
Metodio de Constantinopla, Santo
Patriarca, 14 de Junio…
- Hoy también se festeja a:
- • Metodio de Constantinopla, Santo
- • Francisca de Paula de Jesús, Beata
- • Eliseo, Santo
- • Digna, Anastasio y Félix, Santos
A quien te golpee en la mejilla derecha preséntale también la izquierda
Santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42. Lunes XI del Tiempo Ordinario
Por: Hiram Samir Galán Jaime, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
?¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, vengo ante ti, vengo ante tus pies, quiero ver tu rostro, Señor; muéstrame la belleza de tu amor y eso me basta para poder renunciar a todo aquello que no seas Tú.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Qué duras son estas palabras. Cualquier persona que las escucha siente un rechazo a este mensaje, sobre todo cuando se es víctima de un abuso o una injusticia.
Pero dejando a un lado la natural sensación, podemos considerar esto, ¿acaso no padeció más injusticias, más abusos Aquél que es verdaderamente santo? ¿No sufrió más, sin tener culpa alguna, Aquél que de verdad era puro e inmaculado? No sólo puso la otra mejilla a quienes lo golpeaban, sino que les entregó su vida misma.
Entonces, ¿quiénes somos? ¿Somos acaso más dignos de respeto y justicia que Jesús? ¿Quiénes somos para rechazar la cruz cuando nos llega a nuestras vidas? Ciertamente es de humanos el dolor, pero dejarse hundir por el sufrimiento, eso es diferente. Eso es desconfiar del amor providente de Dios que siempre vela por nosotros, aun cuando no lo logremos entender lo que acontece.
Jesús, no permitas que los sufrimientos que pueda padecer en esta vida queden sin mérito, sin fruto. Tómalos y transfórmalos en bendiciones para mi familia y mis seres queridos.
«¿Se puede perdonar totalmente? Es una gracia que debemos pedir al Señor. Nosotros, por nosotros mismos, no podemos: hacemos el esfuerzo, tú lo has hecho; pero es una gracia que te da el Señor, el perdón, perdonar al enemigo, perdonar al que te ha herido, al que te ha hecho daño. Cuando Jesús en el Evangelio nos dice: “Al que te golpee en una mejilla, preséntale también la otra”, quiere decir esto: dejar en las manos del Señor esta sabiduría del perdón, que es una gracia. Pero a nosotros nos toca poner todo de nuestra parte para perdonar».
(Diálogo con jóvenes italianos del Papa Francisco, 27 de julio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicaré un momento de mi día a meditar en la pasión de Cristo para luego hacer una oración especial por esa persona que me ha ofendido.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cómo es el corazón de Jesús?
Es todo bondad, compasión, cariño, comprensión…Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vacías, sino que se convierte en servicio.
Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre más perfecto que ha existido y existirá jamás, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es también el modelo acabado de cómo hay que amar.
Hoy los antropólogos, los médicos y los sicólogos se han querido adentrar en el alma de Jesús, para estudiarla a fondo, para descubrir todos los matices de su exquisita sensibilidad. Sobre todo, para captar las modalidades más íntimas de su amor.
El resultado que nos dan esos estudios es que Jesús fue un amante extraordinario. Un amador como no se ha dado otro. Y de una manera tan cabal, que es la suma de la perfección del amor.
No es extraño entonces que Jesús sea también el hombre más amado, porque sus incondicionales han sabido pagarle con la misma moneda que Él usó…
Todos nos hacemos estas preguntas:
-¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo era el amor de su corazón? ¿Qué características tenía? ¿Hacia quién iba siempre dirigido? ¿Cómo se comprometía con aquellos a quienes amaba?
Cuando hallamos la respuesta adecuada, nos sentimos arrastrados al amor de Aquél que así supo amarnos a nosotros. El Evangelio es el libro siempre abierto que nos descubre en cada una de sus líneas el alma tan amante de Jesús.
El amor de Jesús fue, ante todo, muy afectivo. Era todo bondad, compasión, cariño, benignidad, comprensión. No lo podía disimular. Se le escapaba el corazón ante los niños, ante la mujer en aquel entonces tan relegada en la sociedad, ante la pareja de los novios de Caná, ante sus discípulos, cuya compañía busca en medio de la angustia de Getsemaní. La manera como abre la Ultima Cena es conmovedora:
– ¡Con cuánta ilusión he deseado comer esta pascua con vosotros!
Y antes de salir para el Huerto les pide a los Doce, y en ellos a nosotros, como un mendigo suplicante:
– ¡Permaneced en mi amor!
Al mismo Judas le llama dolido, pero con toda sinceridad: ¡Amigo!…
Este amor tan apasionado de su corazón se vuelve divinamente celoso de la salvación nuestra. Se declara nuestro Pastor, un Pastor que conoce a cada una de sus ovejas y de las que dice que nadie se las arrebatará de la mano…
Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vacías, sino que se convierte en servicio, expresado en el gesto insólito de arrodillarse a los pies de los discípulos para lavárselos con sus pro-pias ma-nos…
El amor de Jesús tenía, igual que en nosotros y mucho más que en nosotros, una doble vertiente, a saber, a Dios su Padre y a nosotros los hombres.
A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno; si alguna preferencia tiene es precisamente con los más alejados, con los pecadores y con los pobres.
Es el suyo un amor generoso, complaciente, dulce y suave, magnánimo y tolerante.
Pero es también un amor que no le deja parar cuando se trata de nuestro bien, y toda su ternura y delicadeza se convierten en audacia, valentía y decisión que no le detienen ante ningún peligro.
Si miramos el amor de Jesús a Dios su Padre, vemos como al fin Dios ha conseguido el objetivo de toda la creación: verse amado como Dios se merece, porque este hombre, su Hijo, es capaz de darle con su hu-mildad y su obediencia todo el honor y toda la gloria que el primer hombre le arrebató con su orgullo y su rebeldía.
Se pasa horas y noches enteras en oración con Dios su Padre.
Se somete a su voluntad hasta aceptar el tormento de la cruz.
Se siente lleno de celo por su gloria y dice no tener más alimento que hacer la voluntad de su Padre Dios.
Este es el amante Jesús del Evangelio. El amor le llevará a la cruz, pero también se atraerá hacia Sí todos los corazones, tal como lo había anunciado:
– Cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré a mí.
Así lo entendió aquella artista de París. Avanzada la noche, después de la ruidosa función de teatro, se retira en el hotel a la habitación designada. Colgando de la pared, un Crucifijo de marfil sobre una cruz negra. La artista lo contempla extasiada. Pasan las horas…, amanece, y la pobre muchacha todavía lo está contemplando. Hasta que toma la resolución:
– ¡Fuera la vida que he llevado hasta ahora! En adelante, entregada del todo a Jesús.
Hubo de marchar. Pero en el ébano del Crucifijo habían quedado talladas estas palabras:
– Así ama el amor.
Si se entiende el amor de Jesucristo, se sabe cómo juzgar de los amores que nos brinda la vida. Un amor que Dios bendice no mata el amor de Cristo. Amor que Dios rechaza, es amor que desplaza al de Cristo en el corazón.
El amor de Cristo es un amor muchas veces no correspondido. Pero es también un amor correspondido como ningún otro amor lo ha conseguido nunca…
Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre más perfecto que ha existido y existirá jamás, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es también el modelo acabado de cómo hay que amar.