
Matilde, Santa
Reina, 14 de marzo …
Hoy también se festeja a:
- • Lázaro de Milán, Santo
- • Leobino de Chartres, Santo
- • Paulina de Fulda, Santa
- • María Josefina de Jesús Crucificado, Beata
- • Giacomo Cusmano, Beato
Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre
Cuaresma y Semana Santa
Por: Oscar Pérez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 8, 12-20
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale». Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí». Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Estas palabras las pronunció junto al arca de las ofrendas, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
Oración introductoria
Señor, gracias por esta oportunidad de estar contigo en esta oración; te suplico me liberes de lo que pueda obscurecer tu verdad radiante, estoy abierto de mente y corazón para abrazar tu voluntad.
Petición
¡Ven, Espíritu Santo! Dame la luz de la fe.
Meditación del Papa Francisco
La coherencia de vida nos aleja de la mundanidad espiritual. Tú finges ser así, pero vives de otra forma. Es la mundanidad que se introduce en el espíritu humano y poco a poco va tomando posesión de él: es difícil identificarla desde el comienzo porque es como la polilla que lentamente destruye, carcome la tela y luego esa tela es inutilizable. Así el hombre que se deja llevar por la mundanidad pierde la identidad cristiana, la arruina, llegando a ser incapaz de coherencia.
En efecto está quien dice: «Oh, yo soy muy católico, padre, voy a misa todos los domingos, soy muy católico»; luego, sin embargo, en la vida cotidiana o en el trabajo es incapaz de ser coherente. Así, por ejemplo, cede ante el discurso de quien le propone: «Si me compras esto, hacemos este acuerdo y tú te quedas con una suma de dinero».
Esto no es coherencia de vida, esto es mundanidad. Y es precisamente la mundanidad la que conduce a la doble vida, la que es apariencia y la que es verdadera, y te aleja de Dios y destruye tu identidad cristiana. Por esto Jesús es tan fuerte cuando pide al Padre: Padre, no te pido que los quites del mundo sino que los salves, que no tengan el espíritu mundano, es decir ese espíritu que destruye la identidad ¡cristiana! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de noviembre de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
Si echamos una mirada nos daremos cuenta que las nubes del materialismo han cubierto el horizonte cultural. La luz penetra cada vez menos. La esperanza parece menguar. En medio de la oscuridad brillan pequeñas lucecitas. Son luciérnagas. Fugaces momentos de felicidad que el mundo da. Así paga el mundo a los que le sirven. Les promete felicidad y diversión, y se los concede. Pero un instante, un suspiro; y después, la oscuridad.
Pero no estamos solos. Un rayo de esperanza rasga las nubes. Es Cristo que viene a recordarnos: “Yo soy la luz del mundo”.. Como nos dice el catecismo en el número 2466: el que cree en Él, no permanece en las tinieblas. El discípulo de Jesús, permanece en su palabra, para conocer «la verdad que hace libre» y que santifica.
Nosotros, como cristianos bautizados, estamos llamados a ser luz del mundo. ¿Cómo? Predicando el Evangelio del amor con el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestra palabra.
Reforzando la unidad familiar, por ejemplo rezando en familia; escuchando y compartiendo las penas de mi prójimo, ayudándolo cuando lo vea en apuros. En fin, la caridad es ingeniosa, hay mil maneras de vivirla. Sólo hace falta querer ser luz del mundo.
Propósito
Darme el tiempo y la paciencia para dar hoy un consejo, estímulo o ayuda a quien lo necesite.
Diálogo con Cristo
Señor Jesús, qué diverso sería mi comportamiento si nunca olvidara de dónde vengo y a dónde voy. Tú eres quien da significado, sentido, esperanza y propósito a mi vida. Las presiones de la sociedad afectan mis decisiones, el estira y afloja de la «moda» me apartan de la auténtica felicidad, por eso te suplico me des la luz de la fe para buscarte siempre y, unido a Ti, pueda ser la luz que ilumine a los que hoy encuentre en mi camino.
¿Por qué Dios me ha hecho sufrir tanto?
Por: Victor Orozco LC | Fuente: lcblog.catholic.net

Al pensar en esto me viene a la mente la escena del evangelio en que Cristo se hallaba clavado en la cruz y con las pocas fuerzas que le quedaban gritó: ¡Dios mío, porqué me has abandonado! Con esta exclamación Jesús se hizo portavoz a todos aquellos hombres y mujeres que sufren mucho y que claman a Dios.
No dejemos de ver la cruz, pues si la miramos con atención nos dará una gran sorpresa y quizá incluso nos indique el camino para encontrar el sentido del sufrimiento en la vida del hombre.
El evangelio nos cuenta que a cada lado de Jesús había un ladrón. Uno le insultaba, el otro, en cambio, se puso a defenderlo. Estos dos ladrones bien pueden ser una representación de la humanidad. Ante la cruz, ante el dolor y sufrimiento, se ponen de un lado los que ignoran o rechazan a Dios. A veces ellos desahogan su rencor acumulado en un dios que les resulta mudo e impotente. Se burlan de él. Del otro lado está el ladrón que representa la otra parte de la humanidad, aquellos que sufren, pero encuentran en Dios consuelo y esperanza. Ante las mismas circunstancian, dos actitudes totalmente distintas.
Pero allí no termina todo. El buen ladrón no se limitó a defender a Jesús. Aprovechó para pedirle un favor a Cristo. ¡Cómo es posible! ¡Si esto no apareciera en el evangelio entonces sería algo ridículo! Una persona que le pide un favor a un moribundo castigado por la justicia y que se encuentra colgado de una cruz. Además ¡Qué favor! Ni más ni menos que la gracia de ir al cielo. Meditar en esto me conmueve. El buen ladrón no comprendería muchas cosas, pero una cosa la tenía bien clara: Aquel hombre, Jesús de Nazaret, tenía el poder para llevar a una persona al paraíso. El buen ladrón, aquel día, se abandonó totalmente en las manos de Dios.
Seguramente a Jesús le conmovió la confianza de Dimas, pues tuvo a bien responderle: yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso. De este modo Dimas se convirtió en el hombre más dichoso del mundo. No importaron sus muchas maldades ni sus pecados. Creyó totalmente en Cristo, se abandonó en sus brazos y obtuvo lo que un ser humano más podría desear, la vida eterna, el paraíso. Su único mérito fue estar en el lugar indicado en el momento justo y confiar. Aquel día tuvo lugar el robo más grande de la historia, un ladrón le robó ni más ni menos que el paraíso a Dios y se lo robó por un simple acto de confianza en él.
Yo no sé por qué Dios permite que gente inocente y buena sufra, no tengo la respuesta ni la solución; pero entre tanta oscuridad todo hombre puede tener la seguridad de que Dios no le ha abandonado, de que Dios no le rechaza y de que si se abandona totalmente en sus brazos, entonces encontrará consuelo y paz en medio de tanto dolor.
Es verdad, Jesús mismo le gritó a Dios sobre la cruz: “Dios mío, por qué me has abandonado”; pero no es menos cierto que las últimas palabras del redentor fueron un acto de confianza y abandono total. “En tus manos, Padre, encomiendo mi Espíritu”.
