Martín de Tours, Santo
Memoria Litúrgica, 11 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • José Alberich Lluch, Beato
- • Vicente Eugenio Bossilkov, Beato
- • Julio Alameda Camarero y compañeros, Beatos
- • Vicenta María (Luisa) Poloni, Beata
- • Marina Omura, Santa
Señor, auméntanos la fe
Por: H. Abraham Cortés, LC | Fuente: www.somosrc.mx
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, te pido la gracia de renovar y aumentar en mí el don de la fe, y que mi vida sea guiada por ella.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.
Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”.
Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Es la petición que dirigen los apóstoles a Jesús después de escuchar su palabra. En su enseñanza, Él nos invita a tener cuidado de no ser ocasión o escándalo de pecado y a ser pacientes con el prójimo. Es una invitación a ser testimonios y custodios del don que hemos recibido, desde su corazón, en nuestro bautismo: el don de ser hijos Dios, el don de la fe y la caridad.
El bautismo nos ha liberado de la esclavitud y de la mancha del pecado y nos ha unido al amor de Dios. Este don, que debemos custodiar y testimoniar, puede ser despreciado y abandonado, porque existe en nosotros la debilidad. Por ello, los apóstoles dirigen esa petición al Señor, pues saben que las palabras que acaban de escuchar no siempre serán fáciles de vivir. Seguramente muchas veces hemos caído en el pecado, no hemos sido capaces de perdonar en un primer momento a nuestro hermano, a nuestro prójimo, lo que nos ha llevado al olvido del don recibido, de la vivencia y conciencia de lo que somos: hijos de Dios.
Rezar esa petición, que hoy leemos en el Evangelio, es una petición que debemos tener siempre en el corazón pues expresa toda nuestra realidad; en ella reconocemos que sin Él nada podemos, aceptamos nuestra debilidad y dejamos que el Señor la sostenga y la sane con su amor. Rezarla es reconocer en Él a nuestro Padre, abrirnos a su amor y gracia; es reconocer que poseemos un don maravilloso que no queremos perder, sino que queremos custodiar, vivir y testimoniar. No importa la situación en la que nos encontremos, siempre llenos de confianza y paz, dirigiendo nuestra mirada y corazón a Dios, podemos decir: Señor aumenta mi fe.
«La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo. La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios. La fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos y el baño en el río Jordán de Naamán. También es así para nosotros: avanzamos en la fe con el amor humilde y concreto, con la paciencia cotidiana, invocando a Jesús y siguiendo hacia adelante».
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de octubre de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
A lo largo del día intentar repetir con conciencia y fervor, la petición de los apóstoles: «Señor aumenta mi fe».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Por: P. Modesto Lule Zalava M.S.P. | Fuente: ModestoLule.blogspot.com
Durante la Misa cuando se reza el Padre Nuestro el sacerdote invita al pueblo reunido a rezar la oración de Señor. El Misal únicamente dice que el sacerdote y los concelebrantes extienden las manos. En ninguna parte indica que lo hagan los fieles. Ni en ese lugar, ni al hablar de los gestos y posturas del pueblo.
Tampoco prevé que se tomen de las manos los fieles. Eso se ha realizado a título personal por algunos sacerdotes que se apegan a un supuesto recurso pastoral para acercar más a los fieles a la liturgia. Lo cierto es que al caer en este tipo de actos nada les garantiza que la gente vaya más a Misa.
La Instrucción General del Misal Romano en su número 152 dice: “Terminada Plegaria Eucarística, el sacerdote con las manos juntas, dice la monición antes de la Oración del Señor; luego, con las manos extendidas, dice la Oración del Señor juntamente con el pueblo”.
Algunos han expuesto que si dice que solamente el sacerdote que preside puede levantar las manos al rezar la oración de Jesús los sacerdotes concelebrantes no pueden, pero la Instrucción General también indica que los sacerdotes concelebrantes pueden levantarlas también, no así los diáconos, aunque sean clérigos. La Instrucción General del Misal Romano en su número 237 dice: “Después, con las manos juntas, el celebrante principal dice la monición antes de la Oración del Señor, y en seguida, con las manos extendidas, juntamente con los demás concelebrantes, quienes también extienden las manos, y con el pueblo, dice la Oración del Señor”.
Si una Conferencia Episcopal considera que deben de extender las manos, puede solicitarlo a la Santa Sede. Mientras eso no se haga ni se autorice, como no ha sido, no hay norma que establezca esa postura de los fieles. La Instrucción General del Misal Romano dice en su número 390: “Corresponde a las Conferencias de Obispos definir las adaptaciones que se indicarán en esta Institución General y en el Ordinario de la Misa, y una vez aprobadas las actas por la Sede Apostólica, introducirlas en el Misa, como son:
- Los gestos de los fieles y las posturas corporales (cfr. antes n. 43)
- Los gestos de veneración referentes al altar y al Evangeliario (cfr. antes n. 273).
- Los textos de los cantos de entrada, de preparación de los dones y de la Comunión (cfr. antes núms. 48; 74; 87).
- Las lecturas que deben ser tomadas de la Sagrada Escritura para circunstancias especiales (cfr. antes n.362).
- La forma de dar la paz (cfr. antes n.82).
- El modo de recibir la sagrada Comunión (cfr. antes núms. 160; 283).
- El material del altar y de los utensilios sagrados, especialmente de los vasos sagrados y, además, el material, la forma y el color de las vestiduras litúrgicas (cfr. antes núms. 301; 326; 329; 339; 342-346).
Más aun, podrán ser incluidos en el Misal Romano, en un lugar adecuado, con previa aprobación de la Sede Apostólica, los Directorios o Instrucciones Pastorales que las Conferencias de Obispos juzguen útiles.[150]”
En la liturgia se prevé la participación corporal con gestos y posturas: en pie, de rodillas, sentados e incluso postrados al suelo, como los viernes santos o cuando son las ordenaciones sacerdotales. Algunas posturas y gestos corresponden al sacerdote quien preside la asamblea en nombre y persona de Jesucristo a quien representa y otras posturas corresponden propiamente al pueblo de Dios que participa de la celebración. Lo correcto es que cada uno haga lo que le corresponde y sólo lo que le corresponde y que nadie escoja lo que quiera hacer como por mero gusto personal.
Algunos han señalado que se puede juntar las manos y llevarlas al pecho al momento de rezar el Padre Nuestro, pero eso tampoco se refleja en la Instrucción General del Misal Romano. Ante la cuestionante de como rezarlo simplemente reza sin ningún gesto corporal así como cuando rezas el Credo. Y otra cosa que también se cuestiona mucho, esta instrucción para el Padre Nuestro es solamente para cuando se reza en Misa, fuera de la Misa levanta las manos o toma las manos de los que están cerca o júntalas y llévalas al pecho siempre y cuando con esa acción se genere piedad y nada de excentricismos.
