
Juan Crisóstomo, Santo
Memoria Litúrgtica, 13 de septiembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Aurelio María (Bienvenido) Villalón Acebrón, Beato
- • Amado (Amé) de Remiremont, Santo
- • María de Jesús López de Rivas, Beata
- • Marcelino de Cartago, Santo
- • Juan Crisóstomo, Santo
Una fe para servirSanto Evangelio según san Lucas 7, 1-10. Lunes XXIV del Tiempo Ordinario
Por: Cristian Gutiérrez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús mío, quiero compartir contigo este rato de intimidad. Quiero encontrarme contigo y poder conocerte un poco más. Te entrego mis manos, mis ojos, mis pies, mi boca, mi pensamiento, todo mi ser, para que seas Tú mi dueño y Señor. Confío en ti porque nunca me fallas. Quiero amarte más, Jesús, pero necesito de tu gracia, pues sin ella nada puedo, nada soy. Aumenta mi fe para descubrirte en los acontecimientos de mi vida, en mis hermanos, en mi interior, en la naturaleza, en la Eucaristía. Ayúdame, Señor, y jamás me dejes solo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.
Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: “¡Ve!” y va; a otro: “¡Ven!” y viene; y a mi criado: “¡Haz esto!”, y lo hace”.
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La fe es una virtud rica para meditar. Es la fe la que te mueve, Jesús, en mucha ocasiones a actuar. Ella es una virtud que conmueve tu corazón, que te impulsa a no dejar sin acción la petición de los que la tienen.
La fe es un don y una decisión. Ella se recibe de ti, pero también implica mi esfuerzo, mi trabajo. El centurión cree que Tú puedes curar a su siervo, pero también actúa conforme a esto que cree. La fe va más allá de una creencia, de una herencia familiar, de una superstición. Ella es abandono en tus manos, es entrega, es donación, es acción. La fe es un acto, es el adherir mi voluntad a la tuya, y esto implica esfuerzo. Creer no siempre sale espontáneo sino que requiere de cierta conciencia. Pero sin olvidar jamás que la fe, y la puesta en acción de esta fe, es siempre don tuyo.
Fe es la virtud teologal que me permite descubrirte en todos los momentos y situaciones de mi vida: en los buenos y en los malos, en los que me agradan y en los que no. Me ayuda a verte en la naturaleza, en mis hermanos, en mi trabajo. La fe me capacita a recibir todo de ti como un don de tu amor. Creer me ayuda a confiar, y creer y confiar en alguien es amarlo.
Dame, Señor, una fe, no como la del centurión, sino una fe de acuerdo a lo que soy, a lo que vivo, a lo que tengo, a cómo y dónde me desenvuelvo. Una fe que me impulse a vivir según tus planes.
«En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad. De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que “no nos llama más siervos, sino amigos”».
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación. Durante el día repetiré esta jaculatoria: «Señor, aumenta mi fe».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Conoces la Biblia?
La Biblia revela al alma la verdadera sabiduría, su lectura frecuente nos hace obrar por amor a Dios, nos mueve a la ardua labor de la virtud.
Por: hombrenuevo.net | Fuente: hombrenuevo.net

…¿CONOCES LA BIBLIA?…
«Escudriñad las Escrituras porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna y ellas son las que dan testimonio de mí».Juan 5,39.
¿CONOCES TU LA BIBLIA?
«La Biblia revela al alma la verdadera sabiduría. Transporta el espíritu al cielo. Vivifica en el corazón la alabanza. Aparta al hombre de los deseos del mundo. Deja en la mente un único pensamiento: el de la otra vida.
La lectura frecuente de la Biblia nos hace obrar por amor a Dios, nos mueve a la ardua labor de la virtud. Nos pone de manifiesto el auxilio providencial de Dios, la fortaleza de los justos, la bondad divina, la excelencia de su recompensa.
Nos excita a imitar a los siervos de Dios. Nos da fuerzas para la batalla de la santidad. Renueva nuestra fe en las promesas divinas.
La Biblia es la consoladora de los tristes, puerto seguro y tranquilo, fortaleza inexpugnable, torre inconmovible, impenetrable armadura, serenidad de espíritu, verdad indestructible, alegría perdurable.
«Es preciso, pues, que leamos con la máxima atención la Biblia. Si lo hacemos obtendremos la verdadera ciencia”.
Al que con piedad y fe recorra los Santos Libros… el Señor que baja a nuestros corazones, iluminar su espíritu. Expandir sobre su alma rayos de luz, descubriéndole cosas ocultas y enseñándole todo cuanto ignora. El quiere ser nuestro Maestro: ´A nadie llamáis Maestro vuestro´. (S. Juan Crisóstomo, «La asidua lectura de la Biblia»).
¿OBEDECES TU A CRISTO?
Es útil el saber citas de memoria, pero si no pones en práctica las enseñanzas que contienen de nada te sirve. Jesucristo dijo: «Escudriñad las Escrituras». (Juan 5,39.) ¿Y qué significa esto sino que es necesario llegar, mediante un estudio profundo, a comprender su verdadero sentido?
Pero hoy hay muchos pastores que engañan a la gente haciéndole creer que «escudriñar» significa «interpretar», y esto según el parecer de cada quien. (Principio protestante del juicio privado).
¿COMO DEBEMOS LEER LAS SAGRADAS ESCRITURAS?
La misma Biblia nos dice cómo. Recuerda el pasaje del eunuco de la reina de Etiopía. «Mientras viajaba en coche, iba ocupado en la santa lectura». Lee: Hechos 8, 26-39.
1. La leía con celo y ardor.
Considera su mérito de no dejar la lectura ni siquiera en el camino, ni siquiera en el coche con ruedas de madera, por un camino de piedras.
2. Tenía muchas excusas para no hacerlo.
El eunuco no era cristiano, ni judío, y además era rico; todo esto le daba justificación para ser negligente, sin embargo, no se excusó como nosotros: «no tengo tiempo», «no entiendo».
3. Dios le ayuda.
Antes de concederle su gracia, Dios espera a que el eunuco haya hecho todo cuanto de él depende.
Dios te ayuda a ti también, pero tú tienes que hacer primero lo que te corresponde: adquirir la Biblia, leerla, estudiarla.
4. Le manda un apóstol.
Con la sola Biblia no pudo entender todo. Dios podía haberle enviado su Espíritu. ¡Claro que sí! Pero el hecho es que no lo hizo, para enseñarnos a nosotros que es necesario un maestro autorizado. Dios le ayuda a penetrar las Escrituras mediante un maestro de la Iglesia: el diácono Felipe. Lee: Lucas 10,16.
La misma Escritura nos enseña que la Iglesia primitiva no era la Iglesia de la sola Biblia sino la Iglesia de los maestros: «acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles». Lee: Hechos 2,42. Si hay enseñanza, tiene que haber maestros; y si hay maestros, debemos aceptar su magisterio.
Por el contrario, si no hay Magisterio, como algunos afirman, no debería haber maestros y nadie debería enseñar la Biblia. Para salvarnos, bastaría traer «la sola Biblia» bajo el brazo y leerla.
Lo que no podemos aceptar, es que por un lado nos digan que no son necesarios los maestros ni el Magisterio y después, ellos mismos, se nos presenten como únicos maestros infalibles de la Biblia.
¿QUE DICE LA IGLESIA DE LA BIBLIA?
La Iglesia considera como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios.
Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye el sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. Lee: Documentos del Concilio: «Dei Verbum» No. 21.
La Iglesia no añade nada a la Escritura, sino que crece en la comprensión de las palabras. Estudia: «Dei Verbum» No. 8. Pero tampoco saca de la Escritura todo lo revelado, porque lo revelado abarca tanto lo transmitido por carta, la Biblia, como lo de viva voz, la Tradición. Lee: 1 Corintios 11,23 y 2 Tesalonicenses 2,15.
«Los libros inspirados enseñan la verdad. Sin embargo, la fe cristiana no es una ´religión del Libro´. El Cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, ´no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo´». CIC = Catecismo de la Iglesia Católica n.108.
El Concilio recomienda insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la suprema ciencia de Jesucristo. Lee: Filipenses 3,8.
LA RESPUESTA CATOLICA.
1. Es necesario un Magisterio que nos explique como Felipe al eunuco.
Todos los cristianos creemos que la Biblia dice la verdad. Nadie niega eso, pero esa verdad no es clara y evidente para todos.
La Biblia lo dice. El eunuco no era ningún ignorante, tenía la Biblia en la mano y la escudriñaba como Jesús lo había mandado. Sin embargo, cuando Felipe le pregunta: «Comprendes lo que lees?» El responde: «¿Cómo voy a entender si nadie me lo explica?»
La experiencia lo demuestra. Los fundamentalistas bíblicos afirman: la Biblia dice la verdad. Pero el caso es que ellos mismos no se pueden poner de acuerdo en cuál es esa verdad. Si la conocieran no estarían divididos en multitud de iglesias.
2. Es necesaria la luz de Cristo.
Para comprender lo escrito en un libro no basta saber leer, es necesaria la luz. De la misma manera, para entender la Biblia se necesita que Cristo por medio de su Espíritu nos ilumine. Lee: CIC 108.
Esto se ve claro en el pasaje de los discípulos de Emaús. Cuando ellos quisieron interpretar las Escrituras según su propio entender se fueron alejando desilusionados, pero cuando Cristo les abrió la inteligencia, regresaron con gozo a la comunidad, a la Iglesia de Cristo. Lee: Lucas 24, 33 y 45.
Cristo no nos dejó la Biblia para inventar o discutir la fe, por el contrario, nos dio la fe de la Iglesia para entender la Biblia. CIC 113-114.
3. La Biblia no estuvo muda 2,000 años.
Todos los cristianos creemos que Dios nos habla por medio de la Biblia. Si esto es verdad, y no estuvo muda y silenciosa durante 2,000 años, algo debió de haber dicho a los que la tuvieron en la mano antes que nosotros y, por tanto, antes de dar nuestra interpretación, deberíamos de consultar lo que la Biblia dijo a los que la estudiaron antes que nosotros.
La Biblia no se escribió la semana pasada, y citarla como si tú fueras el primero que la entiende es arrogancia. Más aún, si lo que te dice la Biblia hoy a ti, contradice o niega lo que la Biblia dijo ayer, una de dos, o la Biblia dice mentiras o tú estás equivocado.
Precisamente por eso los que predican opiniones que cambian, y no verdades que permanecen, rechazan el Magisterio que está para conservar, exponer y custodiar esas verdades, válidas para todos los hombres de todos los tiempos. Lee: CIC 86.
Pero entonces, ¿cómo es que hay muchas enseñanzas católicas que no están en la Biblia?
La primera razón es que no basta saber leer para entender. ¿Cómo quieres entender en una semana lo que a la Iglesia le costó 2,000 años de meditación y estudio? Dei Verbum n. 8.
La segunda razón es que nosotros aceptamos todo lo que la Tradición Apostólica nos ha transmitido, no sólo por escrito sino también de palabra. Lee: 1 Tesalonicenses 2,5. Estudia: CIC 80 ss.
Lutero tenía razón al subrayar que la Escritura habla en un lenguaje que cada hombre puede entender. Hasta los niños y los iletrados entienden el Sermón de la Montaña, el mandamiento del amor al prójimo, la parábola del hijo pródigo. La Biblia para aplicarla a mi vida y para hablar con Dios está al alcance de todos. Lee: CIC 104. Pero «el oficio de interpretar ha sido encomendado únicamente al Magisterio» CIC 85 ss.
Poca Biblia aleja de la Iglesia, mucha Biblia acerca a ella.
Scott Hann era un pastor presbiteriano, profesor de Sagradas Escrituras. Su amor a la Biblia era tan grande como su antipatía por la Iglesia Católica. Un día, uno de sus estudiantes le preguntó:
«¿Dónde enseña la Biblia el principio protestante de la sola Biblia?»
Scott dio las conocidas citas de 2 Timoteo 3, 15 y 1 Tesalonicenses 2,13.
A la primera cita el estudiante replicó que lo que ahí se dice es que la Biblia tiene autoridad, pero no que es la única autoridad; y a la segunda, que S. Pablo se refiere a lo que él ha predicado y no a lo escrito. Aunque el maestro no aceptó en ese momento la réplica del alumno, su amor a la verdad le hizo reflexionar y estudiar más a fondo la Escritura. Tiempo después se convirtió a la fe Católica.
ORACION:
«Señor Jesús, haz que la lectura de la Biblia sea luz para mis pasos, pan para mi alma, sal que da sazón a mi vida y me lleve a ser fermento de vida cristiana y apóstol intrépido de tu palabra.»
