido a ponerse arrogante frente a un Maestro tan humilde pero lleno de autoridad?
Este centurión no era soberbio, pero sí le sobraba inteligencia. Supo encontrar el punto débil de Jesús. Llegó al fondo de su corazón sin tan siquiera haberle dirigido la palabra personalmente porque se creía indigno.
A Jesús le enternecen los corazones humildes que le piden favores no para sí sino para otros. Lo mismo sucedió con la cananea que andaba insistiendo detrás de Jesús por su hija. Y yo, ¿cómo le hablo a mi Señor?, ¿le exijo que haga lo que yo quiero? ¿Soy un centurión arrogante?, ¿o más bien me dirijo a su Corazón en el idioma que Él entiende? La humildad y la caridad son la llave del corazón de Jesús, el porqué de su admiración.
«En esta fe, también nosotros queremos la mirada al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y lo invocamos: “oh, Señor, no soy digno de que entres en mi casa: pero una palabra bastará para sanarme”. Esto lo decimos en cada Misa. Si somos nosotros los que nos movemos en procesión para hacer la comunión, nosotros vamos hacia el altar en procesión para hacer la comunión, en realidad es Cristo quien viene a nuestro encuentro para asimilarnos a él. ¡Hay un encuentro con Jesús! Nutrirse de la eucaristía significa dejarse mutar en lo que recibimos. Nos ayuda san Agustín a comprenderlo, cuando habla de la luz recibida al escuchar decir de Cristo: “Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Y tú no me transformarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te transformarás en mí”. Cada vez que nosotros hacemos la comunión, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe son transformados en eucaristía viviente».
(Audiencia de S.S. Francisco, 21 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy oiré Misa con atención y consciente de que no soy digno de acoger al Señor en mi casa. Invitaré a un amigo a quien le pudiere ayudar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La Biblia no es una colección de libros para estudiar
Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa
El Papa Francisco recordó que “la Biblia no es una hermosa colección de libros sagrados para estudiar, sino que es la Palabra de vida para sembrar”.
Así lo indicó este 26 de abril al recibir a los participantes de un Congreso Internacional promovido por la Federación Bíblica Católica (CBF) en ocasión de su 50 aniversario de fundación.
Al inicio de la audiencia, el Arzobispo de Manila (Filipinas), Cardenal Luis Antonio Tagle, dijo que el Congreso tuvo por tema “La Biblia y la vida: la inspiración bíblica de la completa vida pastoral y la misión de la Iglesia – Experiencias y desafíos”.
En esta línea, el Santo Padre centró su discurso en estas dos palabras: Biblia y vida, “binomio inseparable”.
“La Palabra de Dios es viva: no muere y ni siquiera envejece, permanece para siempre. Se mantiene joven ante todo lo que pasa y conserva a quien la pone en práctica del envejecimiento interior. Está viva y da vida”, destacó el Papa.
Por ello, Francisco señaló que “es importante recordar que el Espíritu Santo, el Vivificador, ama actuar a través de la Escritura” porque “la Palabra trae al mundo, de hecho, el aliento de Dios, infunde en el corazón el calor del Señor” y añadió que “todas las contribuciones académicas, los volúmenes que se publican son y no pueden sino estar al servicio de esto”.
“La Biblia no es una hermosa colección de libros sagrados para estudiar, sino que es la Palabra de vida para sembrar, regalo que el Resucitado pide recibir y distribuir para que haya vida en su nombre”, exclamó el Papa.
De este modo, el Santo Padre aseguró que en la Iglesia la Palabra de Dios “es una insustituible inyección de vida. Por eso son fundamentales las homilías” y recordó que “la predicación no es un ejercicio de retórica y ni siquiera un conjunto de sabias nociones humanas”, sino que es en cambio, “el compartir del Espíritu, de la Palabra divina que tocó el corazón del predicador, quien comunica ese calor, esa unción”.
Al referirse a las numerosas palabras e informaciones que recibimos diariamente, el Papa Francisco subrayó que “no podemos renunciar a la Palabra de Jesús, a la única Palabra de vida eterna, que necesitamos todos los días”.
En este sentido, el Santo Padre expresó que “sería bueno que la Palabra de Dios se convirtiera en el corazón de toda actividad eclesial” porque la Palabra “da vida a cada creyente al enseñarle a renunciar a sí mismo, para anunciar a Él”.
“La Iglesia que se alimenta de la Palabra, por lo tanto, vive para anunciar la Palabra. No se habla de sí mismo, sino que desciende a las calles del mundo: no porque le gusten o sean fáciles, sino porque son los lugares del anuncio”, afirmó.
De modo que, el Papa aseguró que “la Biblia es la mejor vacuna contra el cierre y la autoconservación” porque “es la Palabra de Dios, no nuestra, y nos aleja del estar en el centro, nos preserva de la autosuficiencia y del triunfalismo, nos llama continuamente a salir de nosotros mismos”.
“La Palabra de Dios posee una fuerza centrífuga, no centrípeta: no se pliega hacia dentro, sino que empuja hacia afuera, hacia aquellos que aún no ha llegado. No asegura cálidas comodidades, porque es fuego y viento: es Espíritu que enciende el corazón y desplaza los horizontes, dilatándolos con su creatividad”, dijo.
Antes de concluir, el Pontífice animó a abrazar estas dos palabras “Biblia y vida” para que “una nunca pueda estar sin la otra”.
Por este motivo, Francisco pidió rezar y actuar para “que la Biblia no se quede en la biblioteca entre los muchos libros que hablan de ella, sino que corra por las calles del mundo y espere donde vive la gente”.
“Deseo que sean buenos portadores de la Palabra, con el mismo entusiasmo que leemos en estos días las historias pascuales, donde todos corren: las mujeres, Pedro, Juan, los dos de Emaús… Corren para encontrarse y anunciar la Palabra viva. Se los deseo de corazón y les agradezco todo lo que hacen”, concluyó.
