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¿Con qué autoridad haces esto?
Adviento
Por: P. Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 21, 23 – 27
Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: «Del cielo», nos dirá: «Entonces ¿por qué no le creísteis?» Y si decimos: «De los hombres», tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».
Oración preparatoria
Señor, creo, confío y te amo. Inicio mi oración desprendiéndome de mis pendientes y de mis preocupaciones; dejo a un lado mis deseos para poder abrir mi corazón y darte gloria, alabarte como mi único Señor y escuchar lo que hoy me quieres decir.
Petición
Jesús, ayúdame a ser ese instrumento que Tú necesitas para que muchas personas puedan encontrarse contigo.
Meditación del Papa Francisco
¿Con qué autoridad hacéis estas cosas? Quieren tender «una trampa» al Señor, tratando de llevarlo contra la pared, hacerle equivocarse. Pero ¿cuál es el problema que esta gente tenía con Jesús? ¿Son quizás los milagros que hacía? No, no es esto. En realidad el problema que escandalizaba a esta gente era el de que los demonios gritaban a Jesús: «¡Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Santo!». Este «es el centro”, esto escandaliza de Jesús: “Él es Dios que se ha encarnado».
También a nosotros nos tienden trampas en la vida, pero lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la Encarnación del Verbo. Y esto no se tolera, esto el demonio no lo tolera. Cuántas veces se oye decir: «Pero, vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, ¡razonables!». Este es un discurso de encantadores de serpientes: «Pero, sed así ¿no?, un poco más normales, no seáis tan rígidos…» Pero detrás de esto está: ´Pero, no vengáis con historias ¡que Dios se ha hecho hombre!
La Encarnación del Verbo, ¡ese es el escándalo que está detrás! Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: «Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia» Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado. (cf S.S. Francisco, 1 de junio de 2013).
Reflexión
Los fariseos y todos aquellos que habían sido perjudicados por la expulsión de los vendedores del Templo, se unen para poner a prueba a Jesús. Podrían tramar algo así: «A ese maestro tenemos que acusarle de blasfemo. Si le tiramos de la lengua y le provocamos con adulaciones nos dirá quien es, lo que la chusma anda pregonando de él: que es «divino», que es hijo del Altísimo… o algo por el estilo. Entonces será más sencillo acusarle…»
Pero Jesús conoce sus pensamientos, sus intenciones torcidas y su mala fe. No responde, porque ellos tampoco tienen el valor de reconocer su pecado: “No echéis vuestras perlas delante de los puercos” diría en otra ocasión…
Jesús enseñaba con autoridad, no como los escribas y fariseos. Mientras ellos se refieren a las tradiciones, a interpretaciones o a normas, Jesús habla en primera persona. «Yo os digo»… su autoridad moral es incomparable porque a su doctrina añade la convincente fuerza de sus milagros. Habrá quien no crea en sus palabras, pero ¿y a los hechos? ¿quién los podía negar? Como arguyó ante los fariseos el ciego de nacimiento recién curado: «si éste (Jesús) no viniera de Dios, no podría hacer nada». Pero he aquí que «topamos» con el misterio de nuestra libertad humana, que es capaz hasta de negar lo que es evidente.
La libertad es el mayor don que hemos recibido y también nuestro mayor riesgo. Con ella podemos aceptar a nuestro Creador, pero paradójicamente también negarle. Dios no nos ha «programado», para que le aceptemos por obligación. No somos ordenadores, sino que nuestras opciones son libres. Prueba de ello es que podemos optar por lo que no es de Dios. ¡Qué responsabilidad tenemos para saber usar bien de ella! Y ser libre es optar por obrar según la conciencia. No según es simple gusto… porque la conciencia responde ante Dios del bien, de lo mejor, y también del mal. Por ejemplo: una mentalidad materialista, no puede ser libre, porque está condicionada por el dinero, etc. Por tanto, si la libertad está gobernada por una conciencia recta, regida por la ley del amor (generosa, veraz, sincera y sacrificada), aunque pueda equivocarse alguna vez, también sabrá reencontrar el camino y elegir siempre lo bueno.
Propósito
Escuchar que Dios habla en nuestro interior, para que ilumine nuestra libertad y sea siempre la de un buen hijo ante su Padre.
El sentido de la religión para científicos e ingenieros
La mecánica de Dios
Por: Olga Castro-Perea | Fuente: tendencias21.net

El astrónomo Guy Consolmagno, que actualmente trabaja en el Observatorio Vaticano, ha publicado un libro en el que analiza la posibilidad de conciliar, a nivel individual, ciencia y fe. Basado en entrevistas realizadas a docenas de “tecnólogos” creyentes, Consolmagno ha conseguido establecer un conjunto de directrices que reflejan los problemas a los que se enfrentan los científicos e ingenieros que, además, se sienten religiosos. La presión cultural para este grupo de especialistas hace que rechacen sus propias creencias y, también, que no encuentren palabras para expresar sus experiencias con lo trascendente
En su libro titulado God’s Mechanics: How Scientists and Engineers Make Sense of Religion (La mecánica de Dios: el sentido de la religión para científicos e ingenieros), analiza la convivencia entre tecnología y religiosidad desde la perspectiva cristiana.
Publicado por la editorial Jossey-Bass, esta obra cuenta las historias de aquéllos que, identificados con la mentalidad científica de nuestra época, al mismo tiempo son creyentes o se sienten religiosos.
Consolmagno, en cuya vida la religión juega un papel central, al igual que la tecnología y la ciencia, realiza en dicho libro algunas reflexiones filosóficas, al tiempo que lleva a cabo entrevistas con docenas de técnicos, para presentar un conjunto de directrices con las que enfrentar problemas “tipo”, con los que han de convivir todas las personas que pretenden compaginar fe y ciencia.
Variedad de experiencias
Escrito con humor, el libro expone la manera que tienen una serie de científicos e ingenieros creyentes, con conocimientos tecnológicos, de mezclar la cultura tecnológica con profundas creencias religiosas, imposibles de “probar” desde el punto de vista de la ciencia.
En la revista Boingboing.net se comenta del libro que Consolmagno, un científico jesuita, devoto de la ciencia ficción, ha conseguido desarrollar una explicación de la convivencia entre ciencia y fe desde una perspectiva extremadamente variada y detectivesca.
“La exegesis de Consolmagno acerca de la fe con una organización sistemática en la exploración de la experiencia humana de lo numinoso resulta fascinante. El autor formula un minucioso y sorprendente viaje a través de una variedad de experiencias personales de la espiritualidad y de la religión”.
El propio autor, en la revista de la Asociación de Alumnos del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachussets, en el que se formó), señala que para los técnicos, la religión conlleva connotaciones negativas: para muchos significa una jerarquía insensible, una burocracia torpe y un conjunto de normas demasiado restrictivas.
Presión cultural
Según Consolmagno, los costes y riesgos de Cualquier Cosa Inmensa son reales y resultan familiares para cada especialista en tecnología y ciencia, como la incapacidad de controlarlo. Sin embargo, afirma, aunque muchos científicos actuales se queden fríos con los ritos y rituales de sus iglesias, eso no significa que no los necesiten. De hecho, el autor señala que estos técnicos responderían a una liturgia que diera sentido a lo que hacen en la ciencia.
Como resultado a las entrevistas que realizó para dar forma a su libro, Consolmagno ha descubierto además que los técnicos carecen de herramientas filosóficas y lingüísticas que describan sus experiencias religiosas.
De hecho, en numerosas ocasiones, señala, tuvo que descifrar lo que intentaban explicarle en dichas entrevistas acerca de religiosidad y vivencias en este ámbito. Según él, “una experiencia de Dios es muy difícil de expresar para un poeta y los ingenieros, en muy raras ocasiones, desarrollan nuevas metáforas”.
Por otro lado, los científicos aún se ven atrapados por la cultura que les dice que un individuo realmente “técnico” no puede ser religioso, por lo que se sienten presionados para no expresar ideas de este tipo. Por eso no suelen hacerlo, ni siquiera en ámbitos íntimos, con amigos o familiares.
Muchas preguntas
Según Consolmagno, él sí puede expresar sus experiencias religiosas gracias a su formación como jesuita, que le ha proporcionado el vocabulario y las categorías –así como el permiso cultural- para hablar de las cosas trascendentales que todo el mundo experimenta y que no todo el mundo puede describir, por falta de palabras adecuadas.
Consolmagno señala que ha tenido una estrecha relación con los científicos, dada su formación, durante años. Las preguntas de éstos sobre cómo consigue que “funcionen” en convivencia su religiosidad y su cultura científica podrían estar en el origen de la concepción de la presente obra.
Guy Consolmagno es un astrónomo que observa los meteoritos en el Observatorio Vaticano, institución de investigación astronómica dependiente del Papa. Se licenció en el MIT, y posteriormente se doctoró en astronomía en la Universidad de Arizona. Ha sido investigador en el Centro Harvard/Smithsonian de Astrofísica y en el MIT, y también ha servido en los Cuerpos de Paz de Estados Unidos en misiones en Kenya. Además de haber publicado más de un centenar de artículos científicos, es autor de varios libros, como Turn Left at Orion (editado por Cambridge University Press en 1989).

