Santoral
Perpetua y Felicidad, Santas
Memoria Litúrgica, 7 de marzo…
Hoy también se festeja a:
- • Antonia María de San José, Venerable
- • Eubulo de Cesarea, Santo
- • Pablo el simple, Santo
- • José Olallo Valdés, Beato
- • Leonidas Fedorov, Beato
Vete que tu hijo vive
Cuaresma y Semana Santa
Por: Laureano López | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 4, 43-54
Pasados los dos días en Samaria, partió de allí para Galilea. Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis». Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo». Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive». Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre». El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
Oración introductoria
Señor mío, aquí estoy para escucharte porque sé que tu palabra es espíritu y vida. Jesús mío, Tú conoces y sabes que muchas veces en mi vida pongo mi confianza en las palabras del mundo y me falta crecer en la fe para llegar a la certeza que me brindan tus palabras. Te ofrezco esta meditación por todos aquellos que no creen en la fuerza transformativa de tu palabra. Purifica los ojos de nuestra pobre razón humana con el colirio de la fe, para que podamos contemplar la realidad como Tú la ves.
Petición
Dios mío ayúdame a ser coherente y vivir de la fe. Que viva lo que creo, para evitar el error de creer como vivo.
Meditación del Papa Francisco
¿Lo han pensado? ¡El Señor sueña conmigo! ¡Estoy en la mente, en el corazón del Señor! ¡El Señor es capaz de cambiar mi vida! Y hace muchos planes. Fabricaremos casas, plantaremos viñas, comeremos juntos… estas son ilusiones que hace solamente un enamorado. Y aquí el Señor se muestra enamorado de su pueblo. Cuando el Señor dice a su pueblo: «Yo te he elegido no porque seas el más fuerte, el más grande, o el más poderoso. Sino que te he elegido porque eres el más pequeño de todos. También puede decir: el más miserable de todos. Yo te he elegido así». Y esto es amor.
Dios está enamorado de nosotros. Creo que no haya ningún teólogo que pueda explicar esto: no se puede explicar. Sobre esto solo se puede pensar, escuchar y llorar de alegría. El Señor nos puede cambiar.
¿Y qué debemos hacer? Creer. Creer que el Señor puede cambiarme, que el Señor es poderoso: como ha hecho con ese hombre que tenía el hijo enfermo, en el Evangelio. Ese hombre creyó en la palabra que Jesús le había dado y se puso en camino. Creyó que Jesús tenía el poder de cambiar a su hijo, la salud del niño. Y venció.
La fe es dar espacio a este amor de Dios, es hacer espacio al poder, al poder de Dios, pero de que uno que es poderoso, al poder de uno que me ama, que está enamorado de mí y que quiere la alegría conmigo. Esto es la fe. Esto es creer: es hacer espacio al Señor para que venga y me cambie. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 16 de marzo de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
Jesús nos quiere devolver la salud, como al hijo del funcionario real, y quiere liberarnos de toda esclavitud y tristeza perdonándonos todas nuestras faltas. Si tenemos fe, si queremos que de verdad nos cure, debemos acercarnos confiadamente para que nos llene de su gracia. Por esto, cada vez que nos disponemos a recibirle en la Eucaristía le decimos una breve oración que nos hace más humildes, “Señor, no soy digno que entres a mi casa, pero sé que basta una palabra tuya para sanarme”.
La vida diaria nos presenta un reto muy grande que consiste en vivir desde la fe, en creer plenamente en Cristo. El Evangelio nos ofrece una clave preciosa para dirigir nuestras acciones cotidianas, para convertirnos en apóstoles verdaderos de Cristo y obtener la vida. “Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino”. La palabra de Cristo se convierte en transformativa cuando el hombre la acepta, se convierte, se pone en camino y así puede llegar a la vida. Vida que no sólo es física, sino vida espiritual y eterna. La fuerza de Dios se manifiesta en Cristo que es la Palabra. Una Palabra en la que la vida, acciones y pensamientos están perfectamente unidos. Por ello Cristo es la Persona más coherente y eso le da credibilidad. Los cristianos, como apóstoles y seguidores de Cristo, estamos llamados a ser testimonios coherentes de vida. Por ello no se puede separar la fe de la vida y, en consecuencia, las acciones del apóstol de Cristo siguen la moral cristiana. Por ello los mayores apóstoles de todos los tiempos han sido, no los hombres buenos, sino los hombres santos. Aquellos que hablaban “de Cristo” pero porque habían hablado primero “con Cristo”. Aquellos que habían hecho primero un encuentro profundo con la Palabra que cambió radicalmente su vida.
Propósito
Procuraré hacer una reflexión evangélica con toda mi familia.
Diálogo con Cristo
Jesús, Tú eres la Palabra del Padre que has venido al mundo para darme la vida y salvarme. Sé que Tú puedes transformarme pero quieres que yo libremente te acepte. Ayúdame para que crea y tenga vida y pueda mi experiencia de encuentro contigo a toda mi familia.
Es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón (San Pablo. Heb 4,12).
¿Decir AMÉN a todo?
Las trampas del New Age
Por: Gerardo García Juárez | Fuente: notidiocesis.com

Comúnmente se ven en redes sociales cosas como las siguientes: «Si crees en el poder de Dios, responde amén y pásalo a tus contactos para que hoy reciban un milagro«… O bien: «Saludo al ser divino (al ser de luz, etc.) que hay en ti. Decrétalo en tu vida y en la de tus seres queridos y un milagro ocurrirá«. El caso es que muchos católicos, además de responder el tan solicitado «Amén», lo publican en sus muros y lo comparten a más gente como si se tratara de oraciones con licencia eclesiástica y aprobadas por la Iglesia, o incluso mezclando estas pseudo-oraciones con imágenes sagradas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María, o de plano con imágenes de hadas haciéndolas pasar por ángeles buenos.
Ante estas oraciones, aparentemente inocentes y efectivas, pregunto ¿se advierten los engaños contenidos?. Si para alguna persona no es evidente el engaño, me permito hacer referencia en esta publicación a muchos cristianos católicos que buscan llenar esos vacíos de plenitud en Dios con imágenes tomadas de portales o redes sociales disfrazadas de religiosidad, a nombre de pretender llevar una espiritualidad sin devoción verdadera ni mucho menos con la vivencia de los Mandamientos, «al fin y al cabo cada quien puede creer en lo que quiera, ¿o no?«, me dirán algunos. A tal comentario respondo que no. Como católicos no podemos creer en lo que queramos, sino únicamente en aquellas verdades conocidas como dogmas de Fe, establecidas por Dios a través de la Iglesia a lo largo de dos milenios de Cristianismo: basadas en la Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio eclesial.
La fe, la creencia y la conciencia
No faltará quien objete lo siguiente: «Tengo libertad de conciencia«. La respuesta sigue siendo no, porque la conciencia no está sujeta a debate por el hecho que es a través de la misma por la que Dios nos habla señalando lo que para nuestro bien, purificación y santificación debemos creer y obedecer.
«Tal concepto de la libertad de conciencia es de origen masónico. La conciencia no es fuente de la moral, sino un testigo de la presencia de la ley moral grabada por Dios en la naturaleza humana. Ella no determina lo que está bien o mal. Eso es patrimonio de Dios. El oficio de la conciencia es decirle a la persona cuando no está obrando de acuerdo con los mandamientos de la ley de Dios» (Ver Romanos 2,14-16) (Cfr. José Luis Pivel [2002]. Nueva Era: ¿Religión del Anticristo?, tercera edición: Editorial San Gabriel).
La cuestión de fondo es que no todo lo que se presenta con el título de espiritual es religioso, ni todo esto compatible con la fe y la enseñanza de la misma, mucho menos debe ser aceptado a la primera sin discernimiento y sentido común, por más frases bonitas con las cuales aparezcan en redes sociales, programas de televisión, radio y cuanto medio masivo se nos ocurra.
El «Amén» de la Biblia vs el «Amén» de la Nueva Era
Hoy mucha gente a todo o casi todo le dice «Amén», como si se tratara de una simple fórmula para conseguir mágicamente aquello que se desea. El Pueblo de Dios, ya desde sus orígenes más remotos, sabía que la palabra «Amén» significa «Así sea», pero también lo entendía como una manera de vivir ateniéndose irrestrictamente a lo dicho y mandado por Dios por el simple hecho de estar de acuerdo con Él; dicho de otro modo, es una profesión de fe.
La palabra «Amén» la encontramos por primera vez en el primer libro de las Crónicas:
«Alaben al Señor porque es bueno. Porque es eterna su misericordia. Digan: «Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones, a fin de celebrar tu nombre santo y tener nuestra gloria en alabarte. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre». Que todo el pueblo diga: «Amén. Aleluya». Todo el pueblo contestó «Amén» y alabó a Yahvé» (1Cron 16,34-36).
Así que, ya sabiendo que la palabra «Amén» se trata de una profesión de fe al Dios verdadero y no a recetas fáciles y milagrosas que aparecen en internet, la próxima vez que les pidan en redes sociales decir esto y poner el respectivo «Like», pueden simple y llanamente responder: «No, gracias. Sé bien en Quien he puesto mi confianza» (Cfr. 2Tim 1,12a).
«No vine para abolir, sino para cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una «i» ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos». (Mt 5,17-20).