
Dámaso I, Santo
Memoria Litúrgica, 11 de diciembre…
Hoy también se festeja a:
- • Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, Beatos
- • Jerónimo Ranuzzi, Beato
- • Pilar Villalonga Villalba, Beata
- • Hugolino Magalotti, Beato
- • Daniel el Estilita, Santo
Si realmente crees
Santo Evangelio según San Lucas 5, 17-26. Lunes II de Adviento.
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Cada instante es como un regalo que puedo colocar en tus manos. Cada instante es un regalo que Tú colocaste en las mías. Aquí vengo a presentártelo, Señor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26
Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: «Amigo mío, se te perdonan tus pecados». Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?». Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ‘Se te perdonan tus pecados’ o ‘Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -dijo entonces al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús vio la fe que tenían esos hombres. Miró el gesto que, más que juzgarlo de curioso o incluso como motivo de vergüenza, encontró su fuente en una fe ardiente. ¡Qué conmoción se siente cuando se observa a alguien que cree de verdad! Si alguna vez has visto rezar a alguien con verdadera fe, seguro que habrás podido experimentar cierta maravilla, asombro. Y si tu corazón aún no poseía la fe, o si tu fe era aún muy pobre, quizás al menos la duda volvió a surgir: ¿es verdad que habla con Dios?, ¿podría yo también rezar así?
Un sentimiento de maravilla semejante experimentó Jesús en su corazón. Dios es Padre y es muy cercano a cada uno de sus hijos. No le importa si su hijo o hija son orgullosos o temerosos. No le importa si su hijo o hija sienten desconfianza en Él. No le importa ni siquiera si ellos se sienten o están lejos de Él. No le importa nada sino solamente yo. Vive cerca de mis deseos, de mis ilusiones, de mis pensamientos, de mis sentimientos. Vive cerca de cada acto que realizo y lo experimenta en su corazón. Vive cerca de mí.
Aquél día su corazón vibró cuando miró en el corazón de aquellos hombres. Hoy vibra cuando mira en el mío. Quiere hacerme feliz. Quiere enseñarme a creer en Él. ¿Qué quiero decirte yo, Señor?
«El Señor «primero» nos invita, después, nos ayuda. Y usa la palabra «venid», o la misma palabra que dijo al paralítico: Ven, levántate, toma tu camilla y vete. Ven. La misma palabra que dijo a la hija de Jairo, la misma palabra que dijo al hijo de la viuda en la puerta de Naín: ven. Dios siempre invita a levantarse, pero siempre nos da la mano para ir. Y lo hace con la característica de la humildad».
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de marzo de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré reflexionar lo meditado en mi corazón para concretar un propósito que me lleve a crecer en mi fe y amor a Dios y a los demás
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Abnegación: A quien algo quiere algo le cuesta
Este dicho, muy conocido y poco popular, nos da una lección de abnegación; todo lo que vale la pena siempre exigirá un esfuerzo de nuestra parte. Sin embargo hay algo que cuesta aún más: el amor. Amar a Dios y a los demás requiere la abnegación de dejarse
Por: Juan Pablo Fernández, LC | Fuente: GAMA – Virtudes y valores

«A quien algo quiere, algo le cuesta», dice un dicho muy conocido y poco popular. Conocido porque apenas sí hay quien no lo haya oído; poco popular porque duele. Sí, duele, pero es una verdad enorme; sencilla, pero enorme.
«A quien algo quiere…» Todos estamos llenos de deseos y de planes, colmados en el corazón de sanas ilusiones: estudios, proyectos, una carrera, un puesto laboral interesante y bien remunerado, etc. Todo esto es parte de ese «algo» que se quiere. Pero ahí está siempre el compañero habitual, la frase complementaria: «Algo le cuesta». Cuesta. De distinta forma, pero cuesta. Las pequeñas ilusiones se pagan a precios pequeños: renuncias pequeñas, sacrificios insignificantes… Cuestan poco, pero valen poco. Pero según tendemos más arriba, según buscamos ilusiones mayores, más alto es el precio, mayores los “gastos”. Por eso: «A quien algo quiere, algo le cuesta».
¿Ejemplos? En los deportes lograr ser titular u ocupar la posición que se desea implica cansancio, horas de entrenamiento, sudor derramado en kilómetros de carrera, rasparse la piel en la arena para alcanzar ese balón, incluso algún que otro golpe de una mano o pie distraídos. En los estudios un examen, dos, tres o, ¿por qué no?, el título final. Los estudios exigen estar sentado delante de un libro, leyendo, memorizando, discurriendo y exprimiendo la capacidad de resolver problemas; noches sin dormir, esquemas infinitos, fines de semana sacrificados en un altar que, en lugar de velas, tiene una pobre bombilla… Y en el trabajo, ¡ay qué dolor!, ¡eso sí que es abnegación! Alcanzar ese puesto que me asegura honor, respeto y dinerillo para las cinco bocas que me esperan en casa; ese proyecto a realizar, esa casa a construir o, sin más, la sarta infinita de asuntos por resolver, la larga cadena de caras que me vienen a hablar. Eso requiere sacrificio, abnegación, renuncia, aguante y, muchas veces, paciencia y bondad. Son palabras simples, demasiado simples, que hacen realidad aquello de que «a quien algo quiere, algo le cuesta».
Pero deporte, estudios y trabajo cuestan poco, cuestan muy poco, exigen poquísimo; son casi ofertas si se comparan con aquello que más cuesta: el amor. El amor es paciente, benigno, servicial, no se cansa, no busca su propio interés y no tiene en cuenta el mal recibido. Amar requiere abnegación, amar a Cristo y a los otros requiere de la mayor abnegación, de la abnegación que es dejarse a uno mismo, con todos los planes, con los excesivos deseos de triunfar por encima de los otros, con las luchas y batallas por ser el centro de todas las alabanzas, con las envidias y rencores cuando no se es apreciado y honorado, con las perezas y egoísmos que detienen ese dedo que quiere hacer algo por los demás… Abnegación que es sinónimo de amor, que es la otra cara del amor. Y el amor ya no gana un puesto sobre el césped, ni un puesto o un sueldo mejores, ni un diploma de cartón; el amor gana a las personas, las une; el amor construye familias, amistades, sociedades y, cuando esa abnegación es el rostro del amor a Cristo, todos los hombres que lo aman se unen en su Amor y así se construye la Iglesia que es su Cuerpo.
«A quien algo quiere, algo le cuesta». El caso es querer, tener un ideal, un amor, el sacrificio vendrá sólo y se aceptará con alegría con tal de alcanzar lo que se ama. Así, cada día, podemos preguntarnos qué queremos hoy, a quién queremos hoy y, para alcanzarlo: más tiempo de estudio, más esfuerzo, más paciencia, cercanía y comprensión. En definitiva, más amor