
Francisco de Asís, Santo
Memoria Litúrgica, 4 de octubre …
- Hoy también se festeja a:
- • Martina Vázquez Gordo, Beata
- • Fulgencio Martínez García, Beato
- • Francisco Xavier Seelos, Beato
- • Tomás de Celano, Beato
- • Alfredo Pellicer Muñoz, Beato
Una nueva oportunidad para un «sí»
Santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37. Lunes XXVII del Tiempo Ordinario
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Al mirar el vuelo de las golondrinas, el surgir de las flores, la hermosa vista de la montaña, veo tu mano en cada uno de estos acontecimientos. ¿Quién soy yo? Nada y todo. Nada porque en realidad el hombre es una mota de polvo, pero todo porque soy tu hijo. Eso vale más que todo. Me siento entre tus manos como un niño se siente seguro en los brazos de su padre. Padre Dios, hoy quiero gozar como cuando me divertía de pequeño con mi padre. Quiero presumirte entre mis amigos; quiero decir con gran sencillez: «Mi Papá es el mejor del mundo»
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Anda, haz tú lo mismo» El mensaje del cristiano es un mensaje de amor. Pero este amor no es mágico o platónico. No es un amor que se logra sin esfuerzo. Requiere un trabajo constante, sacrificado, desprendido. Es, en dos palabras, amor crucificado. Cuesta, pero lo que cuesta vale. La producción de una mínima cantidad de seda cuesta gran parte de la vida de una oruga y largos meses de cuidados delicados. Cristo me amó hasta el extremo dando hasta la última gota de su sangre.
No es posible imaginar una vida entregada a los demás que no cueste. Y Jesús, en este Evangelio le dice al fariseo, que conocía la teoría al dedillo: «¡Anda! ¡Haz!». De nada sirve saber qué es lo que tenemos que hacer si no lo hacemos. Cada día ha de ser un comenzar de nuevo. Sin duda tendremos altas y bajas. Habrá momentos en que nos dejaremos llevar por lo más cómodo o por el egoísmo. Pero siempre tendremos una nueva oportunidad para recoger, limpiar y vestir al que está necesitado.
Nuestros calendarios están llenos de actividades que apenas nos dejan un momento para respirar, para ver a los ojos de los demás, para preguntar e interesarnos por aquellos con los que pasamos gran parte del tiempo. Sin duda muchos de los que pasaron a un lado del samaritano no se giraron tan siquiera para ver a este pobre hombre. Era un elemento para el cual no había lugar ni en su agenda ni en su cuenta de gastos.
¿Yo tengo lugar para otro en mi vida? ¿Estoy dispuesto a decir «no» a mis cosas para decir «sí» a otros? No importa la respuesta pues toda la vida es una búsqueda y una lucha para alcanzar este amor perfecto. Sin duda que todos aquellos que pasaron a un lado del samaritano y dijeron «no» dijeron «sí» en otros momentos. Podremos haber fallado muchas veces pero siempre hay una nueva oportunidad.
«Ante este contenido tan esencial de la fe, la Iglesia no puede permitirse actuar como lo hicieron el sacerdote y el levita con el hombre abandonado medio muerto en el camino. No se puede mirar para otro lado y dar la espalda para no ver muchas formas de pobreza que piden misericordia. Dar la espalda para no ver el hambre, la enfermedad, las personas explotadas…, es un pecado grave; es también un pecado moderno, un pecado actual. Nosotros cristianos no nos lo podemos permitir. No sería digno de la Iglesia ni de un cristiano «pasar de largo» y pretender tener la conciencia tranquila sólo porque se ha rezado o porque se ha ido el domingo a Misa».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a detenerme cuando vea a un pobre y voy comprarle algo de comer. Además le dedicaré un rato de mi tiempo sin preocuparme por nada más.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
10 consejos de San Francisco de Asís para ser santo
San Francisco de Asís, un santo querido por muchos e inspiración para todos. No te pierdas estos consejos
Por: Karla Estrada Navarro | Fuente: PadreSam.com

San Francisco de Asís es un Santo de la Iglesia Católica. Es un Santo amado por muchos. Es un Santo que hizo mucho bien a la Iglesia y lo continúa haciendo hasta hoy. Nació en Asís, Italia en 1182 y falleció en Asís el 3 de octubre 1226. Fundador de la orden de los Frailes menores – la Orden Franciscana-, San Francisco fue un hombre cuyo testimonio de vida nos muestra que toda persona es capaz de convertirse radicalmente al Señor. Hoy celebramos su vida y es un momento óptimo para aprender de él.
¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes ante la realidad dura de la fragilidad humana? ¿Cuántas veces hemos pensado que es imposible ser santo? San Francisco nos enseña a través de su vida que sí es posible ser santo… con Dios.
Es por ello que te traigo 10 consejos de San Francisco, extraídos de la Regla Bulada (Rb) – aprobada con bula del Papa Honorio III el 29 de noviembre de 1223) y de las Admoniciones (Adm), ambos escritos por San Francisco. Estos escritos pueden servirnos a nosotros de apoyo para buscar una vida santa.
- Busca una confianza Infinita en Dios y su Providencia: San Francisco cuando se convirtió al Señor, su cambio fue tal que, de ser un joven acaudalado, pasó a ser un joven que pedía limosna, sin temor alguno. Esto fortaleció su confianza en Dios. De tal manera que en la Regla bulada de los hermanos menores, San Francisco inicia diciendo “En el nombre de Dios”. (Rb 1, 1). Luego, expresa que su regla de vida es “… viviendo (…) sin nada propio…” (Rb 1, 1). Muchas veces nosotros nos afanamos por tener bienes materiales sin olvidar que Dios va proporcionando cada día lo que necesitamos. Si sientes que desconfías de Dios, búscale. Él te fortalecerá.
- Procura una Fe radical en el Cuerpo y Sangre de Jesús: San Francisco en las Admoniciones invita a contemplar con ojos de fe la Santa Eucaristía: “al ver con los ojos corporales el pan y el vino, veamos y creamos firmemente que son su santísimo cuerpo y sangre vivos y verdaderos” (Adm 2, 21). ¿Cuándo fue la última vez que recibiste el Cuerpo y Sangre de Cristo? Ese pan y ese Vino que, gracias a la acción del Espíritu Santo, se convierten en Cristo mismo, puede renovar todo tu ser. No dudes en pedir más amor por tal milagro de amor que Jesús nos ha hecho participes.
- Presta atención total a la Santa Misa: Fue en la Santa Misa donde San Francisco comprendió la manera que Dios quería que viviera. Después de escuchar el Santo Evangelio acerca del envío de los discípulos a proclamar la Buena Noticia, San Francisco exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica». ¿Cuándo fue la última vez que viviste con fervor la Santa Misa? La Santa Misa es el memorial donde se celebra el sacramento de nuestra fe. Si vas con un corazón dispuesto, podrás ver que la Palabra de Dios está viva y quiere hablarte hoy.
- Ten orden en tu vida: El testimonio de vida de San Francisco fue tan impactante que movió a otros a convertirse y seguirle en pos de Dios. De tal manera que, San Francisco, al ver que el número de hermanos iba creciendo, decidió ordenar sus consejos de manera que todos vivieran bajo una misma forma de vida. Es por ello que se llama “Regla y Vida” (Rb 1, 1). ¿Quieres ordenar tu vida? Empieza por tu cuarto. Dios no es un Dios de confusión (1 Co 14, 33), así que una manera de ser santo es ordenar poco a poco todo tu alrededor. Se necesitan pequeños pasos para ir ordenando todas las piezas de tu existencia.
- Ve en el otro a Jesús mismo: San Francisco lo expresó claramente: “Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros los hermanos, muéstrense mutuamente familiares entre sí” (Rb 6, 8). ¿Te imaginas encontrarte con Jesús, ¿Cómo lo tratarías? Pues todos los días tienes oportunidad de verle en el rostro de tu hermano, de tratarle bien, como se merece, a través de tu trato con tu hermano.
- Vive en paz con Dios y con los demás: San Francisco nos anima a través de sus palabras a buscar la paz en todo momento, A evitar pleitos innecesarios y a no perder de vista que la paz va de la mano con la confianza puesta en el Señor. “Aconsejo, también, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo, a que, cuando van por el mundo, no litigue, ni se enfrente a nadie de palabra ni juzguen a otros sino sean afables, pacíficos y mesurados, mansos y humildes, hablando a todos honestamente, según conviene.” (Rb 3, 10-11). De igual manera, nos recuerda que “Son en verdad pacíficos aquellos que, en medio de todas las cosas que padecen en este mundo, conservan la paz en su alma y en su cuerpo, por el amor de nuestro Señor Jesucristo.” (Adm 15,2). Es por ello que, a pesar de la persecución, San Francisco nos recuerda que debemos tener paciencia (Rb 10,9).
- Sé el rostro misericordioso de Dios para el prójimo: En ocasiones cuando alguien nos falla, es fácil juzgarle, cuestionarle e incluso condenarle por la herida que ha causado en nosotros. Sin embargo, una manera de ser santo es vivir lo que San Francisco nos recuerda: “Y deben evitar airarse o turbarse por el pecado de alguno, porque la ira y la turbación impiden en sí y en los otros la caridad.” (Rb 7, 3). Corregir con caridad. Eso es un signo de santidad. “…Amonesten a sus hermanos y corríjanlos humilde y caritativamente…” (Rb 10, 1).
- Rodéate de amistades basadas en Dios: Para todos es conocido que San Francisco tuvo amigos, y dentro de esas amistades estuvo Santa Clara de Asís. Hay un escrito de San Francisco que le dirige a Santa Clara y las jóvenes que le acompañaban donde le expresa: “Quiero y prometo, por mí mismo y por medio de mis hermanos, tener siempre diligente cuidado y especial solicitud de ustedes, lo mismo que de ellos.” (ForVi). Qué importante es buscar cuidar a los que amas hasta de ti mismo. Además, San Francisco nos enseña que es “Dichoso el siervo que ama y respeta tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está con él y no dice a sus espaldas lo que no puede decir con caridad delante de él” (Adm 25, 1)
- Cree plenamente que eres creado a la imagen de Dios Padre y tienes dignidad de hijo de Dios: El mundo nos puede decir cualquier tipo de mensajes, pero no debes olvidar que “…Cuánto te ha encumbrado el Señor, pues te creó y te formó a imagen de su amado hijo según el cuerpo y a semejanza suya según el espíritu” (Adm 5, 1). No importa lo que pase en tu vida, recuerda que eres hijo de Dios y El está de tu lado porque quiere que seas santo.
- ¡Anhela el cielo!: Finalmente, si quieres ser santo tu meta es una: EL CIELO. Pero no basta decirlo, debes anhelarlo y enmarcar toda tu vida en búsqueda de ese objetivo, llegar al cielo. Es por eso que San Francisco exclamaba: “Son verdaderamente limpios de corazón los que desprecian las cosas terrenas, buscan las celestiales y nunca dejan de adorar y contemplar al Señor Dios vivo y verdadero con corazón y alma limpios”. (Adm 16, 2).
En este día, no dudes en pedir la intercesión de San Francisco de Asís, mira en él, un ejemplo que, si dejamos actuar a Dios en nuestras vidas, somos capaces de alcanzar la santidad día a día. ¡Ánimo