Dionisio de Corinto, Santo
Obispo, 8 de abril …
Hoy también se festeja a:
- • Herodión, Asíncrito y Flegón, Santos
- • Ágabo, Santo
- • Amancio de Como, Santo
- • Domingo del Santísimo Sacramento (Iturrate Zubero), Beato
- • Clemente de Ósimo, Beato
El bombillo de mi habitación
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a estar contigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 8, 12-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la oscuridad y tendrá la luz de la vida”.
Los fariseos le dijeron a Jesús: “Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido”. Jesús les respondió: “Aunque yo mismo dé testimonio en mi favor, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a dónde voy; en cambio, ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan por las apariencias. Yo no juzgo a nadie; pero si alguna vez juzgo, mi juicio es válido, porque yo no estoy solo: el Padre, que me ha enviado, está conmigo. Y en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo y también el Padre, que me ha enviado, da testimonio sobre mí”.
Entonces le preguntaron: “¿Dónde está tu Padre?” Jesús les contestó: “Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre”.
Estas palabras las pronunció junto al cepo de las limosnas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Todos nosotros nos hemos despertados, por lo menos una vez, durante la noche. La oscuridad de la habitación nos impedía ver con claridad o peor aún, absolutamente nada, y para poder ver debíamos encender una lámpara. Con un bombillo de 30 o 60 vatios, que son los que normalmente están en las lámparas de noche, se da un ambiente como de prisión, se puede distinguir las cosas pero aún no es perfecto, todavía hay muchos lugares oscuros. Pero si el bombillo es de 120 vatios, y es la lámpara central de la habitación, todo es diferente, realmente vemos todo. ¡Qué importante es la intensidad de la luz y su ubicación!
Esta analogía nos ayuda a ver cómo está nuestra vida, ¿estamos en tinieblas?, es decir, en pecado. ¿Estamos iluminados solo por una lámpara de noche?, es decir, basando nuestra vida en lo material, ¿o hemos encendido la lámpara central de nuestra habitación y la luz está iluminando todo? Es decir, Dios está en nuestra vida. Porque solo la luz elimina las tinieblas, solo Dios nos saca de una vida de pecado y solo de esa forma otorga sentido a nuestra vida que es Él mismo; la luz de Cristo es lo que todos necesitamos. Pero para tener la luz por lo general hay que encender la lámpara, porque Dios no violenta nuestro amor, implica de nuestra parte querer tener la luz.
Pero no basta una lámpara de noche pues un bombillo de 60 vatios jamás iluminará toda la habitación, jamás lo material le dará sentido a nuestra vida. Puede ser que podamos caminar, que podamos hacer lo «necesario» pero jamás veremos toda la habitación. Las lámparas de noche normalmente son un buen adorno, pero encender la lámpara central, colocar a Cristo en el centro de nuestra vida es lo que cambia todo, es lo que nos hace ver. Cristo es un bombillo de muchos vatios y solo Cristo ilumina toda nuestra vida.
A oscuras, con una lámpara de noche o con Cristo en el centro, la habitación es siempre la misma, lo que cambia es la intensidad con que se ve la propia vida. Tener a Cristo no contradice nuestra vida, la habitación no cambia con la luz central encendida, pero nos hace verla mejor.
La luz central siempre está, ¡utilicemos el bombillo de 120 vatios! ¡Coloquemos a Cristo en el centro de nuestras vidas! Y de seguro veremos la vida con la luz que jamás cesa, tendremos a Cristo iluminando nuestro corazón.
«La propuesta cristiana es tan sencilla como decisiva y bonita, y da mucha esperanza. ¿Yo soy luz para los otros? ¿Yo soy sal para los otros, que da sabor a la vida y la defiende de la corrupción? ¿Yo estoy agarrado a Jesucristo, que es el “sí”? ¿Yo me siento ungido, sellado? ¿Yo sé que tengo esta seguridad que será plena en el cielo, pero al menos es “fianza”, ahora, el Espíritu? En el hablar cotidiano, cuando una persona está llena de luz decimos: “esta es una persona solar”. Aquí estamos frente al reflejo del Padre en Jesús, en el cual las promesas están todas cumplidas y al reflejo de la unción del Espíritu que todos nosotros tenemos. ¿Cuál es el fin de todo esto? ¿Por qué hemos recibido esto? A través de Cristo, sube a Dios nuestro “amén” para su gloria, por tanto para glorificar a Dios. Y Jesús dice a los discípulos: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre”.»
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de junio de 2017, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Realizaré un examen para ver si estoy viviendo mi vida con Cristo o sin Cristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Función del catequista
Por: Grupocircular.org | Fuente: Grupocircular.org
1. Fíate de Dios. Lo acabamos de decir. La catequesis no es cosa tuya. Tú eres simplemente un servidor, un llamado. Por eso es bueno empezar la catequesis con un rato de oración (oración tuya). Tienes que encontrarte con Dios y pedirle la fuerza de su Espíritu para que sea él quien se haga vivo en tu palabra y en tu ejemplo.
2. Transmite lo que vives. Más de lo mismo. Si no vives tu fe no tienes nada que transmitir. Por eso es fundamental que no abandones tu crecimiento personal como seguidor de Jesús. No sólo vas a transmitir unos conocimientos. Los niños tienen que ver en ti un modelo de seguimiento y eso sólo es posible si te preocupas y tratas de madurar tu opción de vida cristiana.
3. Prepara bien tu catequesis. Para ello:
a. Infórmate y fórmate sobre lo que vas a transmitir.
b. Busca la forma más adecuada para transmitir a los niños lo que has descubierto: los niños no son como tú; tienen otra forma de ver las cosas, otra forma de captar la realidad.
c. Distribuye bien el tiempo de catequesis.
d. Piensa en formas creativas de captar la atención de esos niños; pero no olvides que la actividad a la que has sido llamado no debe ser un mero entretenimiento para los niños. No buscamos solamente que los niños se diviertan sino que
queremos acompañar su camino de seguimiento de Jesús.
e. Debes despertar el interés de los niños: atender a cada uno; conocer bien el tema; llevar con equilibrio el ritmo de la sesión; unir lenguaje doctrinal y testimonial; comunicar con alegría el mensaje salvador…
f. Debes tener paciencia. La labor del catequista consiste en sembrar, no necesariamente en recoger. El catequista debe aprender de la pedagogía de Dios, el Dios que siempre espera, eternamente; el Dios que confía en el hombre, que perdona todas sus caídas. Sembrar con todo el cuidado del mundo, pero sabiendo que es cada persona la que debe construirse a sí misma. No todo depende de ti.
g. Es importante la constancia. No es bueno cambiar el tema programado, ni cambiar constantemente de actividad, ni cambiar continuamente la programación…
h. Ora con tus niños y por tus niños. El cristiano intenta transmitir el mensaje de Jesús, porque sabe que es un mensaje liberador; pero, ya lo hemos dicho, sabe que no todo depende de Dios. No sólo hay que dirigirse a Dios pidiéndole fuerzas para transmitir su mensaje, también hay que pedir a Dios que envíe su Espíritu sobre aquellos a quienes acompañamos en su proceso de maduración de fe.
