- • Mártires de Lübeck, Beatos
- • Baudolino de Alessandria, Santo
- • Andrés Avelino, Santo
- • Justo de Canterbury, Santo
- • León Magno, Santo
Fe como un grano de mostaza
Parábolas
Lucas 17, 1-6. Tiempo Ordinario. Basta tener una fe así, pequeña, pero verdadera, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles.
Por: P. Juan Gralla | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos. Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», le perdonarás. Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. El Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: «Arráncate y plántate en el mar», y os habría obedecido.
Oración introductoria
Señor, antes de iniciar mi meditación te pido me perdones por todas las veces en que he sido ocasión de pecado y dame la bondad y el amor necesario para que yo también perdone de corazón todas aquellas ofensas que me han herido o molestado.
Petición
Jesús, no permitas que el resentimiento, el enojo o la ira dominen mi interior y dame un corazón misericordioso, como el tuyo.
Meditación del Papa Francisco
Me parece que todos nosotros podemos hacer nuestra esta invocación. También nosotros, como los apóstoles, decimos al Señor Jesús: “¡Auméntanos la fe!”. Sí, Señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos tal como es, para que Tú la hagas crecer. ¿Les parece que repitamos todos juntos esto: Señor, auméntanos la fe? ¿Lo hacemos? Todos: Señor auméntanos la fe. ¡Señor, auméntanos la fe. Señor auméntanos la fe! ¡Que nos la haga crecer, ¡eh!
Y el Señor, ¿qué cosa nos responde? Responde: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza, habrían dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y les habría obedecido”. La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero verdadera, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad!» (S.S. Francisco, 6 de octubre de 2013).
Reflexión
Estamos rodeados de testimonios edificantes, de personas ejemplares, coherentes, generosas… Pero tenemos la costumbre de fijarnos y hablar sólo de los “escándalos” que por ahí nos encontramos. Aquel joven, la vecina, un político… todos pasan por nuestro tribunal.
Es una realidad innegable que, como hombres que somos, tenemos debilidades y flaquezas (Si alguien no las tiene, puede inscribirse en el registro de los ángeles sobre la tierra), que, por lo demás, son evidentes a los ojos de los demás, sobre todo en algunas ocasiones. Algunas veces hasta pueden provocar escándalos.
Sin embargo, la inspiración divina bien colocó este pasaje seguido inmediatamente de otro que versa sobre el perdón. Nuestra tarea no es entonces juzgar ni mucho menos buscar como detectives los “talones de Aquiles” de nuestro prójimo. Será mejor si, por nuestra parte, nos esforzamos para dar el mejor testimonio, y si fijamos nuestra atención en las virtudes de los demás.
Propósito
Cuando alguien nos escandalice con su conducta, no juzguemos y sepamos perdonarle de corazón, sabiendo que quien confía en el poder de Dios, puede trasplantar un árbol al mar.
Diálogo con Cristo
Señor, te pido perdón por las veces que me he olvidado de Ti. Perdón por todo lo que te haya podido lastimar. Perdón, porque he sido capaz de herirte en mis hermanos. Gracias por tu perdón, Señor, confío en tu misericordia infinita.
¿Encontrará fe sobre la tierra?
Reflexiones sobre la fe
Tenemos la fuerza del Espíritu para conservar y vivir la fe, para transmitirla con audacia
Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Es una de las preguntas más inquietantes del Evangelio: Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? (Lc 18,8).
La fe, lo sabemos, es don de Dios. Pero también es respuesta del hombre. Cada uno es invitado a acoger y vivir la fe, al mismo tiempo que puede perderla por desidia, avaricia, tibieza, egoísmo, soberbia, y una larga lista de pecados.
San Pablo advertía del peligro de abandonar la verdad para seguir a los ídolos: Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas (2Tm 4,3‐4).
La pregunta sobre la fe recorre la historia humana. Cada generación ofrece su respuesta. También la nuestra, en medio de cambios, de críticas, de dudas, de propaganda, de materialismo, de indiferencia, de pecados.
En una homilía pronunciada el 18 de octubre de 1998, al cumplir 20 años como Papa, san Juan Pablo II reflexionaba sobre la misma idea:
««Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?». Es una pregunta que interpela a todos, pero especialmente a los sucesores de Pedro».
La fe no se conserva por inercia, ni por tradiciones humanas, ni por la existencia de miles de libros, ni por adaptaciones al mundo (cf. Rm 12,2). La fe se mantiene donde hay hombres y mujeres que miran a Cristo, Señor del mundo y de la historia, y hacen un acto humilde, sencillo, valiente y confiado, de adhesión al Maestro y a su Iglesia.
Después de 2000 años, ¿tenemos la fuerza del Espíritu para conservar y vivir la fe, para transmitirla con audacia a quienes viven cerca o lejos? «¡La fe se fortalece dándola!» (Juan Pablo II, Redemptoris missio n.2).
Cuando regrese el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra? La respuesta será un sí maravilloso si cada bautizado empuña las «armas de Dios» (cf. Ef 6,10-18) y afronta con decisión,
como buen soldado, una batalla en la que nos guía Jesucristo, Rey del mundo y Salvador del hombre.
Preguntas o comentarios al autor
P. Fernando Pascual LC
