
Bogumilo de Gniezno, Santo
Eremita y Obispo, 10 de junio …
Hoy también se festeja a:
- • Oliva (u Olivia) de Palermo, Beata
- • Amada de Bolonia, Beata
- • Eustaquio (José) Kugler, Beato
- • Bogumilo de Gniezno, Santo
- • Diana de Andaló. Beata
Coherentes con nuestra fe
Santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12. Lunes X del Tiempo Ordinario.
Por: José Torres, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de poder escucharte, de poder abrir mi corazón a tus inspiraciones; dame una fe firme y luminosa que me lleve a sentir tu presencia vivificante.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo: «Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes».
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Evangelio de hoy, Jesús nos propone nuestro pasaporte para ir al cielo, con «las bienaventuranzas». Ellas abarcan lo que necesitamos para vivir esta vida. Pero, además, nos hace una promesa realmente grande y por la cual rezamos todos los días, el poder poseer algún día su «Reino».
Dichosos, los que lloran… cuántas lágrimas se están derramando en este momento porque no se conoce a Cristo, cuántas lágrimas porque no hay paz, cuánta injuria por profesar que hay un solo y único Señor del universo. «Dichosos cuando los injurien por causa mía», nos dice el Señor; hoy cuántas injurias se sufren, cuántos mártires en el silencio de cada día, cuánta sangre inocente que se derrama a causa de la falta de sentido y respeto por la vida, cuántos cristianos en el mundo que, por profesar su fe, son condenados, marginados, discriminados. Y no pensemos sólo en el Medio Oriente sino en nuestros lugares de trabajo, colegios, ciudades y en tantos otros lugares que frecuentamos pero que en ocasiones, de manera muy discreta y silenciosa, se frivoliza la fe o se suaviza la verdad del Evangelio por temor o por lo que se llama «respeto humano», que nos deja acobardados, que nos hace retroceder y que nos deja como inmóviles por vergüenza o temor al qué dirán,No nos dejemos vencer, seamos fuertes y firmes en la fe.
Cristo no se avergüenza de nosotros. Él se ofreció completamente y abrazó la cruz para que nuestra única puerta al cielo tenga forma de cruz, para que no temamos a la hora de encontrarla sino que la abracemos y busquemos la fuerza y la gracia que de ella emana. Pidamos la gracia de ser coherentes con nuestra fe y de dar testimonio, cada día y cada momento, de que Cristo es el Rey de nuestras vidas.
«Las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la «palabrería barata» de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza «es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa»».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de enero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicaré un momento del día para hacer una visita a la Eucaristía, pidiendo la gracia del incremento de la fe y la esperanza, para vivir las bienaventuranzas.
Despedida
Siguiendo el ejemplo de Jesús como maestro, puedes dedicar tiempo a compartir y reflexionar sobre las enseñanzas de la fe con tu familia, fomentando un ambiente donde todos puedan crecer espiritualmente juntos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cómo alimento mi alma?
Necesito preocuparme por los alimentos que llegan a mi alma.
Por: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net

Sócrates recibió una visita inesperada. Un joven inquieto ansiaba estudiar con el famoso sofista Protágoras, recién llegado a la ciudad de Atenas. Sócrates quedó sorprendido por el entusiasmo del joven, y quiso ayudarle a reflexionar. ¿Conoces a la persona a la que vas a entregar tu alma, a la que vas a pagar para que te dé clases y te instruya?
Para hacer ver la importancia de estas preguntas, Sócrates expuso un ejemplo: Si vas al mercado y no sabes si los alimentos son buenos, puedes llevarlos a casa en un paquete, y luego preguntas a tus familiares o a algún experto si son de calidad o si es mejor no comerlos. En cambio, si vas a una conferencia y pagas por escuchar a alguien que no conoces, lo que recibas queda en tu alma y ya nadie puede quitarlo de allí, se trate de verdades valiosas o de mentiras llenas de veneno.
Estas ideas, ofrecidas por Platón al inicio de uno de sus Diálogos, nos ponen ante un tema importante. Vivimos en un mundo en el que las informaciones llegan por todos lados. En la prensa y en la televisión, en la radio y en internet: miles de noticias, editoriales, programas informativos, lecturas, están a nuestra disposición.
Hoy puedo encontrar un texto sobre las mejores maneras de perder el peso. Y quizá mañana me encuentro con la sorpresa de que estoy siguiendo una dieta muy peligrosa para la salud. Mañana escucho que Fulano es un personaje que ha robado mucho dinero en su empresa. Dos días después desmienten la noticia, pero no me entero y en mi corazón ha nacido un odio intenso hacia Fulano. Pasado mañana veo un programa televisivo en el que me dicen que acaban de encontrar la tumba donde está enterrado Jesús de Nazaret. A las pocas horas, se descubre que la noticia es uno de tantos montajes llenos de sospechas y vacíos de pruebas, pero en más de un espectador la duda ha quedado dentro de su corazón.
La pregunta de Sócrates es realmente seria: ¿me preocupo por los alimentos que doy a mi alma? ¿A quiénes les doy el “pase” para que formen e informen mi inteligencia y mis sentimientos? Es fácil encontrar a personas que dedican varias horas a la semana a ver telenovelas llenas de vaciedad o de tópicos más o menos entretenidos, mientras que no encuentran tiempo para leer libros serios y bien documentados sobre los temas más importantes: la vida y la muerte, la justicia y la política, la filosofía y la religión.
Nos encontramos, así, con adolescentes y adultos, con jóvenes y ancianos, cuyas almas han recibido un alimento muy pobre. Incluso en ocasiones, con personas que se creen instruidas porque han leído libros llenos de sofismas, publicados por autores famosos pero carentes de verdadero sentido científico, de seriedad y de amor a la verdad.
La peor forma de ignorancia, repetía una y otra vez Sócrates, es creer saber cuando no se sabe. Es estar en el error pensando que uno tiene la verdad. No es fácil curar esa forma de ignorancia, precisamente porque uno dice que no necesita médico, que tiene muy buena formación, que ya sabe todo sobre todo…
Nos hace mucha falta un nuevo Sócrates que quite nuestras falsas seguridades, que nos saque de nuestras perezas, que nos impulse a buscar, sin miedo, la verdad. Aunque uno tenga que apagar televisores llenos de imágenes más o menos atractivas y vacíos de contenidos de valor. Aunque uno tenga que invertir menos en las novelas de moda y más en libros serios y verdaderamente formativos.
Si me preocupo por tomar alimentos sanos y por seguir una dieta balanceada, también necesito preocuparme por los alimentos que llegan a mi alma. Para tener así buena salud, para no dejarme engañar por ideas lanzadas al aire para manipular los corazones, para aprender a pensar no seguir impresiones, sino según verdades.
Esta es la mejor manera de alimentar el alma mientras vivimos aquí, en esta tierra efímera y emocionante. Y, sobre todo, esta es la mejor manera para caminar hacia la vida eterna con la ayuda de aquellas verdades que permiten entrar en ese cielo donde es admitido sólo quien ha vivido en la búsqueda continua de la justicia, del amor, de la verdad.