Lamentamos la partida del Padre 𝐉𝐨𝐬é 𝐀𝐧𝐭𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐌𝐚𝐧𝐳𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐏𝐮𝐞𝐥𝐥𝐞𝐬, Sacerdote Jesuita; nos unimos en oración
con la comunidad educativa del Colegio Liceo Javier y la Compañía de Jesús ante su sensible fallecimiento.
Descanse en paz y nuestro Señor le reciba en su morada celestial al querido Padre 𝐌𝐚𝐧𝐳𝐚𝐧𝐨𝐬
«En todo amar y servir» Sn. Ignacio de Loyola


Matilde, Santa
Reina, 14 de marzo …
- Hoy también se festeja a:
- • Lázaro de Milán, Santo
- • Leobino de Chartres, Santo
- • Paulina de Fulda, Santa
- • María Josefina de Jesús Crucificado, Beata
- • Giacomo Cusmano, Beato
Sembrador de amor
Santo Evangelio según san Lucas 6, 36-38. Lunes II de Cuaresma
Por: Rodrigo Marín, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Vengo, Señor, a encontrarme contigo en la oración. Sé que estás aquí presente que me ves y que me escuchas. Gracias a esta meditación entraré a dialogar contigo, escucharé lo que me quieres decir y te conoceré más plenamente. Concédeme la dicha de amarte cada día más.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando era niño jugaba un juego que decía: «Botellita de jerez, botellita de jerez, todo lo que me digas será al revés.» Es curioso, pero nunca se ha visto que alguien que siembre manzanas reciba mangos, o que alguien que plante un peral reciba al fin de la cosecha cocos. En el común de los casos cada uno recibe lo que ha sembrado.
Lo que Jesús nos enseña va más allá que una técnica de cultivo o una ley matemática. Donde siembres amor, cosecharás amor. Todos sus mandatos se rigen bajo el criterio del amor y de la misericordia. Dios es amor y misericordia.
Este Evangelio debe darnos una gran paz en el alma. Dios, al final de nuestra vida nos dará solamente lo que nosotros le hemos dado a los demás. No es tiempo perdido. Aún es temporada de sembrar amor y misericordia. Es tiempo de perdonar, de disculpar, de no juzgar. Es tiempo de dar, de ser generosos, de ser compasivos, como nuestro Padre del Cielo es misericordioso.
Pidámosle a María que nos conceda la gracia de tratar a nuestros hermanos como ella trató a Jesús.
«Queridos hermanos y hermanas, la misericordia nunca puede dejarnos tranquilos. Es el amor de Cristo que nos “inquieta” hasta que no hayamos alcanzado el objetivo; que nos empuja a abrazar y estrechar a nosotros, a involucrar, a quienes tienen necesidad de misericordia para permitir que todos sean reconciliados con el Padre. No debemos tener miedo, es un amor que nos alcanza y envuelve hasta el punto de ir más allá de nosotros mismos, para darnos la posibilidad de reconocer su rostro en los hermanos. Dejémonos guiar dócilmente por este amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre».
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré un acto de caridad, con una persona que me caiga mal, como si se lo hiciera al mismo Cristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
5 fundamentos bíblicos del por qué veneramos a María
Los cristianos no estamos huérfanos, tenemos a María como nuestra madre
Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com

- Jn 19,26-27. El deseo de un moribundo.
“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”
Una de las cosas más sagradas que existen es el deseo de un moribundo, es un deseo que se debe cumplir tal como lo pidió la persona que estaba a punto de fallecer. Pues bien, el último deseo de Jesús lo expresó en esta cita: “Ahí tienes a tu madre”. Y dicho regalo se lo dejó “al discípulo amado”. Esto nos hace concluir que el “verdadero discípulo” es aquel que recibe a María en su casa, así como Jesús deseó.
- Lc 1, 26-28. El saludo “del Ángel”.
“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, .a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»”
Estas palabras las dice el ángel Gabriel, pero recordemos que un ángel es un mensajero de Dios, es decir, lo que hace es transmitir lo que aquella persona emisora le dice que transmita a la receptora; por lo tanto, el saludo es de Dios, no del ángel; es decir, que el primero que la bendijo y el primero que la alabó fue el mismo Dios a través de este mensajero (el ángel): “llena eres de gracia”.
- Lc 1,41. El saludo de María
“Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo”.
El hijo al que se refiere la cita bíblica es Juan El Bautista. De él se había anunciado: que iba a ser grande, que anunciaría al mesías y que estaría lleno del espíritu santo. Pues bien, sucede que este llenarse del espíritu santo se da cuando María saluda a Isabel. Dice el versículo: el niño saltó de gozo en su vientre e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. La presencia de María y su saludo les llevan el Espíritu Santo a Isabel y Juan el Bautista (casi lo mismo sucede con los discípulos en Pentecostés).
- c 1,42. El Ave María
“y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;”
¿A qué te suena esta frase? ¡Es el Ave María! La primera que rezó el rosario (que es venerar a María) fue Isabel, y quién impulsó a bendecir a María fue el Espíritu Santo. Muy bien podemos afirmar entonces que quien ataca a María, está atacando al Espíritu Santo, pues fue él, el que movió a Isabel a alabar y a venerar a María por primera vez en la historia.
Otro detalle interesante es que la primera alabanza se hace a María (“bendita tú”) y después es al fruto de su vientre (Jesús). Es el Espíritu Santo el que mueve a Isabel a reconocer la grandeza de esta mujer. Los que insultan a María, insultan lo que Jesús alabó y lo que el Espíritu inspiró a Isabel.
- Lc 1,48. Bienaventurada
“porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.
“El Magníficat” es uno de los cánticos más famosos, María lo hace después de su encuentro con su prima Isabel. En el encontramos como la “biografía” de María, y una de las palabras claves es la profecía que María hace de sí misma: “desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”. Cumplir con la palabra de Dios, es llamar a María “bienaventurada”.
…
Por todo lo dicho anteriormente, no tengamos miedo de alabar a María, de rezar el rosario, de venerar a María, pues el primero que la alabó fue Dios; después lo hizo Isabel, después muchos otros… cumpliendo esa profecía de Lc 1, 48.
María fue uno de los regalos más queridos y especiales de parte de Jesús, uno de sus últimos deseos. Como diría el papa Francisco: “los cristianos no estamos huérfanos, tenemos a María como nuestra madre”; venerarla, alabarla, no es quitarle espacio a Dios, pues al acercarnos a María, lo único que hace es reconducirnos a Jesús (“hagan lo que Él les diga”).
No temas llevarte a María a tu casa, no temas tener a María como tu madre o intercesora. Ella es uno de los más preciados regalos que nos dejó el mismo Dios.